febrero 15

    Ayer entré en la tienda china de segunda mano sin esperar nada <3. Tenían toda clase de estupideces. Empezó a sonar una canción. Al lado de los peluches, en una caja vi una de esas muñequitas tamaño mediano. "Latin Lucy", al reverso la caja garantizaba varias horas de diversión antes de reemplazar batería, dar mantenimiento o fallo definitivo de sus partes más sensibles. También había un número para reportar fallas, pero no era local así que técnicamente no había garantía. La puta madre!, pensé... o lo dije, no se. El imbécil de la tienda me miró de reojo. "Exacto jovenazo, llévesela, está muy buena. Son de las que hablan". Ah otra de ésas, pensé. La miré de arriba a abajo, todo parecía indicar que sí. "Que sí qué? Se la va a llevar o no?" Calma, pinche chingaski. "Órale pues, me la llevo". Le pagué al tipo del mostrador, me hizo una nota, me miró y me dijo: "Sin cuenta pesitos, le recuerdo que no hay 'refund' por si lo que sea." Pinches chinos. En fin, al salir todavía me advirtió: "Tenga cuidado, no la vaya usté a reventar." Sonrió el muy imbécil, salí y me dirigí a casa.
 
   Los primeros días la mantuve en el estudio, en observación. Eso fue antes de que empezara a hablar. Yo pasaba largas horas trabajando y a veces cuando me tomaba un descanso o me aburría le hacía preguntas absurdas, del tipo si ya tenía hambre o si quería comer. Nunca contestaba. Francamente sus primeras palabras me dejaron frío. Quizá porque no las esperaba, la verdad pensé que no sentía. "Sácame de la caja" fue lo primero que dijo. Para entonces ya tenía meses en observación, no me sorprendió mucho que hubiera aparecido de pronto un cepillo de dientes rosa en mi baño, me pareció más raro que la muñeca ni conectada estaba, ya sabes a la corriente. Volví a checar la caja... sí, pila recargable, según... pero de qué chingados se cargó? La dejé ahí y seguí trabajando, pero al poco tiempo me volvió a pedir que la sacara de su caja. "Y luego qué?" Le dije. "Luego te deshaces de la planta esa que tienes en tu habitación para que puedas meterme a mí". Ese chino ya me vio la cara de guey. La saqué de su caja, pero lo hice con cuidado y le advertí: "De momento te quedas aquí. Nada de trucos raros." No dijo nada, sólo sonreía disimuladamente.
 
   Uno de esos días de cierre, llegué muy tarde a la casa. Como ya había cenado, me dirigí directamente a mi habitación, me puse la piyama y me metí a la cama. Cuando escuché un "Hola amor". Era ella. "Dónde está mi planta?", le dije. "Cuál planta amor?" Qué chingados... "De cuando acá nos llevamos así?" le pregunté. "Así cómo, bebé?" Me pasó una mano por la cara. De un brinco me paré de la cama. "Así, así, tú sabes cómo!" Me le quedé viendo, sorprendido. Ella se destapó de las cobijas, se puso de espaldas, se le veía el culo. "No quieres amor? No te gusta?" Le pregunté: "Qué hiciste con mi planta?" "Apaga tu cabeza amor, ven métete aquí". La puta madre con estos juguetes chinos. En fin, estaba muy cansado para discutir, así que me acosté sin pensarle mucho.

   Me desperté como de costumbre a la misma hora pero algo estaba mal, mi planta efectivamente no estaba. "Qué buscas amor?" Era que mi muñeca despertó conmigo. "Nada, pensé que estaba soñando". "Todavía sueñas amor", me dijo. "Es tu sueño o el mío?" Le pregunté mirando al vacío. "Qué importa? Aquí estamos. Creo que es el tuyo amor. Así me soñaste, no?" Se quitó las cobijas, se levantó, vi su cuerpo desnudo y por un momento me pareció ver una mujer de verdad, no lo que el chino me había vendido. Y sí, tuve la sensación absurda de que era así como lucía mi chica. "Esto es un truco del imbécil del chino, verdad?" le pregunté. Pero ella no parecía recordar al chino. "Tal vez no es tu sueño ni el mío amor, tal vez es el de tu amigo el chino." "Jajajajaja. Ése wei no es mi amigo, además tú qué sabes? Déjame pensar", me senté sobre la cama, como en trance. "Calma amor, yo sólo sé lo que me dices y sólo puedo ser de esta manera porque traigo un cassette de fábrica, mira..." Entonces se levantó el cabello a la altura de la nuca y pude ver una apertura, al final parecía haber un cassette viejo. "Sí, ahí hay algo como bien dices." Se soltó el pelo y cabeceó, regresó. "Quítamelo". Esa pequeña actitud mandoncita empezaba lentamente a romperme todas las pelotas, le dije: "Y luego?" "Luego me pones otro amor, el que tú quieras, el que más te guste". Lo pensé un momento. Tenía sentido. Sí, tenía sentido. Me levanté, di vueltas en la habitación. Ella me seguía mirando hasta que dije: "Está bien, iré por otro cassette". Escogí uno bueno, uno viejo, con grabaciones mías de cuando era niño. La tomé fuerte de la nuca, saqué el viejo cassette e introduje el mío. Ella se sacudió, vio para arriba un momento, luego su cabeza le dio vueltas. Muchas vueltas. Luego como que se infló y me miró a los ojos, no alcancé a descifrar su rostro desfigurado. Pinches juguetes chinos, su cabeza explotó. Una de sus partes más nobles golpeó el teclado y comenzó a sonar una canción en la computadora. Caray, pobre criatura, demasiado para una muñequita de esas fabricadas en serie. Me quedé sentado viendo los restos de Lucy totalmente reventada. Encendí un cigarrito. Hmmm... Qué tal?
 

diciembre 28

Tuve que tirar ese par de alas que me regalaste. Se que te partió el corazón encontrarlas en la basura, pero creo que la última vez que platicamos omití contarte de las pequeñas restricciones que enfrentaba con aquél equipo. Ahora que lo pienso, en realidad nunca te platiqué porque sabía que las considerarías insignificantes. El detalle lo es todo cuando las alas se pulverizan a determinada altura dejándome indefenso a las desgarradoras fuerzas del viento, lo sabrás tú. No, no voy a presumirte mi nuevo equipo. Sí, es considerablemente más pesado pero creo que con un buen impulso bien podría tomar vuelo. Insistes en que el problema no es tanto el equipo como no perder de vista que uno puede estrellarse inesperadamente con algo en el aire. No perderlo de vista. No perder la vista. Entiendo que nadie puede extrañar algo que no conoce, pero al menos antes entendía que nada me pertenece. Y tenía claro que sólo la había tomado prestada por un rato. Devolver un equipo de segunda mano en condiciones inservibles no es mi vocación, lo sabes. Pero tampoco soy reparador de turbinas, de pinches alas rotas o amores de segunda mano. El taller de reparaciones es de las partes más desagradables de la factoría humana. Tengo que dejar de liberar mariposas que encuentro atrapadas estrellándose contra el cristal porque la factura es incobrable. Tengo que dejar de esperar a que alguien haga por mí lo que hice ese día por aquélla mariposa. Tenías que volverte polvo cósmico para que yo pudiera entender que todo es cierto. Bien pudo haber sido cualquier otra quien viera a través de mí cualquier otra tarde noche, cuando no me sentía ni más lleno ni más vacío, pero no. Y ella me miró de vuelta. Me mira a los ojos y contempla mi vulnerabilidad como lo que es. Entonces jugué a hacerla sentir una mujer amada, porque intuía que hacía tiempo ya que no era tampoco una mujer deseada. Y a veces me pregunto si sigo siendo yo. Sé que nunca lo comprenderás. No estoy justificando nada. No estaba buscando el afecto ni la aprobación de nadie. No estaba buscando, esa es la realidad y la ironía de encontrar. Pudiste haber sido menos tajante y no hacerme entender tu última lección a la fuerza. Pudiste haberte tomado el tiempo, pero no lo hiciste, fue justo una semana después. Y tu partida me hizo entender algo que no había querido ver nunca; la razón por la que estoy aquí trasciende mi propia consciencia... porque se funde con la tuya. Fue algo que no comprendí cuando bajé de Bishop Briggs una mañana fría, gris y lluviosa en busca de tu casa. En busca de la mía. Casi como poner una absurda canción de caballería sobre la lápida de una tumba y esperar a que se levante para comprender que es un chiste. Limpiar la casa. Tampoco me bastó pensar en bailes cósmicos todos los días al lado del volcán para entender lo que estaba buscando porque la respuesta es demasiado simple y se me escapa, pero le da razón y sentido a toda la existencia. Tenías razón. Y si tengo suerte podría pasar toda la noche ahí, pero al final siempre tendrás razón. Nada como una bofetada de polvo cósmico precisamente siete días después para entenderlo: La noche llegará a su fin y yo me quedo sin nada. Pero el amor es infinito, palabras mayores, punto y aparte, sus líneas siempre quedan... y trascienden en toda su descendencia que camina y caminará sobre la desgastada tierra de este olvidado planeta.


octubre 6

   Si el incidente no hubiera saboteado el pilóto automático, no hubiera habido manera de sobrevivir. Al menos eso sí lo tengo claro. Supongo que por eso continuaré invirtiendo en esas cosas en vez de renovar pólizas de seguro esperando que las probabilidades reduzcan los riesgos de los incidentes. Cobertura amplia, amplísima pero quizá el piloto automático carece de la profundidad requerida para ser abordado cual avión. Es bidimensional. Hubo sin embargo, algo que ni ellos con su equipo de actuarios y astrólogos fueron capaces de predecir. Entre estas cosas, el instante preciso del incidente, la altura de las olas formadas sobre el agua cuando cayó la primera piedra, así como el número de cortes de mi reflejo desdibujado por las olas subsecuentes. Eso sería información valiosa y no pedazos. En cambio, yo me busco en el reflejo fragmentado sobre la superficie sólo para darme cuenta de que lo que busco está o más al fondo o en otro lado. Y es por éso que me ví forzado a entrar en la cabina de mando y relevar a ese guey. Es algo que honestamente no disfruto demasiado, pero en fin. Después de ver el tablero de control reducido a cables y corto circuitos, tuve que maldecir el único instrumento que todavía servía. Oficialmente no tiene madre, ese tipo de instrumento nunca falla. Seguía marcando la distancia. No exactamente la distancia recorrida, quizá la de destino. Entonces, en tiempo real vi la marca descender uniformemente hasta llegar a cero. El piloto automático seguía sin responder. En cuestión de segundos, la chingadera se comió toda la distancia. Y recuerdo que pensé: Ahora sí ya no hay manera de vomitarla como decías que habías dicho que hiciste.

septiembre 20

   Viajero cansado. Piloto automático y no precisamente el de la estufa. Pero aproveché para comprar un par de filtros para la aspiradora, ya que ese chiquero sí tenía mucho polvo. La parte más difícil es sacar la bola siempre creciente de basura acumulada. Darse cuenta de que necesitas otra aspiradora puede ser parte del problema. Al final el lugar quedó tan ordenado que casi se me olvidan los intentos desmedidos que hiciste para dejar tu marca por todos lados. Pero se te olvida que no hay restos de nada que no pueda limpiar con un buen desengrasante y una telita. Lo demás es lo de menos. El sol de las cinco a través de la ventana pegando directamente en la barra me revienta. No precisamente las pelotas. Debería tal vez poner unas cortinas. Esta vez fue completamente necesario comprarle un filtro nuevo a mi aspiradora porque literalmente no cabía más polvo debajo de la alfombra, donde te encanta barrerlo. Pensaba en tí, en tus intentos por anotar. Y en mis ganas de tirarme para el otro lado, hacerme wei y no cachar la bola. Simplemente dejar que pase a través de mi portería y verla golpear con fuerza la red.

   Prendí la tele, estaba el fútbol. Tiro directo hacia la portería... el arquero se avienta para el lado contrario... pero en el último momento el balón da de lleno en poste y sale fuera del área. Poste. ¿Qué clase de camarógrafos son ésos? El ángulo no me permitía ver la dirección de la pelota. El ángulo. Uno de estos días tengo que cancelar la pinche televisión por cable.

julio 19

   Paso demasiado tiempo viendo las aves aterrizar desde mi terraza en el terreno de enfrente. Y es que a veces hace tanto aire que es imposible tocar tierra suavecito. Antes de sentir el jalón, cuando empezaron las turbulencias digamos que la situación era completamente "maniobrable". Como tenía varias horas de vuelo bajo el ala la neta es que decidí no apretar el botón de eyección. Preferí esperar a que terminara el mal tiempo. Además uno nunca sabe a dónde lo lleva la siguiente corriente de aire. No iba a insistir demasiado en aterrizar donde había fijado la vista. Un mes y medio, sin bronca. Más que eso quién sabe. Y es que en el último mes primero veía mariposas amarillas, luego no me asusté demasiado cuando empezaron a aparecer las negras, sólo me enfermé terriblemente del estómago. Quizá no lo tomé bien. No lo digerí. O tal vez literalmente me cagué. Porque la última vez que defequé de manera sólida todavía en medio de mi enfermedad (pinche cólera en los tiempos de Kundera) rompí la posadera del excusado de la oficina. El corazón no me dio ni para reírme. Todo por no eyectar a tiempo. Eyección a tiempo. Eyaculación todo menos eficaz. Hoy en la tarde hacía demasiado viento. Tanto, que las aves tampoco podían aterrizar. Sonreí mientras pensaba que estoy demasiado cerca de la tierra como para eyectar. Hace mucho que dejé de intentar hacer malabares con las aeromozas, así que lo único por venir es dejar ir y esperar que una última ráfaga de aire se apiade de mí y pueda mínimo tomar la pista correctamente. De lo contrario la nave, sobretodo las alas, se destrozarían más allá de una posible compostura rápida con el pinche mecánico local.

   Abigaíl, "La alegría del padre". Encontré una referencia en ese libro que tan desinteresadamente me prestaste, con rosas secas entre las páginas y una foto tuya tamaño infantil. Podría citarla, pero basta con que te diga que quien puso ese libro en tus manos te jugó una mala pasada. Tú lo pusiste en las mías. Y es como ese juego que jugaba cuando era niño, me pasas el libro y dices: "Tú las traes". Es casi como el kharma. Porque a pesar de haber bajado de peso, me siento todo menos más ligero. La página es la 137 y claramente dice que los hijos son la alegría de los padres. No voy a debatir si lo anterior es verdad o no, porque sería como pretender que tu nombre es una mentira y es todo menos eso. De hecho, antes que tú, nadie había llegado tan lejos. Tienes el récord de horas de vuelo. Los batiste todos, pasados y futuros. Si llego a tener una hija, tendrá tu nombre. Pero éso nunca va a ser, lo sé. Como también sé que la silla de madera que te aparté probablemente se pudra. Has de saber también que nadie le había dado un uso tan creativo antes que tú tampoco. Fue mi silla donde me sentaba a hacer las tareas en la primaria, hasta que luego simplemente pasó a ser el lugar donde me sentaba a grabar canciones. Su destino es pudrirse. Supongo que así debe ser, ese tipo de muebles no esperan a nadie, no esperan nada. ¿Recuerdas la silla? Tú y yo aquel día que pusiste tus dedos sobre mi boca y me miraste fijamente a los ojos en ese instante eterno que tú llamas "petite mort". Veníamos de ver la obra del ciclo de la vida, un musical de leones en Polanco. Esa fue la última vez que te vi.

mayo 8

   El otro día presté el libro que tanto te gustaba. Pero antes de prestarlo lo hojeé y me acordé de cuando estábamos en el tejado de casa de mi prima aquéllas vacaciones de semana santa. Caminaste al borde, miraste hacia abajo y me comentaste que tenías vértigo. Regresaste y me miraste a los ojos: "Tú me das vértigo". Luego se te hizo costumbre decirme todo tipo de cosas parecidas. Lección: nunca mires hacia abajo. Y tal vez ahora tú me podrías sacar de dudas respecto a si es una promoción o más bien una degradación pasar de ser escapista profesional a corredor ocasional, porque Parménides es algo anacrónico. (Otra de tus palabras favoritas.) Supongo que da igual, porque para morir bajo algún signo casi tendría que ser aplastado por una aplanadora y ni así sería una declaración suficientemente contundente para afirmar algo o para negar nada... respecto al valor de verdad de lo que se asevera ¿Es algo positivo ser aplastado por tu propio peso, como lo es negativo ser aplastado por el de las circunstancias? Posiblemente. No, no es probable, sólo posible. No, no estoy a dieta, pero sólo porque mi propio peso no es una amenaza para nadie, lo cargo sin problemas. Eso tiene que ser positivo, ¿no? A K le dije alguna vez que la había conocido en otra vida cuando se llamaba igual que tú. Eso sí fue algo negativo. Luego de plano cambié la sopa de letras por sopa maruchan. Fake plastic noodles. Eso fue antes de que me intoxicara y volviera a la sopa de letras, llegaran varias A's y todo volviera a empezar. Porque cuando le dije a K que había conocido a alguien que me recordaba a ella no le estaba diciendo mentiras: conocí a P. Y cuando Q implica P, P sólo si Q. Claro que, no he conocido a Q y por tanto la aseveración no tiene sentido. O tal vez no te puedo engañar porque sabes que formulé todo al revés a propósito. También es posible pero da igual.
 
   Sopa de letras. K, espero que estés surfeando en alguna playa de la riviera maya (en sentido figurado) y no literalmente dándole vueltas a la gran manzana. P, claro que estoy donde quiero estar. R, ¿mordida o abrazo fuerte?, difícil decisión. C, cuando vuelva te preparo hot cakes. D, feliz cumpleaños. Y tal vez debería buscar una letra más derechita y bonita; una letra más clara. Alguna letra manuscrita, no de pinche molde, con la cual firmar un acuerdo de extrema confidencialidad para discutir, compartir o quizá destruir esta siempre creciente lista de pendientes. Búsqueda frenética. Esa era tu frase cuando todavía buscabas. No, ya no corro en las mañanas, con los años mi propia sinfonía también ha adquirido considerable rigidez. Y si por causas de fuerza mayor lo tengo que hacer (éso de correr en las mañanas), prefiero hacerlo siempre después del desayuno... desde luego, saliendo por la puerta.
 

abril 17

From: "Manuel Carrera" manuel_carrera@textme.com
To: "Janice P" janice_papalotes@megustaquemepersigan.com
Subject: Yo llego primero

   Como cuando tomas carretera, bajas los vidrios y subes el volumen de la música. Sabes que hay pocas curvas y presionas un poco el acelerador. Y vas tan rápido que es casi como si dejaras los recuerdos atrás. Casi, porque el quemacocos lleva recuerdos consigo y técnicamente es parte del auto. El aire se mete por las ventanas, te estira la cara y hace que se te escurra agua de los ojos. No te preocupa, son sólo el aire y la velocidad razgándote la cara. Te preocupa más la cuenta del odómetro y la suma siempre acumulativa. Prefieres distraerte con el paisaje, disfrutar el viaje. Escuchas la canción que no deja de sonar mientras te desplazas a gran velocidad. No sabes si vas en la dirección correcta, lo único que quieres es ir hacia adelante. Dirección y velocidad, las únicas variables que puedes controlar, lo demás no depende de ti. Entonces dejas caer el peso del pie sobre el acelerador y de pronto ya no importa tanto eso como sentir la velocidad. Emoción pura. Sentirla por todos lados. El truco es dominar el miedo y comprender que el que tiembla es el volante, no tu mano. Imperativo asegurarte de no dejar la palanca del freno puesta. De esa manera, ya tampoco sabes si es el aire el que te escurre los ojos. Como los tuyos, cuando te abriste y me platicaste de la medalla de tu abuelo, la que perdiste. Y cómo ahora llevas una que se le parece, pero sólo éso. La verdad es... que te cerraste muy rápido. Otra vez la velocidad. Yo por eso nunca me quito los lentes oscuros, el aire puede pegar muy fuerte y aprendí que en esta vida uno tiene que tomar lo que quiere cuando lo ve, no esperar a que se lo den. Claro que tal vez seas muy joven para entender éso. Antes me importaba más romper los límites de velocidad. Hoy quizá le doy más peso a la dirección. Prefiero llegar, punto. Es quizá que hoy me desplazaba sobre la carretera a Veracruz respetando los límites de velocidad. No he cambiado el disco, sonaba la misma canción en el estéreo del coche y me acordé de ti. Me acordé que te mentí la noche que se rompió el látex cuando hacíamos el amor. La verdad es... que yo supe que estaba roto desde que te sentí y por un momento pensé en salirme y decirte, pero tomaste mi mano fuerte fuerte y yo de pronto me sorprendí a mi mismo apretando la tuya con la misma fuerza. La verdad es... que en ese momento no había otra cosa que yo deseara más que seguir de frente a toda velocidad y terminar estrellándome de lleno dentro de ti.


marzo 19

   Tuve que tirar el mapa que hiciste favor de darme cuando platicamos. Lo malinterpreté a falta de un punto de referencia. Y fíjate que no es tanto este tema de primero creer en dicho lugar antes de verlo, como darse a la tarea de encontrarlo. Por fin la entiendo, tu búsqeda frenética. Miembros del equipo al día de hoy: 1. Equipo todo menos numeroso. Fórmula infalible. Casi como entender la soledad de los números primos; indivisibles (ellos mismos no cuentan), incompartibles. Incorregibles también. Realicé, a petición tuya, la solicitud de enviar al hombre mas interesante del mundo a Ixtapa en un vuelo nacional muy económico. Solicitud rechazada. Me distraje y escuché la primera explosión. Continué contando catástrofes y me di cuenta de que esas minas no estaban correctamente indicadas en el documento que me compartiste. De hecho no estaban indicadas en absoluto. Los efectos secundarios de poner alguno de los pies sobre la tierra, cuando no los dos. ¡Zas! Y te vuelan las piernas. Efectos secundarios, letras pequeñas. Nanopartículas elementales. En fin, después de volarme las pelotas un par de veces, me vi obligado a usar otros instrumentos de orientación para continuar tu búsqueda, unos que al menos dieran los resultados esperados. Instrumentos más confiables: ahora ordeno por catálogo y a discreción. (¡Zas! (Otra Mina1))


1Minina de referencia.

septiembre 13

Encuesta general de servicio 2015. Ayúdenos a mejorar. Marque la casilla que corresponda.

Cuando llegó al lugar, el acompañante...
a) Se presentó vestido adecuadamente y de acuerdo a la ocasión.
V    F 

b) Explicó las características del servicio para ejecutivas y las revisó con usted paso a paso.
V    F 

c) Pagó la cuenta en el punto de encuentro.
V    F 

d) Se comportó adecuadamente antes del servicio.
V    F 

e) Guardó la compostura durante el servicio y no le comentó sus más oscuros fetiches.
V    F 

f) Durante el servicio, perdió el control y el acto degeneró en un perverso juego de roles violento y degradante.
V    F 

g) En algún momento, quizá el peor, sugirió el uso de drogas o sustancias ilícitas.
V    F 

h) El acompañante ofreció llevarla a su domicilio después del servicio pero no se encontraba en estado para manejar.
V    F 

i) En caso de que la pregunta anterior sea afirmativa, ¿El acompañante le pidió un taxi?
V    F 

j) El acompañante dio seguimiento a su estado emocional los días posteriores al servicio.
V    F 

k) Yo recomendaría este servicio a mi mejor amiga.
V    F 

l) Yo estoy satisfecha con el servicio y lo repetiría.
V    F 


¿Su acompañante sufrió alguna eventualidad durante el servicio? Indique todas las que apliquen.

 Dislocación de implante/prótesis
 Infarto al miocardio
 Flacidéz extrema
 Incapacidad para realizar el cóito
 Pupilas dilatadas
 Súbita explosión del miembro
 

Comentarios, quejas o sugerencias:




La evaluación del acompañante será revisada por el departamento de RRHH. Posteriormente se determinará si el sujeto se encuentra en posibilidades de continuar brindando servicio ejecutivo. En caso negativo será sodomizado frente a colegas, colaboradores y jefe directo. El incidente será filmado y enviado a usted en formato digital en un lapso no mayor a 7 días hábiles para su satisfacción, tras lo cual el acompañante será cesado de sus funciones, dado de baja permanentemente de la compañía de escorts y liquidado de acuerdo a los estatutos vigentes de la Ley Federal del Trabajo.
 Yo, Patricia Rozas, acepto los términos y condiciones.



 

julio 26

   Todavía no entiendo cómo me convenciste de hacerlo. Sólo lo hiciste y ya. Pensé que lo había escuchado todo, pero no había escuchado nada. Realmente nada. Nada como cuando me arrojaste al agua con aquéllas instrucciones tan precisas. Y dar las primeras brazadas, las segundas y todas las demás. Luego pasó un rato mientras entendía lo que habíamos platicado. El ritmo era perfecto; una respiración cada cuatro brazadas, una cada cuatro tiempos. Y desde entonces mi respiración sigue el inconfundible ritmo de esos compases. De vuelta en el recipiente, sentí cómo el agua entraba por todas partes. Después de algún tiempo logré sincronizarme. Pero pronto me detuve en seco y traté de contener la respiración. Fue entonces cuando comprendí que sería el único que completaría el viaje. Era como te digo porque nadie me estaba esperando. Me concentré nuevamente en contenter la respiración. Por momentos ví la otra orilla. Creí escuchar tu voz. Pensé que me decías que no se me olvidara respirar. Pensé que era tu voz. Permanecí inmóvil. Sentí cómo me hundía. Dejé de contar no porque perdiera la cuenta, sino porque de pronto no entendí el número que seguía. Exhalé lentamente mientras mi cuerpo giraba dentro del agua. Traté de contener la respiración una vez más lo más que pude. Fue cuando me dí cuenta de que no nos volveríamos a ver. Me invadieron unas insoportables ganas de llorar. Patalée y pateé. Entonces alguien sostuvo mi cabeza y me sacó del agua. Eso ni yo me lo esperaba. Y les grité desesperado que yo también había estado allí, pero ya nadie se acordaba. El doctor se me acercó y me preguntó qué pasaba. Entonces estallé en llanto. Alguien me cortó cerca del ombligo. Y después la enfermera me cubrió con una toalla y dijo como mirando a otro lado: "¿Señora, quiere ver a su niño?"