Tengo la extraña sensación de haber tomado un tren al interior. Recuerdo la estación, recuerdo la maleta. Pero todo se ve borroso, incluso el nombre del ticket estaba borrado. La ventanilla se empañaba con el vaho de mi respiración. Y es que a ratos uno se siente así. A la mitad del camino me había cansado de ver paisajes por las ventanas. Se me ocurrió estar en otra parte. En ese momento un anciano ocupó el asiento disponible al lado mío. Comenzó a hablar del clima y otras cosas. El paisaje de la ventana tenía toda mi atención.
-¿Se siente usted solo?
Voltée para darle una mejor mirada a mi interlocutor, los ojos claros, grises como el cielo de afuera. Quise decir algo pero me interrumpió:
-Sí es extraño como el estar tan cerca de la gente nos hace sentir así.
Y yo pensaba que el término que mejor describía lo que quería decir era quizá algo así como codpendencia, dependencia. Se me antojó un cigarro. El hombre prosigue:
-En fin, que nada es tan grave. Todo es pasajero, como los pasajeros de este vagón. La siguiente es la estación de paso, ... ahí me dirijo yo.-¿Estación de paso? ¿Ahí se dirige usted?-Así es muchacho. Aquí me bajo yo.
El tren resbaló y produjo un agudo chillido contra los rieles antes de detenerse en seco. Yo miré por las ventanas. Afuera el paisaje parecía un circo y había largas colas de gente. Me acordé por alguna extraña razón del autor de la historia interminable. Todos los pasajeros bajaron gustosos. El viejo se dirigió a mí nuevamente:
-Joven, tiene usté que bajar.Yo me quedé mudo, y el notó que quizá palidecía, no moví un dedo, no quería bajar.-Señor, este no es mi destino final, estaba yo dirigido a otra parte.-¿Y cuál era esa parte si se puede saber?-... digamos, cualquier parte menos esta.
El viejo sonrió convaleciente:
-Eso dicen todos-¿Puede decirme cuál es el camino de regreso?-Muchacho... eso sólo lo sabes tú. Anda, que hay que salir de aquí. Recuerda que estás aquí de paso.
El anciano bajó del vagón. Me quedé solo en el andén. La multitud me jalaba, me pisaba, me revolvía entre tanta gente. Perdí mi maleta. Acaso lo único que pude ver fue que en la esquina podía uno pararse a mirar la gente correr sin entorpecerles el camino. Y entonces miré el ticket, ya tenía nombre... empezaba con "A"...
