Hoy que salí a dar una vuelta afortunadamente traía a la mano la cámara digital. Y es que en la barda había algo que me llamó la atención porque sabía que lo había visto antes... en algún otro lugar, aunque no lo supe inmediatamente. No se trataba de un logotipo ni de una marca registrada. Para ser mas claro, la imagen sobre la barda no tenía ningún sentido ni razón de ser. Para empezar porque imitaba la que yo mismo había dibujado con plumon blanco sobre la ventana de la habitación del tercer piso años atrás. Y la conclusión es obvia; esta realidad emula la ficción y no al revés, la sigue muy de cerca, tangencialmente, sin nunca llegar a alcanzarla. La pregunta obligada surge igual de evidente: ¿Existen otras mentes o solo la mía?
diciembre 18
