enero 28


Am Fender Stratocaster / DiMarzio pups / 500k pot

   Por fin recogí mi guitarra. Al principio pensé que le habían cambiado el brazo porque estaba increíblemente limpio. No fue así. Lo que sí pasó y fue triste es que se quedaron una trenza que tenía colgada en la maquinaria. Y cuando pregunté por ella todavía me preguntaron cuánto había costado. Cuando les dije que la había tejido yo vi que un cliente sonrió. Se que es costumbre ponerle precio a todo, pero existen cosas irreemplazables. Ay pero qué pen... dejos.

enero 22

   El búho lo despertó. Pensó que lo llamaba por su nombre. Entrar a ese taller escondido de primer piso en la calle del centro histórico buscando al maestro y encontrar al hijo imbécil a cambio. Escucharlo decir tonterías mientras examinaba su guitarra. Roberto solo miraba las fotos del maestro en el cuarto. El espacio tapizado con fotos de artistas famosos y una versión más joven del maestro, sin canas y con la misma mala cara con que le atendía. McCartney, VanHalen, Malmsteen, Slash, el que quieras, eso sí nada de Daniela Romo ni Sergio Andrade. Roberto sospechaba que la habilidad del maestro era escasa y se basaba más en esas fotos que en otra cosa. En ese momento el hijo del maestro terminó de colocar la cuerda a su guitarra y se preparaba para probarla. Sonó el celular de Roberto, colgó para concentrarse mejor en la prueba de sonido. El hijo del maestro golpeaba la cuerda, pero esta no vibraba. Inmediatamente se le soltó la lengua indicando que el problema podía ser la maquinaria, o bien el jack. Roberto se acercó a su guitarra y con un desarmador ajustó la altura de las pastillas. Todas ellas pegaban con la cuerda y le impedía vibrar. Se preguntó si el hijo del maestro no era el resultado fortuito del efecto degenerativo y hereditario producido por quizá un millón de drogas ingeridas por sus progenitores… durante su vida o simplemente el consumo materno de varias sustancias ilícitas durante el periodo de gestación. Ese pinche ácido fólico. Ayudantes que tosían de todo; cuando alguien llegaba, cuando alguien salía, antes de hablar, guardando silencio. Era molesto. Desconfiaba de la gente con demasiada personalidad gutural. No estuvo mucho tiempo ahí.

   Comer en un café sobre la calle de Bolívar esquina Regina. Roberto encontró demasiadas similitudes entre las relaciones del protagonista del libro de cuentos que leía y las mujeres de su vida. En especial en cuanto a los reclamos se refería. Le sonaba familiar. Incluso creyó escuchar a su propia madre. Se rio solo un rato. En la noche compartió unas copas con amigos que hace tiempo no frecuentaba. Y contempló mucho tiempo la banda que tocó de ocho a diez de la noche, no tanto porque tocaran bien. Tomó ininterrumpidamente durante toda su estancia, a lo que la gente podría llamar una velocidad constante. Mientras hacía esto pensaba en ahorrar dinero y dedicarse un año a vive de la música. Gente se paraba, gente se sentaba. Reía, aguardaba, se olvidaba del estado de sus finanzas personales. Alguien le hizo el comentario de que se veía mucho mejor, Roberto pensó que quizás era cierto. Otra persona le preguntó si se había operado las pompas, no supo si hablaba en serio o fue broma. Conforme la noche avanzaba, el espacio interpersonal empequeñecía, la gente se le acercaba y le hablaba al oído. Gente iba. Venía. Ella llegó, no platicaron demasiado, dejó que la noche fluyera naturalmente. Y ella le preguntaba si venía con alguien. Roberto no es un premio por el que hay que competir para ir a algún lugar después. Y cuando sintió presión por todos lados y por más de una persona…temiendo no poder quedar bien con ninguna, hizo lo de siempre: dijo que iba al baño pero salió del bar, se echó un hotdog y caminó a su coche. Recibió varios mensajes instantáneos y una llamada, pero igual se fue directo a su casa, le mintió descaradamente a un alcoholímetro y se fue a dormir.

   Roberto lee en silencio en el patio trasero mientras su gato intenta cazar una mariposa inútilmente. Hoy Roberto pensaba que es natural que se retraiga siempre. Roberto es una personalidad tipo cinco según el eneagrama. Según el eneagrama, eso no justifica nada, solo corrobora lo que ya se sabe.

MC Escher

enero 18

   Luis se refleja en el vidrio traslúcido. No es Luis el que lo mira de regreso. Y todavía recuerda el día en que le preguntó a la mamá de su mejor amigo cómo supo que se casaría con su esposo y ella dejó escapar una risa como pensando´qué preguntas tan raras hace este niño. No debió tener más de ocho años, pero realmente quería saber cómo es que suceden esas cosas. Luis no recuerda la respuesta, básicamente porque no le satisfizo, fue una respusta idiota que alguien dice para salir de un momento incómodo y absurdo y que además no le ayudaba en nada a evaluar mejor a sus posibles candidatas.

   Luis recuerda que las niñas no lo miraban a los ojos en la primaria. Cuando por fin tuvo una novia no duró más de una semana. En la adolescencia, una muy celosa amiga suya se encargó de hacer que fuera rechazado por todas las niñas que le gustaban. Así fue como llegó Luis a la mayoría de edad, acomplejado por su condición de patito feo.

   Un día cachó a una compañera suya chateando con otra amiga. Hablaban de él a sus espaldas. El piensa que no es un juguete. Luis no es nada. Luis es algo. Si, pero en realidad no lo sabe. Luis se siente un juguete. Piensa que no es un muñeco, digo sí está carita, pero a ratos se siente machín y como que hasta le funciona el coco. Luis no es un premio a ser ganado. Luis debe ser algo. Voz en off: Luis no es nada, hombre.

   Años después yo le pregunté a Luis cómo fue que conoció a su esposa. Me contó que ese día regresando de la oficina, después de ver su reflejo, salió del metro pensando en su infancia. Y que salió caminando a la banqueta disipando todos los recuerdos. Fue entonces que sus ojos se encontraron. Dice que la mayoría de las mujeres voltea, baja la mirada, parpadea o mira hacia otro lado. "Y es como si hubiera visto su alma" dice. Yo no se. El caso es, una semana después la reconoció en una fiesta, eso sí es casualidad. Hablaron poco, no intercambiaron teléfonos, no se sonrieron, aceptaron su mutua compañía y en vez de despedirse, se fueron juntos.

enero 15

   Y tomé el vagón de tren como todos los demás días. Si no hubiera comprado El Gráfico no me hubiera enterado que un día como ese había nacido Vicente Huidobro, así como también había muerto Gabriela Mistral. Claro que... tampoco hubiera tenido material disponible y fotografías exclusivas en ropa interior para entrar al baño de la oficina a las 10 y media para entregarme a mi onanismo.

   Traté de olvidar que en la semana apenas pude despertarme para llegar antes de las diez a la oficina, que no tengo ninguna otra opción real de empleo... en fin, que la libertad consiste en la posibilidad de volver al cautiverio. Que la contradicción de Sofía era ser un habitante del mundo pero no habitar EL mundo. Que todos los días leo un periódico de diez pesos, solo para descubrir que el que vale 3 tiene más información de valor, me sacó una risa sincera y me puso tieso el miembro. Todo eso por menos de diez pesos.

   Se me había olvidado que tenía una película de Robert Downey Jr. en el coche. Y lo curioso es que la vi y ese día saliendo del trabajo me encontré con el tipo que siempre toca canciones en metro auditorio a las 6pm. Y recuerdo que muchas veces tenía ganas de decirle qué carajos hacía allí. Algo así como esa parte de la canción de Billy Joel cuando habla acerca del talento desperdiciado de un pianista en un bar. Pero no, en vez de dinero, puse la película al lado de las pocas monedas que tenía y seguí caminando. Toca muy bien ese cabrón. Toca tan bien que siempre siento cómo me mueve la tripa cuando termino el día. Es eso o quizá que tuve un mal día, o quizá que toca canciones llegadoras. Igual solamente sucede que soy un sentimental, en especial cuando hace frío y salgo de noche de la oficina hablando conmigo mismo.

   Traté de olvidar también que el fin de semana fui al centro, donde me encontré a un experto reparador de guitarras considerablemente más viejo, canoso y resignado. Debo decir que me sorprendió ver que tiene ya aprendices empeñados en absorber todo cuanto sabía el maestro. Me compusieron mi guitarra en menos de media hora. Me agarró la lluvia mientras comía en una fonda sobre la calle de Regina. Pasé tarde por Martín para el ensayo de las cinco y para las diez de la noche teníamos puestas otras cuatro canciones, incluída la de "Escapar". Traté de olvidar que nos dimos una vuelta en vano a la Roma, donde no encontramos a ningún representante de ningún bar para darnos ninguna explicación de nada. Traté de olvidar que al día siguiente llené deliberadamente mis solicitudes para ingresar no a una, sino a dos universidades suecas donde la tésis consiste en escribir ideas locas sobre cómo hacer métodos numéricos. Y también traté de olvidar que compré un libro de la veracruzana N. Lazo donde uno de los personajes afirma... que para escapar solo es necesario estar atrapado. Pero hace mucho que dejé de ser un aprendiz de Houdini. Más bien, como siempre y como diría Gus: Afuera mis entrañas...