Mostrando entradas con la etiqueta Juan Pérez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Pérez. Mostrar todas las entradas

noviembre 3

   Alfonso agitó la lata con fuerza antes de aplicar el aerosol.
- ¡Sostén la lata paralela a la superficie!
- hmmmmmmmmm.
   Alfonso aplicaba el esmerilado sobre el vidio recién lavado. Mientras oprimía firmemente el disparador, la superficie se humedecía y se formaba una nube de gas alrededor del vidrio.
- ¿Qué haces Alfonso? Deja de aspirar eso.
- Bájale, ya se que estás todavía molesto por eso. Déjalo ir. - Le dijo mientras se alejaba para apreciar la textura del acabado sobre el vidrio.
- Hey Alan, tranquilo. Yo se que el aerosol no es lo tuyo, ahorita vamos por una lata de aire comprimido con eso de que eres ducho pa las compus y si te sobra un poco, igual hasta le limpias el teclado a la tuya.
- Sí ahorita. Todavía te faltan otros dos vidrios y ya me duele la cabeza, abre la ventana y apúrate.
- ¿Sabes Alan? Estás muy tenso. Deberías buscar un nuevo trabajo que le diera vida a tu carrera 2.0, crea tu propia editorial, independízate o algo.
- Claro. ¡Así namás! Deja de decir incongruencias y ventila la casa por favor.
    Alfonso se dirigió a la puerta y la abrió, inmediatamente pudo respirar el aire fresco. Pensaba en su excompañero, en el artículo de la revista. Solo que él no era un esnob y nunca escribiría en una revista como esa. Si encontró ese artículo de su excompañero ahí fue casualidad. Hizo un comentario por solidaridad. Hubo un segundo comentario donde quedó claro que se estaba confundiendo a Antonio Tabucchi con Anthony Kiedis, pero era de esperarse de cualquiera de esos esnobs. Si ese texto es soft porn, queda claro por qué el mercado está saturado de sildenafil y tadalfil... pinches genéricos. Yo contemplaba a los muchachos esmerilar el vidrio mientras pensaba que a mí esos textos la neta tampoco me la ponen dura.
- Mira Alfonso, parte importante de trabajar en la editorial es ajustarse a la línea e-d-i-t-o-r-i-a-l, ¿comprendes? A veces uno tiene que escribir mierda.... es decir....
- Termina de una vez Alan, de verdad me estoy empezando a marear.
- Es como la tele... californication como diría Kiedis.
- ¿Estás diciendo entonces que él mismo admite que escribe basura?
- No se, tal vez sea como Sócrates: autocrítico y con buen sentido del humor.
- No lo creo Alan, es un tipo megalómano, egocéntrico y sumamente sensible a la crítica... se podría decir corrosivo.
- Entonces Al, es todo un misterio.
   La cara de Alan se envolvió en el gas del esmerilado y en ese momento tocaron a la puerta. Me levanté del sofá, atravesé el patio y pregunté quién era. La voz del otro lado sonaba un poco ronca y hueca, pero alcancé a distinguir:
- Buenas tardes, traigo un pedido para el Sr. Alan Alfonso Esca...milla: Es un metronidazol y unas pastillas de tadalafil.
   Alfonso fue a la cocina e ingirió sus medicinas con un gran vaso de agua. Después se encerró en su cuarto a dormitar cuarenta minutos. Al terminar, volvió a leer el texto de su excompañero, pensando que quizás bajo los efectos de aquéllas drogas le parecería mas sexy, pero aún así su miembro permaneció igual de flácido. Decepcionado, fue a la cocina donde leyó las instrucciones una vez mas mientras sentía un hormigueo en la entrepierna. "Caray, estas instrucciones tienen lo suyo." Mientras leía, algo llamó su atención. Le llamó la atención el hecho de que para surtir efecto y lograr tener una erección había que ser estimulado.



Qué nalga televisión
Nalga Visión


mayo 20

   Y a Juan le dio emoción pensar en tener más tiempo para sí. Se imaginó que no sentiría más el aire sobre su cabeza. Se imaginó que los días eran más suyos, menos pesados y más enteramente suyos. Pensaba frenéticamente en retomar su línea, tomar algunos cursos y entre otras cosas, volver a los talleres de teatro.

   Una a una, Juan vió desaparecer las librerías del centro de su barrio. Desaparecieron todas, primero no pudieron pagar la renta, más tarde aparecieron ahí otros negocios. Él siguió leyendo mientras todos sus autores mostraban cierta preferencia por saltar al otro lado. Sin excepción. Y Juan pensaba: La vida siempre sucede en otra parte. ¿Dónde es eso? Luego se enteró que la casa donde tomó sus primeros cursos de actuación fue extrañamente arrebatada de las manos de la familia Azar. Lo leyó en un diario, no fue precisamente un reportaje, sino una columna ciudadana. Juan lo sabe, el país está condenado. Lo está en todos sus frentes, pero por encima de todos esos lugares, por la retaguardia. Juan a veces se imagina atravesando el Atlántico en un barco de carga entre pescados solo y con frío. Juan sabe que no puede vivir en un pueblo en donde se exterminan las bibliotecas y son sustituídas por academias de baile de tubo. Un lugar en donde ser prostituta es lo mismo que ser artista. Y los únicos artistas que hay se acaban prostituyendo. Por eso, Juan hace como que vive. Juan hace como que bebe, como que come. Juan hace como que trabaja. Juan hace como que habla y como que se comunica. Hace como todos.

   Juan era mi mejor amigo. Lo acompañé a la tiendita de la esquina hace quince días a comprar unas palomitas. Íbamos a ver unas pelis. Un escuincle con pistola se bajó del asiento del copiloto de un Neón gris y nos asaltó. Pensé que eso era todo, pero cuando se subió al coche el otro tipo le dijo que le diera el plomazo y se pelaran. Así sucedió. El tipo disparó y mientras Juan caía al suelo vi el coche desaparecer en la calle. Una semana más tarde, de entre las cosas de Juan rescaté un libro del Maestro Héctor Azar. Por lo demás creo que a Juan le fue de güevos. Tú y yo seguimos aquí.

noviembre primero

   A Juan siempre le han gustado las ruedas. Desde la rueda de su primer triciclo hasta la rueda de la fortuna, pasando por las ruedas de su moto. A veces, cuando todavía le alcanza el día, Juan toma su monociclo y se para en la esquina a hacer una que otra gracia. Hoy Juan estaba en lo suyo, dominando su vieja rueda mientras coordinaba los movimientos de las manos para malabarear.

   Antes de que se pusiera el siga, Lalo cambió el disco y exhaló humo azul por la ventana. Luego suspiró, los pinos del malabarista y sus movimientos armónicos lo distrajeron y accidentalmente tiró la ceniza de su cigarro sobre el tablero. Esas cosas suceden. Recordó sin querer, cómo fue que aprendió a andar en bicicleta una tarde despejada y clara de noviembre, justo como esta; coger vuelo, mantener el balance, aplicar la fuerza necesaria, estirar y aflojar... los pedales pues. Qué buenos madrazos.

   Lalo no le dio nada a los indigentes. El semáforo se puso en verde y apenas le alcanzó el tiempo a Juan de quitar su monociclo. Pasó detrás de mí que estaba en el puesto de revistas comprando el Milenio antes de entrar a un café. Me senté y leí un rato. Unas chicas hablaban de trastornos psicóticos y esquizofrenia, otros de nada. En algún momento resaltó una canción del fondo...when i find myself in times of trouble mother mary comes to me... Esperé a que terminara. Esperé a que terminara la jornada laboral.

   Tiempo más tarde, entré en el túnel del subterráneo, bajé las escaleras, me precipité al borde de los andenes y voltée antes de abordar el vagón, voltée. Exactamente. Y es que, como en un sueño en el que no se puede ver el rostro de la persona, había un hombre volteado de playera negra a pocos metros. La playera negra, vista desde atrás, decía: let it be cierro comillas. No miento. Y quizá valga la pena subrayar... eran letras MAYÚSCULAS. Solo por si no había entendido el mensaje. Se me salió una risa. Gente entraba y salía, se arremolinaba. Yo casi pierdo el vagón solo por no quitarle la vista de encima a esa playera. En el último momento esquivé un monociclo; sin dejar de reirme estiré las manos y no dejé que se cerraran las puertas. Algunos pasajeros tosieron, otros me vieron raro o indiferentes, pero una cosa es segura: todos pensaron que estaba loco.

   Si los vagones tuvieran un interruptor de luz, lo hubiera bajado solo para comprobar que no estaba soñando. Tenía a la mano la palanca de auxilio, pero no lo consideré tan urgente. Luego recordé, a propósito de la luz, que de hecho es muy común que se vaya de pronto a esas horas y entre esas estaciones, dejando a los pasajeros a oscuras quizás entre 5 ó 10 segundos, me ha pasado. Claro que, no ese día. Pero recordé que hoy antes de bajar en el elevador de la oficina me llamó la atención que el foco se prendía y apagaba intermitentemente... además de emitir un ruido muy molesto. Quizás si supiera clave morse lo habría descifrado. Quizás. Aunque seguro eso no tenía nada que ver. Con nada. Obvio no.