abril 17

From: "Manuel Carrera" manuel_carrera@textme.com
To: "Janice P" janice_papalotes@megustaquemepersigan.com
Subject: Yo llego primero

   Como cuando tomas carretera, bajas los vidrios y subes el volumen de la música. Sabes que hay pocas curvas y presionas un poco el acelerador. Y vas tan rápido que es casi como si dejaras los recuerdos atrás. Casi, porque el quemacocos lleva recuerdos consigo y técnicamente es parte del auto. El aire se mete por las ventanas, te estira la cara y hace que se te escurra agua de los ojos. No te preocupa, son sólo el aire y la velocidad razgándote la cara. Te preocupa más la cuenta del odómetro y la suma siempre acumulativa. Prefieres distraerte con el paisaje, disfrutar el viaje. Escuchas la canción que no deja de sonar mientras te desplazas a gran velocidad. No sabes si vas en la dirección correcta, lo único que quieres es ir hacia adelante. Dirección y velocidad, las únicas variables que puedes controlar, lo demás no depende de ti. Entonces dejas caer el peso del pie sobre el acelerador y de pronto ya no importa tanto eso como sentir la velocidad. Emoción pura. Sentirla por todos lados. El truco es dominar el miedo y comprender que el que tiembla es el volante, no tu mano. Imperativo asegurarte de no dejar la palanca del freno puesta. De esa manera, ya tampoco sabes si es el aire el que te escurre los ojos. Como los tuyos, cuando te abriste y me platicaste de la medalla de tu abuelo, la que perdiste. Y cómo ahora llevas una que se le parece, pero sólo éso. La verdad es... que te cerraste muy rápido. Otra vez la velocidad. Yo por eso nunca me quito los lentes oscuros, el aire puede pegar muy fuerte y aprendí que en esta vida uno tiene que tomar lo que quiere cuando lo ve, no esperar a que se lo den. Claro que tal vez seas muy joven para entender éso. Antes me importaba más romper los límites de velocidad. Hoy quizá le doy más peso a la dirección. Prefiero llegar, punto. Es quizá que hoy me desplazaba sobre la carretera a Veracruz respetando los límites de velocidad. No he cambiado el disco, sonaba la misma canción en el estéreo del coche y me acordé de ti. Me acordé que te mentí la noche que se rompió el látex cuando hacíamos el amor. La verdad es... que yo supe que estaba roto desde que te sentí y por un momento pensé en salirme y decirte, pero tomaste mi mano fuerte fuerte y yo de pronto me sorprendí a mi mismo apretando la tuya con la misma fuerza. La verdad es... que en ese momento no había otra cosa que yo deseara más que seguir de frente a toda velocidad y terminar estrellándome de lleno dentro de ti.