marzo 30

   El Doctor Lunis entró en la habitación, dejando la puerta abierta tras de si. Joe continuó recostado en la cama.
 - Hola Joe. ¿Cómo te sientes hoy?
 - ¿Por qué insistes en llamarme Joe? Me llamo Alberto.
 - Porque ese es tu nombre Joe, solo que después de tu accidente automovilístico no lo recuerdas.
 - Esas son tonterías doctor.
 - Joe... qué curioso, suena como 'yo' pero con mas personalidad, también se escribe diferente, eso es todo.
 - ¿Qué puedes saber tu? Doctor Loonies, doctor selenita...
 - Se que las identificaciones oficiales no mienten Joe, que te gustan los fruti-lupis y que por las noches ya no sueñas.
 - Mi nombre es Alberto, deja de decirme Joe.
 - Lo has inventado todo Joe. En fin, ya es hora de tu medicina.
   El doctor hizo una seña a su asistente. Momentos después el anestesiólogo entró y suministró la dosis correcta de morfina en el catéter de Joe, que estaba justo debajo de su tatuaje verde en forma de trébol. Lo dejaron solo y cerraron la puerta. 

   Por la noche, los técnicos del hospital interceptaron casualmente la copia de un correo electrónico que aparentemente había salido a través de la red inalámbrica del tercer piso del hospital, el piso donde se encontraba Joe. Uno de ellos imprimió el correo y se lo hizo llegar a la asistente del doctor. Cuando la señorita entró en la oficina del doctor con el mensaje, éste tomó el papel y lo ojeó.



   El doctor terminó de leer el texto, se lo pasó a su asistente.
 - Gracias. Por favor deshágase de esto y todas sus copias.
 - Si doctor. Pero no cree que...
 - ¿Qué se le ofrece? 
 - Parece que su paciente Joe experimentó un sueño de nivel dos.
 - No, no. Es una broma local, algún cretino mandando correos desde la sala de espera, eso es todo.
 - Pero doctor, en ese piso no hay sala de espera. Es mas, el acceso está completamente restringido y no hubo ningún dispositivo electrónico conectado al AP-Antarctica.
    Lunis miró largamente por la ventana. Luego dijo: "… si, lo hace a uno pensar, ¿no?"

marzo 11

   La mañana llega a su final en Casa del Tío Chueco. Señora del Aseo ha barrido y trapeado ya el piso de la sala. Aún así las manchas de pis y excremento permanecen, son casi indelebles. Después de cortar tres piezas de cerámica en el patio delantero, Señor Serio abre las puertas de la casa. Las puertas que comunican al patio delantero y trasero ahora están abiertas. Entran Madre Soltera y Niña con Capacidades Diferentes a la casa.
 - ¿Ya limpiaste el suelo Señora del Aseo?
 - Si Madre Soltera, ya barrí la sala y el comedor.
 - ¿Y qué es ese polvo rojo que está en el suelo?
 - Eso es de ahorita, debe ser de afuera.
 - Ah si, eso es culpa de Señor Serio. ¡Señor Serio! ¿Qué hace esto aquí?
 - No se a qué te refieres.
 - Ese polvo que está ahí en el suelo.
 - No hay problema, aquí está Señora del Aseo. Para eso está: para limpiar.
 - Señora del Aseo ya barrió y limpió.
 - Puede volver a barrer, para eso le pagas. - Señor Serio a Señora del Aseo - Ahorita por favor barres el polvo que está ahí.
 - Si, ahorita.
   Señora del Aseo no interrumpe lo que está haciendo para limpiar el piso. Señor Serio va al patio de atrás por una escoba y un recogedor, barre el polvo de la sala y lo limpia. Termina. Señor Serio dice a Madre Soltera: "¿Para esto le pagas a la chacha?" Señora del Aseo llora, sube a su habitación. Madre Soltera y Niña con Capacidades Diferentes la siguen. Cuando Niña con Capacidades Diferentes baja las escaleras, la escucho decir a Señor Serio: "Eres una bestia". Señor Serio sale de la casa, me sonrié, se disculpa y dice: "Perdón, son mi tía y mi prima". Yo le pregunto por qué insiste en etiquetar a los personajes. Me contesta: "Siempre ayuda distinguir a la gente seria de la que no lo es". Le pregunto si es verdad lo que me cuenta. Como diría Lucas, me dice: "Importa poco que sea verdadero o falso, a la gente le gusta el escándalo".