abril 21

   Mientras volteaba las hojas de eventos del mes, Luis notó un concierto de los Love Electric. Sin querer recordó la Navidad pasada. Es curioso como hay lugares que se niega a visitar. También existen lugares que se niegan a ser visitados. La semana pasada había sido distinto. Fue coquetear con alguno que otro libro de Paul Auster, pero llevarse uno de un tema completamente diferente, cenar y ver como ella pagaba el último ejemplar en existencia. Desde luego que ella no lo leería. Pero quizá lo peor fuera el nombre del libro.

   Y así los días. La semana pasada tirado en el sofá tantas veces confesor. Y ella le preguntaba "Qué haces?" mientras escalaba y torpemente se acomodaba sobre ella. Pasan los días. Los intentos de fuga. Los intentos. La mesa sin sillas del patio trasero. El tiempo que no envejece deprisa, sino que se ha hace viejo a su propio tiempo. La semana de muertes incomparables. Y la certeza de ser un adulto contemporáneo. Las tardes de comida hablando con algunas fuentes de temas políticos. Las cenas en alguno que otro rincón perdido de la colonia Portales con colegas músicos. Su complicidad. Las ganas de irse a la playa. Su cómplice. Su compañera; Su soledad.

   Ese día en la cafetería, ella se llevó el invento de la soledad y terminaron escuchando a un viejito interpretando una canción blusera con todo y armónica. Ese fin de semana ella se negaba a disolverse. Ella se negaba a ser un sobre de te blanco en el agua caliente. Tenía miedo de perder pie y se aferraba. Y le recordó que en un día como hoy ella cumple años.

   Mientras arreglaba su cuarto, Luis encontró una postal enviada desde un hotel interconti de Barcelona. Ella está allá ahora... más de diez años después. El año pasado todavía le mandó un correo el día de su cumpleaños. No así este. La respeta. La recuerda. Cree encontrarla a veces en otras personas. En ocasiones la recuerda. No la ha alcanzado allá y probablemente nunca lo haga. A veces piensa que un correo no basta. Pero es que a veces nada parece ser suficiente. Y todo pierde sentido porque se da cuenta de que el único que envejece es él, que el tiempo permanece indiferente a sí mismo y a lo demás.

   Encontró un cassette con sus primeras canciones escondido en sus cajones. Lo sacó y lo dejó sonar. Música de fondo. Pero es de fondo. Siempre es fondo. No el del chapoteadero que se puede pisar. Es más como la fosa de clavados cuando el clavado es él mismo. Como cuando no tocas fondo. Es el fondo donde suceden las cosas. Es todo lo que no está en primer plano. Todo lo que está detrás. Es la mesa sin sillas de su patio trasero. Del patio trasero.

   Y entonces Luis se imagina que el jalón de greñas mañana en el automóvil. Antes de salir, imagina que se pone un traje de buzo y se aventura a los toboganes de agua para disfrutar de su recién adquirida membresía al parque. Sale de la alberca y se acuesta en la toalla a tratar de adivinar su futuro en las nubes. Pero las nubes no le dicen nada y solo entonces comprende que en realidad nadie le ha enseñado nunca a descifrar tal cosa.