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mayo 16

   Recién realizado el implante no sentí gran cosa. Los primeros días tuve algunos mareos ocasionales pero nada grave. Me explicaron en el cuartel que en realidad eso se debía a la diferencia de presión atmosférica y la cercanía con el centro magnético de la tierra. Fue quizá por eso que despertaba a veces en las noches creyendo estar del otro lado. Otras noches, las imágenes proyectadas sobre mi retina no coincidían con el recientemente adquirido recuerdo. Fue cuando comencé a sospechar que la implantación debía haber fallado. No había otra explicación. Esa semana me paseé como vago dando vueltas por la ciudad plenamente consciente de que aquéllos recuerdos no eran los míos1. No me había pasado nunca; despertar a la mitad de la noche creyendo hablar con alguien, voltear y no encontrar a nadie. ¿Quién es éste que me llama en la oscuridad? La noche siguiente me comprometí a ajustar nuevamente el receptor/perceptor de memoria, esta vez a una frecuencia infrasónica. Ese día dormí mejor, no entiendo por qué, puesto que soy sordo de nacimiento... creo. Creo recordar eso y que se me implantó una prótesis auditiva a temprana edad. No lo sé, pero lo que sí recuerdo bien fue que hablé con el alba. Recuerdo los rayos, una cascada de recuerdos me deslumbró y por un segundo mi memoria se redujo a, ¿cómo decirlo? Nada. La gran nada.
 

1Toma nota Joe. Esto es sólo un comentario. Toma nota.

septiembre 6

   Respondí de mala gana al comunicado de emergencia que me enviaron para revisar aquél incómodo tema. Llegué a las facilidades relativamente temprano y eché un ojo al historial del paciente antes de verlo. Me llamó la atención que había sido admitido en la primaria a una edad sumamente temprana. Fui directo al grano:
- Joe, ¿qué hacías en noviembre del 87?
- ¿Cómo dice señor?
- El año 87, ¿lo recuerdas?
- Sí señor.
- Bien Joe. ¿Dónde estabas?
- En la luna.
   Suspiré. Lo miré de frente y dije: "Tengo en la mano tu expediente Joe y no hay ningún registro de un viaje intergaláctico en esos años. De hecho para serte sincero, no hay registro de ningún tipo de viaje..."
- Viaje astral, no intergaláctico. Astral, señor. -Interrrumpió Joe. Yo levanté la mano e hice un gesto como si barriera el aire, dije: "Es lo mismo Joe."
- El término es incorrecto señor... pero vamos, no espero que alguien como usted lo comprenda.
   Miré al techo por un momento, al ducto de ventilación: "Platícame de la luna Joe."
- Eso decía mi maestro, que estaba yo en la luna.
- ¿Eso decía? -Comenté ahora sin levantar la vista del historial.
- Si.
- Es posible Joe. -Regresé la vista a mi interlocutor: "¿Tú qué piensas?"
- En ese entonces no se nos permitía cuestionar la sabiduría del maestro, señor.
   Joe se distrajo viendo algo por la ventana. Miré hacia afuera, no había nada, sólo luz: "Evidentemente Joe". Su mirada desorbitada encontró la mía: "¿Ha estado en la luna señor?" No realmente, pensé. No literalmente. Afirmé: "No, no he estado en la luna Joe. Últimamente no. ¿Tú si?" Joe se reclinó en su silla y sonrió:
 - No, claro que no señor, eso es imposible. Hasta yo lo se.
- Bien Joe, descansa.
   Mientras salía de la habitación, alcanzó a decirme, tenía los ojos como de caricatura: "Pisaste la luna y estás desorbitado, ¿verdad doc?" Lo ignoré. Atravesé el pasillo. Me topé con el supervisor en el ascensor de las facilidades. Antes de los torniquetes me preguntó por mi opinión. Le comenté al doctor que el sujeto era peligroso y su enfermedad terriblemente contagiosa. Como tal, sugerí que se mantuviera en aislamiento y le fueran cerradas herméticamente las ventanas argumentando que la luz y el calor le provocan migrañas y dolores encefálicos, nadie sospechó de una deficiencia de magnesio. Me informó que el paciente escribía algo, algo que él mismo describía como un manual o guía. Para mantener los objetivos, era preciso evitar que el paciente continuara escribiendo. Así que como parte de los procedimientos de rutina, recomendé que se le proporcionara ruido blanco constante en frecuencias apenas perceptibles y a intervalos de tiempo irregulares, todo esto con el fin de romper su concentración y evitar cualquier comunicación con el exterior... o interior. De cualquier manera no podremos estar seguros hasta la siguiente visita de supervisión, programada un día antes del próximo eclipse. Fin del informe.

Ejecutor A. Harlan ca. 632 años después de Ford.

...en la luna

marzo 30

   El Doctor Lunis entró en la habitación, dejando la puerta abierta tras de si. Joe continuó recostado en la cama.
 - Hola Joe. ¿Cómo te sientes hoy?
 - ¿Por qué insistes en llamarme Joe? Me llamo Alberto.
 - Porque ese es tu nombre Joe, solo que después de tu accidente automovilístico no lo recuerdas.
 - Esas son tonterías doctor.
 - Joe... qué curioso, suena como 'yo' pero con mas personalidad, también se escribe diferente, eso es todo.
 - ¿Qué puedes saber tu? Doctor Loonies, doctor selenita...
 - Se que las identificaciones oficiales no mienten Joe, que te gustan los fruti-lupis y que por las noches ya no sueñas.
 - Mi nombre es Alberto, deja de decirme Joe.
 - Lo has inventado todo Joe. En fin, ya es hora de tu medicina.
   El doctor hizo una seña a su asistente. Momentos después el anestesiólogo entró y suministró la dosis correcta de morfina en el catéter de Joe, que estaba justo debajo de su tatuaje verde en forma de trébol. Lo dejaron solo y cerraron la puerta. 

   Por la noche, los técnicos del hospital interceptaron casualmente la copia de un correo electrónico que aparentemente había salido a través de la red inalámbrica del tercer piso del hospital, el piso donde se encontraba Joe. Uno de ellos imprimió el correo y se lo hizo llegar a la asistente del doctor. Cuando la señorita entró en la oficina del doctor con el mensaje, éste tomó el papel y lo ojeó.



   El doctor terminó de leer el texto, se lo pasó a su asistente.
 - Gracias. Por favor deshágase de esto y todas sus copias.
 - Si doctor. Pero no cree que...
 - ¿Qué se le ofrece? 
 - Parece que su paciente Joe experimentó un sueño de nivel dos.
 - No, no. Es una broma local, algún cretino mandando correos desde la sala de espera, eso es todo.
 - Pero doctor, en ese piso no hay sala de espera. Es mas, el acceso está completamente restringido y no hubo ningún dispositivo electrónico conectado al AP-Antarctica.
    Lunis miró largamente por la ventana. Luego dijo: "… si, lo hace a uno pensar, ¿no?"

agosto 4

   Joel sonrió y lo miró fijamente:
 -¿Tú crees que se me olvide?
-Que se te olvide ¿qué?
-Ya sabes.
-¿Qué?
-El sentimiento de ese líquido espeso y caliente quemándome el brazo.
-¿Cuál?
-Y despertar y no sentir nada.
-Supongo Joe, son de esas cosas con las que tendrás que aprender a vivir, no siempre tenemos todo lo que queremos.
-Pero recuerdo cómo me quemaban las venas, estaba en la camilla, en el elevador, apenas podía hablar. Todavía estaba consciente ¿sabes?
-Si.
-Todavía estaba consciente. De hecho le hacía plática al pinche cabrón. Y el hijo de puta simplemente me daba el avión, no me volteaba a ver, luego me vació toda la jeringa el muy cabrón. Solo sentí caliente el brazo. Y luego me metió a la máquina de resonancia como si nada el muy ojete. Me inyectó tan rápido que no podía mover el cuerpo pero no perdí la conciencia.
-¿Y qué hiciste?
-Tuve que miarme encima.
-Cómo crees.
-Es real. Tuve que miarme encima, en cuanto lo hice me sacaron de la resonancia y me llevaron a la habitación.
-¿Y qué hiciste después?
-Me dieron de alta esa semana, creo.
-¿En serio?
-No se. En realidad creo que aquí no han dado de alta a nadie ¿verdad?
-No lo se Joe, dime tú.