31 octubre

   El otro día salí a la tienda. El cielo era azul azul. Pude ver las montañas, eran muy grandes, o era que el cerro estaba muy cerca, era algo así como cuando no vas a la montaña y ella viene a ti. Día soleado. Entré a la tienda por un jugo, unas galletas y una leche tetrapak. Sonaba esa canción. Y decía que plantar un par de sueños y despegar del suelo es todo lo que quiero. Y pensaba que era cierto. Y pagaba con un billete azul el importe casi exacto. Eso que quieres ver en mí es lo que se refleja dice. Naturalmente.

   Hoy salí del trabajo. En la calle había propaganda de vodka sueco. Me llamó la atención la nada. Absolutamente nada. Eso y me acerqué al anuncio solo para comprobar que en letras rojas y pequeñas decía "For good wives and warriors". Ándale. Hasta ganas de comprarme uno me dieron y eso que es lunes. Mañana es noviembre primero.

28 octubre

   No importa cuántas veces lo piense porque irremediablemente se termina por donde se empieza. Tampoco hace mucha diferencia cómo se piense.

   Y se encontró caminando sobre la misma vieja esfera. De alguna manera Luis nunca supo cómo se llevó a cabo ese cambio, porque para él no existían cuerpos... mentes nadamás. Nada más. Se le ocurrió la vieja anécdota de la rana que se cocina lenta y seguramente en la olla que se calienta a una temperatura uniformemente incrementada. Así. Algo había cambiado, como cuando se cocina un huevo. Ese huevo que no puede nunca más volver al cascarón. Ese huevo que era traslúcido ahora blanco. Esas propiedades químicas alteradas para siempre. Y pensó en Akira, aquél perro husky. Y recordó los meses de batalla en San Cristóbal. Y recordó su ausencia cuando se accidentó, lo que hubiera dado por que ella lo llevara de paseo al parque en su silla de ruedas, quizá escuchar uno de sus cuentos favoritos de su propia voz. Y recordó quemar su foto en ese parque. Ver su propio reflejo en el vidrio sucio. Pensó que en realidad le hubiera gustado compartirse más con alguien que tuviera el tiempo de compartirse. Pero Catia no estaba. Pretender salir con ella era como andar con un fantasma. Si lo operaban ella estaba quizá en Alaska. Y en su cumpleaños probablemente en Las Vegas. El caso era siempre la ausencia. Y ella tenía su lugar, un buen lugar. Él no. Él nunca tiene un lugar. Él nunca tiene un lugar en ningún lado. Pensó en Gaby. Y recordó que antes quería hacerle locamente el amor a sus textos. Quizá, cuando también ella lo deseaba. Cuando su vida todavía la regían esas sencillas reglas que procuran la supervivencia de la especie, ella era suya. Ella con las nalgas firmes y piernas fuertes. Él sin la panza de oso cavernario y todo lo demás. Como antes. Como antes de todo. Ahora ella no es ella. Él tampoco es él. Tampoco es ya nada. Ni él sabe si en verdad pasó, porque así es. Y cuando le escribió a K un año nuevo desde Querétaro despidiéndose y diciendo que el mundo sigue girando como lo ha hecho siempre, sobre su órbita precisa... y más aún: que los individuos mejor adaptados seguirán transmitiendo sus características a su descendencia.

   Cuando conoció a K, Luis le dijo que ya la conocía. Que en su vida pasada ella se llamaba Catia, que había tenido las nalgas firmes y las piernas fuertes y que él había querido hacerle el amor a sus textos. Es así. En realidad no importa, Luis ahora es una estadística. Es un número. Es un dato archivado, se le coloca en un cajón... aunque no bajo llave, no es peligroso, es un pinche bicho inocuo. Podríamos prenderle fuego o usarlo como combustible para iniciar alguna ignición. Eso. Olvidar el anagrama en el nombre del perro husky, olvidar que K quería poner un hostal en Chiapas, olvidar que Luis esperó dos meses allá solo, olvidar la silla de ruedas, olvidar el reflejo en el espejo que siempre miente, olvidarlo todo porque la lista no termina nunca, soltar la pluma, dejar de escribirla, dejar de encargar pendientes que se saben de antemano que nunca se cumplirán. Es importante no olvidar...olvidarlo todo.

16 octubre

   Soñé que me despertaba. Soñaba que me levanté. Tuve un sueño. Lo tuve. Lo tenía. Me levantaba de la cama...¿me levantaban? Creo que escuché el teléfono. Y tomaba mi ropa interior, unos boxers de cuadros rojos, me metía a bañar y conducía hacia el norte. En el radio sonaba una canción de los killers, esa que era mi amiga, no me encanta esa canción en particular. Y era un día soleado, increíblemente despejado y casi primaveral. Comimos mariscos en algún lugar de la ciudad. No estoy seguro, me parece que tomamos carretera, bajó la temperatura, la neblina se metía por las ventanas, un sueño muy extraño, como escalar el cerro del tepozteco descalzo. Hoy antes de meterme a bañar me di cuenta de que las truzas que traía puestas eran negras, negras marca calvin klein. Prendí la tele, estaba esa película. Pero me perdí en una o dos historias de Chinaski para variar. El día no esperaba nada de mí y francamente yo tampoco esperaba mucho del día, algunos discos interesantes en descuento, la verdad no traía tarjeta y no compré ninguno. Ya habrá tiempo de darle la vuelta al disco, a la tienda de discos, o a la colonia, que es lo mismo. Y pensaba...

How happy is the blameless vestal's lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray'r accepted, and each wish resign'd;
(Alexander Pope "Eloisa to Abelard")


9 octubre

   Recuerdo que me dijo que le dijeron que me veían muy solo los días que estuve en la casa morada. Y después que había entendido que ella y yo nos hacemos compañía, que nos extrañamos. Eso dice. Seguro porque me oyó tocar algunas canciones. La gente puede pensar cualquier cosa en realidad. No por eso acierta. Ella me mira a los ojos y me pregunta qué quiero hacer. Y yo casi nunca lo pienso, porque en realidad hay cosas que uno puede dejar pasar. Otras no. Y entramos a divertirnos, después del segundo trago solo había tiempo presente. Ese extraño caso de presente perfecto, que no tiene sentido en español, solo en inglés. Y no tiene sentido, como mis conversaciones con taxistas que acaban de regresar del gabacho como diciéndome: "Guey qué putas haces aquí", como queriendo pensar que lo mejor está por venir, pero sin ganas de quererte engañar, sabes que no es así, por eso tomas un vino cosecha 1986 y desbaratas el corcho al sonido de la música de los doors y tratas de que cada vez que agujereas la chingadera el movimiento coordine y cuadre perfectamente con la guitarra, porque ya renunciaste a los aplausos y a soportar las eternas miradas y esa luz y el calor de los reflectores en la cara, te mueves... pero no hay nadie. Como cuando escucho a Billy Joel decir que un guey le dijo estar seguro de poder ser estrella de cine si pudiera salir de ese lugar. No tiene sentido, pero al menos marqué el viejo número de Jason solo para saber si todavía estaba vivo. Otra Casa. Casa de ex aprendices y ex maestros de logias masónicas, vinos antiguos. Y José me pregunta qué he hecho pero yo solo contesto "cosas". Porque se que mis horas las regalo en el metro, lo demás es lo de menos. Y él contesta que todos hacen cosas. Yo creo que la respuesta es ingenua y la niego. Porque las cosas no son tan sencillas. Pero puede que me quede. O puede que me estanque. O puede que me encuentre alguna vez en la letra de alguna canción y alguien tome mi mano, se me acerque al oído y con la voz muy bajita simplemente me diga: "Calma, realmente las cosas pueden ser así de sencillas." Y recuerdo a mi exprofesor de literatura decir que al final uno no se queda con lo que quiere sino con lo que necesita. Pero también recuerdo a alguien decir que necesita una llamada de teléfono, un paseo en avión, una buena asoleada, un abrigo. Lo raro es que nunca dice un abrazo, un apretón de manos, un saludo, Yorke sí. El sí. Hay aullidos universales, cuando uno está solito para los pueblos grandes.


6 de octubre

   La lluvia ácida mojaba octubre dijo Saúl. Afuera llovía mientras Érica se alisaba el cabello y se acomodaba la falda. Moisés le echó una mirada, no más de veintitrés años pensó: ¿Qué estaba haciendo él a esa edad? Se la pasaba horas en su primer trabajo, la vida para él era sencilla, nunca tuvo otra opcion, trabajaba a veces horas extras y así se mantuvo hasta llegar a ser gerente de línea. El rostro de esa mujer le parecía desconocido ahora, tan diferente del de hace unos minutos, cuando todavía gemían y brincaban en la cama del hotel. Deben ser los tiempos pensó. Sí, definitivamente son otros tiempos. Se echó agua en la cara. Se echó de espaldas. Se echó a reir. La señorita se retiró.

La máquina de follar PDF
   Al pasar la estación Chabacano, Moisés Aciago se acomodó en el pasillo del vagón, justo debajo de los ventiladores. Al poco rato notó que una señora de rostro triste miraba fijamente por la ventana. Y ahí estaban ellas, esperando a que las levantaran. Y Moisés pensaba en cómo sería pagar por sexo. Pensaba que sería mejor follar con su dinero y hacerse una paja. Pensaba en ellas. Pensaba más bien en administrarlas, de esa manera todos ganaban. Ellas se divertían, alguien gozaba corrompiéndolas, alguien follaba con su varo, ellas follaban por el de otros. Todos ganaban. La señora seguía contemplando fijamente. ¿Cuándo dejé de tener unas nalgas así? ¿Eso lo pensaba ella o él? Pal caso es lo mismo. Supongo que los dos porque el guey no le quitaba los ojos de encima a la señora. Erica salía del hotel y se reunió rápidamente con sus amigas, dando pasos largos y moviendo mucho la cadera. Las puertas del metro se cerraron y Moisés vio cómo la imagen de las putas se hacía chiquita. La expresión de la señora se volvió aún mas triste. Quizás extrañe esa vida pasada. Quizás reconoció a su hija pensó el Moi. "Próxima estacion Xola" dice una voz feminina. Nada de correspondencias. Ni de esas, ni con otras líneas. Nada de correspondencias con línea X ni con línea Y, direcciones la pinche nada o la chingada.