febrero 20

A veces te sueño a la orilla del río. A veces de veras espero que no estés ahí. Entonces solo me queda asomarme al espejo. Y si me asomo, es solo para recordarme que lo que no muere, envejece peligrosamente. Pero te encuentro a ti y a veces no te quiero ver.

   Salgo del baño apresurado mientras pienso: "Tengo que cambiar ese espejo, se está haciendo viejo." Camino hacia la cocina y recojo la leche de ayer, esa que se me olvidó guardar en el refrigerador anoche. Hay otras frutas oxidadas sobre la mesa. Sentado en el antecomedor mirando al jardín, me llamó la atención que afuera las plantas parecían efectivamente crecer como animales. Me acerco y advierto que mas bien están cubiertas por cientos de ellos. Me levanté de golpe y mi vista se cruzó con el espejo. Esta vez, con el de la sala. Tengo que cambiar de espejo. Eso o deshacerme de su conspirador reflejo, estoy empezando a  sospechar que son la misma cosa.