Respondí de mala gana al comunicado de emergencia que me enviaron para revisar aquél incómodo tema. Llegué a las facilidades
relativamente temprano y eché un ojo al historial del paciente antes de verlo. Me llamó la atención que había sido
admitido en la primaria a una edad sumamente temprana. Fui directo al grano:
- Joe, ¿qué hacías en noviembre del 87?
- ¿Cómo dice señor?
- El año 87, ¿lo recuerdas?
- Sí señor.
- Bien Joe. ¿Dónde estabas?
- En la luna.
Suspiré. Lo miré de frente y dije: "Tengo en la mano tu expediente Joe y no hay ningún registro de un viaje intergaláctico
en esos años. De hecho para serte sincero, no hay registro de ningún tipo de viaje..."
- Viaje astral, no intergaláctico. Astral, señor.
-Interrrumpió Joe. Yo levanté la mano e hice un gesto como si barriera el aire, dije: "Es lo mismo Joe."
- El término es incorrecto señor... pero vamos, no espero que alguien como usted lo comprenda.
Miré al techo por un momento, al ducto de ventilación: "Platícame de la luna Joe."
- Eso decía mi maestro, que estaba yo en la luna.
- ¿Eso decía? -Comenté ahora sin levantar la vista del historial.
- Si.
- Es posible Joe. -Regresé la vista a mi interlocutor: "¿Tú qué piensas?"
- En ese entonces no se nos permitía cuestionar la sabiduría del maestro, señor.
Joe se distrajo viendo algo por la ventana. Miré
hacia afuera, no había nada, sólo luz: "Evidentemente Joe".
Su mirada desorbitada encontró la mía: "¿Ha estado en la luna señor?" No realmente, pensé. No literalmente. Afirmé: "No,
no he estado en la luna Joe. Últimamente no. ¿Tú si?" Joe se reclinó en su silla y sonrió:
- No, claro que no señor, eso es
imposible. Hasta yo lo se.
- Bien Joe, descansa.
Mientras salía de la habitación, alcanzó a decirme, tenía los ojos como de caricatura: "Pisaste la luna y estás desorbitado, ¿verdad doc?"
Lo ignoré. Atravesé el pasillo. Me topé con el supervisor en el ascensor de las facilidades. Antes de los torniquetes me
preguntó por mi opinión. Le comenté al doctor que el sujeto era peligroso y su enfermedad terriblemente contagiosa. Como tal,
sugerí que se mantuviera en aislamiento y le fueran cerradas herméticamente las ventanas argumentando que la luz y el
calor le provocan migrañas y dolores encefálicos, nadie sospechó de una deficiencia de magnesio. Me informó que el
paciente escribía algo, algo que él mismo describía como un manual o guía. Para mantener los objetivos, era preciso evitar
que el paciente continuara escribiendo. Así que como parte de los procedimientos de rutina, recomendé que se le
proporcionara ruido blanco constante en frecuencias apenas perceptibles y a intervalos de tiempo irregulares, todo esto
con el fin de romper su concentración y evitar cualquier comunicación con el exterior... o interior. De cualquier manera
no podremos estar seguros hasta la siguiente visita de supervisión, programada un día antes del próximo eclipse. Fin del
informe.
Ejecutor A. Harlan ca. 632 años después de Ford.