Mostrando entradas con la etiqueta Alberto Buenno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alberto Buenno. Mostrar todas las entradas

diciembre 6

   Me propuse economizar. Fue tal mi empeño que decidí comer solo una vez al día. Reduje considerablemente mi talla. Al cabo de una semana descubrí que las cáscaras de limón también son comestibles. Decidí invertir en eso... cáscaras, envolturas, etc. Pero pronto dejé de ingerir alimentos sólidos y mis prioridades cambiaron. Dejé de hablar para aprovechar mejor mis energías. A veces rumiaba, otras veces gemía. Cuando todavía me movía, en internet leí varios anuncios de gurús de la alimentación vegana. Algunos de ellos, los mas interesantes, aseguraban que un hombre es capaz de vivir perfectamente de la pura respiración. Decidí dejar de inyectarme capital y dar el siguiente paso, en aquéllos días yo era un hombre de fé. Reduje considerablemente mis gastos. En un último suspiro, me aferré a la idea romántica de vivir del puro aire. Era muy caro soñar, por tanto dejé de dormir. Tenía que ahorrar. Tiré las cortinas de mi habitación del tercer piso a la basura y comencé a abrir las ventanas no solo durante el día, sino también de noche. Con la ayuda de un metrónomo y después de mucha práctica, mi respiración finalmente se volvió rítmica. Pasaba horas enteras en posición de loto esperando la mañana. En pocos días mi cuerpo desarrolló una especie de fototropismo positivo. El vidrio estorbaba. Mis miembros se alargaban cual ramas. Fue cuando tomé la decisión de deshacerme de las ventanas, en la espera de que, cortando los intermediarios, yo recibiera los beneficios de asimilar los rayos solares de manera mas directa. Para no distraerme, imprimí varias cartulinas que afirmaban sin lugar a dudas: "El ritmo lo traigo yo." Las coloqué por toda la casa, para no olvidar verdades que son evidentes en sí mismas. No estoy seguro cuándo llegó el último suspiro, ni en qué tiempo cayó, pero ese día los médicos comprobaron que anteriormente yo solo había ingerido aire. Parecían asombrados. Descubrieron que el cese de procesos fisiológicos y espirituales en mi interior, era un acontecimiento completamente natural. Como se trataba de expertos profesionales excepcionalmente creativos en este ramo del conocimiento, habían inventado ya una palabra lo suficientemente precisa en su diccionario para nombrar el evento que presenciaban. Al parecer, un acontecimiento frecuente y del todo común. Después, a manera de registro, redactaron un documento que hacía explícito lo ya sabido. Lo sellaron, le pusieron fecha y una que otra firma. El proceso terminó allí, pues yo no contaba con un seguro de gastos funerarios. En fin, todas esas cosas no me molestaron, sino que mas bien reforzaron la idea de continuar con mi noble propósito.

junio 9

   Entré a la cabina del trigésimo tercer vagón preguntando por la persona que ocupa el mando. ¿Quién es ese imbécil que insiste en contar? ¿En cantarme los números? ¿Por qué insiste en celebrármelos?, por mas que le he dicho que en realidad lo milagroso es que la tierra siga girando sobre su órbita precisa.
 
   Me explicaron que el piloto de mando seguía atorado en la estación anterior y que nadie sabía cuánto tiempo llevaba ahí. Nadie sabía tampoco cuándo iba a salir, si acaso salía. La pregunta entonces era evidente: ¿Quién es este farsante que continúa contando aunque yo ya no estoy ahí? "Piloto automático, señor." me respondieron. Si, eso era posible, todos tenemos uno.
 
   Abrí la puerta de la sala de controles y noté que la palanca de marcha estaba en modo subjuntivo pluscuanperfecto. Había varios diferentes modos y demasiados botones en el tablero. ¿Cómo putas saber la configuración correcta? "Presente indicativo, señor." los escuché decir. Moví con gran esfuerzo la palanca, parecía trabada. Luego de cambiar el modo, la palanca temblaba pero la marcha adquirió mas velocidad y casi vuelvo el estómago por la inercia. "Sujétela firme, señor."
 
   Inmediatamente después de realizar el ajuste, uno de ellos se acercó a mi y me entregó una carta del piloto atascado en la última estación, a propósito del número cuarenta y dos. Le eché un vistazo rápido, el documento parecía auténtico. Anexo copia. ¿De dónde salió esto? "De la estación anterior, señor." ¿Y cuál era esa? "Estación de paso, señor." Una alarma comenzó a sonar. ¿Y ahora qué pasa? "Nos acercamos a la siguiente estación, señor." ¿Y cuál es ésta? "Estación por venir, señor." Me quedé pensando, apretaba la palanca. ¿Qué? ¿Cómo dices?


Nota*: Lo mas parecido es la #41.

marzo 30

   El Doctor Lunis entró en la habitación, dejando la puerta abierta tras de si. Joe continuó recostado en la cama.
 - Hola Joe. ¿Cómo te sientes hoy?
 - ¿Por qué insistes en llamarme Joe? Me llamo Alberto.
 - Porque ese es tu nombre Joe, solo que después de tu accidente automovilístico no lo recuerdas.
 - Esas son tonterías doctor.
 - Joe... qué curioso, suena como 'yo' pero con mas personalidad, también se escribe diferente, eso es todo.
 - ¿Qué puedes saber tu? Doctor Loonies, doctor selenita...
 - Se que las identificaciones oficiales no mienten Joe, que te gustan los fruti-lupis y que por las noches ya no sueñas.
 - Mi nombre es Alberto, deja de decirme Joe.
 - Lo has inventado todo Joe. En fin, ya es hora de tu medicina.
   El doctor hizo una seña a su asistente. Momentos después el anestesiólogo entró y suministró la dosis correcta de morfina en el catéter de Joe, que estaba justo debajo de su tatuaje verde en forma de trébol. Lo dejaron solo y cerraron la puerta. 

   Por la noche, los técnicos del hospital interceptaron casualmente la copia de un correo electrónico que aparentemente había salido a través de la red inalámbrica del tercer piso del hospital, el piso donde se encontraba Joe. Uno de ellos imprimió el correo y se lo hizo llegar a la asistente del doctor. Cuando la señorita entró en la oficina del doctor con el mensaje, éste tomó el papel y lo ojeó.



   El doctor terminó de leer el texto, se lo pasó a su asistente.
 - Gracias. Por favor deshágase de esto y todas sus copias.
 - Si doctor. Pero no cree que...
 - ¿Qué se le ofrece? 
 - Parece que su paciente Joe experimentó un sueño de nivel dos.
 - No, no. Es una broma local, algún cretino mandando correos desde la sala de espera, eso es todo.
 - Pero doctor, en ese piso no hay sala de espera. Es mas, el acceso está completamente restringido y no hubo ningún dispositivo electrónico conectado al AP-Antarctica.
    Lunis miró largamente por la ventana. Luego dijo: "… si, lo hace a uno pensar, ¿no?"

diciembre 24

   Cuando los días terminaron de acumularse en ese lado del estante decidí finalmente cambiar las ménsulas. Ya hace años de eso, pero ¿recuerdas aquél día? Una noche antes de Navidad. Yo insistí en terminar de ver la ejecución de los Love Electric hasta el fin. En realidad me encontré con Todd en el mingitorio y alcancé a cruzar una palabra con él. Salimos de ahí tarde y casi nos terminamos tres botellas de vino. Hacia la madrugada solo contemplaba la ciudad por la ventana. A la mañana siguiente despertaste con los ojos hinchados, nos dimos prisa y bajamos a pedir un taxi. Era una mañana particularmente gris. Atravesamos la ciudad en pocos minutos. Sentía el viento frío, se metía por la ventanilla y me daba en el pelo, en la frente, estaba por todas partes. Pocos días después te fuiste al sur. Varias veces pensé en visitarte. Mas bien no estaba pensando en irme de visita, creo que mas bien era una mudanza.

   Hoy salí tarde de la plaza. No se si hay poca gente porque cierran o cierran porque hay poca gente. Así son noches como hoy. Todo pasó rápido, como pasar sin hacer camino. Este año falleció mi abuela, ¿te platiqué el número de su habitación? En unas horas será el mismo circo de siempre. Idéntico. Los años me caen encima, ¿cómo esquivarlos? 

   Tomo la escalera eléctrica, descenso eléctrico, me introduzco en el interior del cono decorado, desciendo un piso. No alcanzo a descifrar si eso último fue simbólico, pero fue real. La última vez que te vi fue por casualidad ... otra vez el día antes de Navidad. Giré la cabeza y alcancé a verte en los peldaños superiores de la escalera. Permanecí de espaldas al movimiento mientras pensaba en pisar tierra firme, poner bien el pie y no tropezar.




noviembre 12


   Caminaba por entre las masas, por entre las mesas con nombres; pasión, fidelidad, respeto, intuición, etc. Encontré la puerta entreabierta y la vi a ella mientras se acomodaba el cabello. Sin voltear completamente a verme dijo: Vaya ¿Qué te parece? Yo respondí:
 - Solo regreso de las ruinas circulares, mesas y sillas. No sabía que estabas aquí. ¿Quieres que cierre la puerta?
- No es necesario, puedes quedarte si quieres.
   Melancolía, solsticios. Pensaba que el problema no son los círculos, sino las ruinas; no son los nombres, sino las etiquetas. Ella giró la cabeza como reaccionando a mi pensamiento y entonces me vi forzado a admitir que tenía razón, que el verdadero y único problema era que no tardaría en llover, que pronto todo sería como en esa canción donde es noviembre y está lloviendo. Después la miré contemplarse un rato mas en el espejo. 
- Escucha Al, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Claro, las que quieras.
   Respondí demasiado rápido. Alguien respondió por mi. Odio cuando eso pasa, aunque esta vez debo confesar que me fue bastante indiferente. Solo pensé que no se cómo romper el círculo, y que si era eso lo que ella quería saber, no tengo la respuesta. Estaba en lo cierto, podía hacer todas las preguntas que quisiera, daba igual.
- ¿Es verdad lo que dicen? ¿Tú escribiste los votos?
- En realidad no, los outsourceé; subcontraté al amigo de un amigo de una agencia de publicidad.
- Al.
- Si. Es decir, la mitad del discurso. El de ella fue propio.
- Obviamente.
- La oferta inicial incluía ambos votos, el paquete completo.
- ¿Y qué pasó?
- No quería convertir esto en una telenovela, así que los cambié.
- Hmmm, okey. Entonces, ¿cómo los escribiste?
- La verdad es que en otra vida asistí a tu boda.
- ¡Al! Ya. Sabes que no me caso ni en esta ni en otra vida.
- En la que te estoy hablando, lo hiciste. Después tu novio pronunció unas palabras breves, ¿en serio no lo recuerdas?
- ¡Mi novio? No, no me acuerdo la verdad. ¿Dónde estabas tu o cómo?
- Yo estaba silbando y cantando sobre una rama.
- Ja ja. Sí, a lo mejor eras el mismo árbol. Y luego, ¿cómo supiste que era yo?
- Por los ojos, por tus movimientos cortos y precisos. En realidad yo solo transcribí las palabras dichas aquél día, hoy el las reprodujo una por una frente a las ruinas circulares, tal y como fue antes, ahí está el mérito.
-¿En dónde? ¿En las sillas?
- En decir las palabras justas en el momento preciso, lo tuyo a tiempo y sonriente. ¿O no?
- Si, bueno si, tienes razón. Pero lo que yo quiero saber Al, es: ¿De dónde vino el mensaje?
- ¿Sabías que los egipcios después de embalsamar, retiraban el cerebro de los muertos y todos los órganos internos menos el corazón? Así se preserva el mensaje.
- No, no sabía, pero aunque todo eso que dices fuera cierto Al, no me contestaste y todavía quiero saber de dónde vino el mensaje.
- Ok, el hecho de que el mensaje se preserve no implica que el mensaje se transmita. Incluso podría transmitirse un mensaje digamos, indescifrable. Y tal vez este sea el mejor ejemplo. Es evidente pues, que el mensaje vino del otro lado, mas allá de las ruinas. Solo es posible escucharlo ajustando la frecuencia del instrumento a 432Hz.
   Por su expresión, asumí que no había visto nunca un instrumento de navegación y que desconocía totalmente el procedimiento para ajustarlo. Verifiqué la frecuencia requerida para romper el círculo. Era correcta. Levanté el aparato en forma de cono y lo coloqué sobre su cabeza. La miré y dije:
- Usa este casco, funciona como una antena y se reciben mensajes realmente inverosímiles.