Recién realizado el implante no sentí gran cosa. Los primeros días tuve algunos mareos ocasionales pero nada grave. Me explicaron en el cuartel que en realidad eso se debía a la diferencia de presión atmosférica y la cercanía con el centro magnético de la tierra. Fue quizá por eso que despertaba a veces en las noches creyendo estar del otro lado. Otras noches, las imágenes proyectadas sobre mi retina no coincidían con el recientemente adquirido recuerdo. Fue cuando comencé a sospechar que la implantación debía haber fallado. No había otra explicación. Esa semana me paseé como vago dando vueltas por la ciudad plenamente consciente de que aquéllos recuerdos no eran los míos1. No me había pasado nunca; despertar a la mitad de la noche creyendo hablar con alguien, voltear y no encontrar a nadie. ¿Quién es éste que me llama en la oscuridad? La noche siguiente me comprometí a ajustar nuevamente el receptor/perceptor de memoria, esta vez a una frecuencia infrasónica. Ese día dormí mejor, no entiendo por qué, puesto que soy sordo de nacimiento... creo. Creo recordar eso y que se me implantó una prótesis auditiva a temprana edad. No lo sé, pero lo que sí recuerdo bien fue que hablé con el alba. Recuerdo los rayos, una cascada de recuerdos me deslumbró y por un segundo mi memoria se redujo a, ¿cómo decirlo? Nada. La gran nada.

1Toma nota Joe. Esto es sólo un comentario. Toma nota.