Los habitantes por fin decidieron ponerse de acuerdo; no iban a tolerarlo mas. La huelga duró años, fue entonces que comencé a sentir sus efectos en el cuerpo. Fue entonces que comenzó la fiebre. Esa noche mi cama se hacía grandota, se hacía chiquita. Pensaba que era yo, que me estiraba y alargaba, que me encogía. Ya no me peleo con mi cama ni me revuelco con ella, ahora estoy por encima de ella. Estoy sobre de ella.
Esa noche los habitantes parloteaban, sugerían cosas, algunas de ellas diametralmente opuestas. Se trazaron nuevos rumbos. Los habitantes, por tradición, toman decisiones y debaten sus asuntos en diversos consejos que los representan. Cabeza es el distrito mas numeroso, intestino delgado y gónadas son ampliamente poblados, sin embargo han perdido fuerza en los comicios de los últimos siglos. Finalmente decidieron tomar como modelo para las nuevas edificaciones, siete de las principales glándulas endócrinas. Sucedió entonces el golpe de estado, de estado de ánimo. Porque el ánima del cuerpo necesita siempre de nuevas instituciones para la correcta administración del cambio.
Nunca se me ocurrió pensar que hubieran reglas. Sin embargo sobre la marcha fui descubriendo algunas que ya existían. Logré rastrear los efectos mas allá de sus causas. Encontré que eran anteriores a mí mismo. Encontré que me antecedían, como todo hasta hoy. Encontré que así había sido siempre y no había razón para dudarlo. Un mundo diferente era poco probable. En contraste, el mundo como se mostraba a principios del siglo veintiuno parecía incompleto, mal representado. Entonces no era bien visto dudar de lo que los habitantes decían y sin embargo a todos se les incitaba a mentir compulsivamente. Ante contradicciones tan evidentes, se elevaron los índices de apoptosis.
Dentro de los límites de la frontera encontré habitantes que vivían felices y otros infelices, todos ellos engañados. Comencé a pensar con mas frecuencia en mis sucesores, destinados también a engañarse. Comencé a contarlos. Al final perdí las instrucciones para ver el mundo en un grano de arena y sólo encontré las instrucciones para llorar del señor Cortázar. Es cierto, cuando me buscaron para explicarme las reglas y el valor de convergencia de S/A, pensé que estaban locos.
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