agosto 4

   Joel sonrió y lo miró fijamente:
 -¿Tú crees que se me olvide?
-Que se te olvide ¿qué?
-Ya sabes.
-¿Qué?
-El sentimiento de ese líquido espeso y caliente quemándome el brazo.
-¿Cuál?
-Y despertar y no sentir nada.
-Supongo Joe, son de esas cosas con las que tendrás que aprender a vivir, no siempre tenemos todo lo que queremos.
-Pero recuerdo cómo me quemaban las venas, estaba en la camilla, en el elevador, apenas podía hablar. Todavía estaba consciente ¿sabes?
-Si.
-Todavía estaba consciente. De hecho le hacía plática al pinche cabrón. Y el hijo de puta simplemente me daba el avión, no me volteaba a ver, luego me vació toda la jeringa el muy cabrón. Solo sentí caliente el brazo. Y luego me metió a la máquina de resonancia como si nada el muy ojete. Me inyectó tan rápido que no podía mover el cuerpo pero no perdí la conciencia.
-¿Y qué hiciste?
-Tuve que miarme encima.
-Cómo crees.
-Es real. Tuve que miarme encima, en cuanto lo hice me sacaron de la resonancia y me llevaron a la habitación.
-¿Y qué hiciste después?
-Me dieron de alta esa semana, creo.
-¿En serio?
-No se. En realidad creo que aquí no han dado de alta a nadie ¿verdad?
-No lo se Joe, dime tú.