Si el incidente no hubiera saboteado el pilóto automático, no hubiera habido manera de sobrevivir. Al menos eso sí lo tengo claro. Supongo que por eso continuaré invirtiendo en esas cosas en vez de renovar pólizas de seguro esperando que las probabilidades reduzcan los riesgos de los incidentes. Cobertura amplia, amplísima pero quizá el piloto automático carece de la profundidad requerida para ser abordado cual avión. Es bidimensional. Hubo sin embargo, algo que ni ellos con su equipo de actuarios y astrólogos fueron capaces de predecir. Entre estas cosas, el instante preciso del incidente, la altura de las olas formadas sobre el agua cuando cayó la primera piedra, así como el número de cortes de mi reflejo desdibujado por las olas subsecuentes. Eso sería información valiosa y no pedazos. En cambio, yo me busco en el reflejo fragmentado sobre la superficie sólo para darme cuenta de que lo que busco está o más al fondo o en otro lado. Y es por éso que me ví forzado a entrar en la cabina de mando y relevar a ese guey. Es algo que honestamente no disfruto demasiado, pero en fin. Después de ver el tablero de control reducido a cables y corto circuitos, tuve que maldecir el único instrumento que todavía servía. Oficialmente no tiene madre, ese tipo de instrumento nunca falla. Seguía marcando la distancia. No exactamente la distancia recorrida, quizá la de destino. Entonces, en tiempo real vi la marca descender uniformemente hasta llegar a cero. El piloto automático seguía sin responder. En cuestión de segundos, la chingadera se comió toda la distancia. Y recuerdo que pensé: Ahora sí ya no hay manera de vomitarla como decías que habías dicho que hiciste.