Como parte del final del proceso de reclutamiento, era requerido en Rodolfo Gaona cerca del Toreo para llevar a cabo entrevistas con el líder de calidad, así como el director de cierta organización dedicada al desarrollo de software.
Como siempre dejé mi coche en Taxqueña y recorrí toda la línea azul. Casi cuando estuve a punto de llegar, pensaba. En eso y en la importancia de las decisiones que estaba tomando. En tomar una buena decisión. Una decisión estratégica. Unas cuántas estaciones antes de llegar, entró alguien que me pareció primero estudiante de teatro, se movía y proyectaba muy bien la voz. Comenzó preguntándole a los pasajeros si alguien había visto pasar un elefante. Un elefante rosa. ¡Qué feliz infancia! Inmediatamente captó mi atención. Se puso a recitar versos conocidos. Tenía ganas de darle dinero pero no tenía cambio. Tenía ganas de decirle "¡Hey, la vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer!" Porque se puso a relatar la introducción de Altazor y es que no pude evitar pensar en eso cuando llegamos al final de la línea y se escuchó la voz a través del altoparlante: "Próxima estación Cuatro Caminos... ningún pasajero puede permanecer aquí." Madres. Eso lo dijo todo. Y sí, cuando se es el Altazor los pinches sismógrafos registran tu paso por el mundo, siempre y cuando tomes uno de los cuatro caminos. Y solo quizá, como decía un famoso escritor... salga algún tren a alguna parte. No será pronto, esa estación es la peor de todas en las que he estado.