El otro día presté el libro que tanto te gustaba. Pero antes de prestarlo lo hojeé y me acordé de cuando estábamos en el tejado de casa de mi prima aquéllas vacaciones de semana santa. Caminaste al borde, miraste hacia abajo y me comentaste que tenías vértigo. Regresaste y me miraste a los ojos: "Tú me das vértigo". Luego se te hizo costumbre decirme todo tipo de cosas parecidas. Lección: nunca mires hacia abajo. Y tal vez ahora tú me podrías sacar de dudas respecto a si es una promoción o más bien una degradación pasar de ser escapista profesional a corredor ocasional, porque Parménides es algo anacrónico. (Otra de tus palabras favoritas.) Supongo que da igual, porque para morir bajo algún signo casi tendría que ser aplastado por una aplanadora y ni así sería una declaración suficientemente contundente para afirmar algo o para negar nada... respecto al valor de verdad de lo que se asevera ¿Es algo positivo ser aplastado por tu propio peso, como lo es negativo ser aplastado por el de las circunstancias? Posiblemente. No, no es probable, sólo posible. No, no estoy a dieta, pero sólo porque mi propio peso no es una amenaza para nadie, lo cargo sin problemas. Eso tiene que ser positivo, ¿no? A K le dije alguna vez que la había conocido en otra vida cuando se llamaba igual que tú. Eso sí fue algo negativo. Luego de plano cambié la sopa de letras por sopa maruchan. Fake plastic noodles. Eso fue antes de que me intoxicara y volviera a la sopa de letras, llegaran varias A's y todo volviera a empezar. Porque cuando le dije a K que había conocido a alguien que me recordaba a ella no le estaba diciendo mentiras: conocí a P. Y cuando Q implica P, P sólo si Q. Claro que, no he conocido a Q y por tanto la aseveración no tiene sentido. O tal vez no te puedo engañar porque sabes que formulé todo al revés a propósito. También es posible pero da igual.
Sopa de letras. K, espero que estés surfeando en alguna playa de la riviera maya (en sentido figurado) y no literalmente dándole vueltas a la gran manzana. P, claro que estoy donde quiero estar. R, ¿mordida o abrazo fuerte?, difícil decisión. C, cuando vuelva te preparo hot cakes. D, feliz cumpleaños. Y tal vez debería buscar una letra más derechita y bonita; una letra más clara. Alguna letra manuscrita, no de pinche molde, con la cual firmar un acuerdo de extrema confidencialidad para discutir, compartir o quizá destruir esta siempre creciente lista de pendientes. Búsqueda frenética. Esa era tu frase cuando todavía buscabas. No, ya no corro en las mañanas, con los años mi propia sinfonía también ha adquirido considerable rigidez. Y si por causas de fuerza mayor lo tengo que hacer (éso de correr en las mañanas), prefiero hacerlo siempre después del desayuno... desde luego, saliendo por la puerta.