enero 26

   Llevaba varios días sin dormir la tarde en que entré al estudio, aquella tarde que olía a ceniza y humo de cigarro. Lo encontré leyendo. Después de un rato levantó su vista cansada, tomó un lápiz y papel. Comenzó a dibujar. Yo observaba en silencio. Dibujó una persona, dibujó después el universo en su cabeza. Dibujó a otra. Señaló el breve espacio entre los dos dibujos y dijo: "Entre los dos está el mundo." No estoy seguro si se refería a este mundo, a otro, o si en todo caso eran parte de la misma cosa. Tomó nuevamente su lápiz y rellenó el mundo entre los dos. "Es lo que compartimos." Y fue cuando tomé el papel, señalé las aristas del borde rectangular, recorrí su perímetro con el dedo índice y luego en la esquina superior izquierda alcancé a trazar la letra 'U'. El rió, tomó el papel y anotó la leyenda 'An-Verso'. Le pregunté qué quería decir. Nuevamente rió y dijo: "Chiste local" Luego, mirando a través del vidrio por el que se mira, continuó:
- Vete a dormir, dicen que la iguana morderá a quien no sueña.
- Si. Se dicen muchas cosas.
- Chico listo. ¿Asi que quieres saber de qué se trata? Está bien, te lo diré: el anverso es el origen de la ilusión. -tomó el papel y lo volteó- El control se ha ejercido siempre desde otro lado. ¿Lo ves ahora?
   No le comprendí ese día, como tampoco creo comprenderlo el día de hoy. La última vez que visité el estudio, estaba lleno de ácaros de polvo. Me sorprendió que quedaran tan pocos libros. Un gato dormía sobre la silla. Su escritorio estaba cubierto de pelos y había juguetes encima. El suelo. El suelo tenía manchas de excrementos y orines de perro. Por mas que busqué, no encontré rastro de la medalla que conmemora los esfuerzos de toda su vida, seguramente está en manos de algún hombre que la merece y aprecia mejor que yo.

An-Verso

enero 21

   La entrevista duró poco. Mi interlocutor parecía nervioso pero proseguí con el interrogatorio de rutina y fui lo mas objetivo posible.
- ¿Dónde y cuándo fue la última vez que usted vio al Dr. Cheng?
- En el Centro de Convenciones del Fondo Supranacional Mundo Unido S.A. de C.G.1 Eran aproximadamente las diez de la mañana.
- ¿Qué hacía usted ahí?
- Participé como ponente.
- ¿Cuál es su área de expertise?
- Propulsión y precipitación de nanopartículas en la troposfera. Poseo diferentes patentes en el tema.
- ¿Cuál es su relación con el fallecido Dr. Cheng?
- El doctor estaba interesado en colaborar conmigo, eso es todo.
- ¿Qué tipo de trabajo tenía en mente realizar?
- El doctor insistió mucho en que mediante métodos estadísticos era capaz de probar que el surgimiento de pandemias está ligado a un fenómeno atmosférico.
- ¿Es eso posible?
   Mi interlocutor tomó asiento y encendió un cigarrillo. Respondió:
- En principio sí.
- ¿Podría explicarlo mejor?
- Los análisis del doctor demuestran, mediante regresiones lineales, que existe una correlación entre ambos fenómenos.
- ¿Qué tipo de "correlación"?
- En realidad es una relación directa y causal.
- ¿Puede usted probar los hechos?
- Lamentablemente los documentos del doctor fueron destruidos en el mismo incendio que terminó con su vida. Es muy desafortunado. Sin embargo, cualquier científico aficionado con acceso a instrumentos de medición podría reconstruir los mismos datos, suponiendo que le interesara y estuviera dispuesto a "soportar el calor".
- No le comprendo del todo. ¿Por qué me está confiando todo esto?
   Mi interlocutor dejó el cigarrillo y estiró los brazos encima de la silla. Hizo una indicación para que apagara la grabadora. La apagué y continuó explicando.
- La precipitación de partículas mediante dispositivos de propulsión en las capas bajas de la atmósfera no es algo nuevo, es algo que lleva ya varias décadas.
- ¿Varias décadas? En ese caso, se ha ido perfeccionando, es natural.
- Exactamente. Se ha perfeccionado, tanto el método, como el producto entregado.
- ¿El producto entregado? ¿Qué quiere decir?
- Quiero decir que estas partículas en realidad son microorganismos de última generación, una vez dentro del huésped, reaccionan a sustancias aparentemente inertes. -se tapó la cara- Las cosas están fuera de control, por eso accedí a esta entrevista. ¿Comprende?
- Creo que si. Es decir, veo el problema. Pero, ¿luego qué? ¿Qué piensan hacer al respecto?
- Vacunas por un lado, varios millones. Por el otro, medicamentos de prescripción para controlar la sintomatología. Según me han dicho, las personas que recurran a analgésicos o anticoagulantes correrán la peor de las suertes.
   La entrevista me dejó frío, no esperaba algo así. Cuando llegué a casa preparé un café y me apresuré a realizar la transcripción. Se la envié al jefe de redacción antes del deadline pero no recibí respuesta. Mi nota nunca se publicó. Al día siguiente el cielo apareció claro y despejado sobre la megalópolis salvo por dos líneas blancas, rectas y bien definidas que lo atravesaban. Entrada la tarde, la gran nube descendió sobre las zonas urbanas.

   En la semana, el departamento de recursos humanos de la editorial solicitó mi baja, alegando uso de sustancias ilícitas y trastorno esquizoide de la personalidad. Me mostraron los resultados de diversas pruebas psicométricas que nunca realicé. Lo que mas me sorprendió fue que tuvieran exámenes de laboratorio falsos que pretendían demostrar sus alegatos. Supe, tiempo después, que mi ex jefe y ahora director editorial, hizo mucho dinero invirtiendo en acciones de una compañía farmacéutica. Tras el despido, mi carrera periodística terminó, nunca pude volver a trabajar en otra agencia editorial o noticiosa. En la misma semana, la persona entrevistada aparentemente se suicidó. Aún conservo la grabadora con el audio original de la entrevista. La última vez que la mostré se sugirió que fue hecha en un ordenador casero. Ahora las muertes escalan los ocho mil, nadie sabe con exactitud la cifra de infectados. Yo, desde luego, sigo sin tomar aspirinas.



1. S.A. de C.G: Neolengua. Empresa de giros diversos constituída por socios anónimos y definida, por su financiamiento, como de capital global.

enero 17

   Antes de que la crisis tomara proporciones épicas, fui invitado a un recorrido express en lo que ahora se conoce como los refugios subterráneos. Invitación que naturalmente rechacé. En ese entonces, nadie esperaba que el virus influenza A subtipo H1N3 tuviera una mutación particularmente letal. Supe, tiempo después y por una fuente interna, que los refugios fueron incapaces de contener la epidemia. 

   Los eventos que me llevaron a tal invitación se remontan a días antes de que cesaran por completo las transmisiones de televisión. No fue problema volver a usar mascarilla, era algo que ya se había ensayado en anteriores pandemias. Fue entonces que empezaron a pasarme cosas realmente extrañas, casualidades, por así decirlo. Lo recuerdo porque el tipo de casualidad era algo sin precedentes hasta aquel momento. Por ejemplo, en menos de una semana me topé con tres personas que se llamaban igual que los personajes de mis textos. Esto no fue tan sorprendente como el hecho de que hasta compartían ciertos rasgos y características físicas con los personajes imaginarios. Varias veces pensé que estas cosas eran producto del shock o estrés postraumático. Después se me ocurrió que alguien había conseguido finalmente echarle mano al archivo de configuración universal que rige las leyes del espacio y del tiempo, saboteándolo definitiva e irreversiblemente. En ese entonces yo, como la mayoría, era una persona sumamente ingenua.

   Como me explicaron mas tarde los mismos sobrevivientes, las cosas eran mas sencillas de lo que parecían. Lo digo así porque de la gente que me topé, aparentemente por casualidad, todos resultaron ser actores profesionales. Así fue como uno de ellos me presentó conmigo mismo. Al menos así lo interpreté, pues dijo que se llamaba igual que yo. Me propuso participar en un viaje express que, te repito, rechacé. En fin, pasaron muchas cosas, sin embargo en retrospectiva, existen suficientes elementos para afirmar que no es solo posible, sino probable que los grandes desastres que redujeron la población mundial en un 98%, así como sus similitudes con las profecías bíblicas, fueron deliberadamente planeados y ejecutados con incalculable precisión.

Ensayo pandémico

enero 7

Tulko XIII
 

   Estuve caminando cuesta arriba durante todo el día, aún así no logré llegar a tiempo. Antes de que cayera la noche, me crucé con otro espejismo. Para entonces yo era un hombre demasiado cansado para semejantes utopías, así que decidí ignorarlo. Sólo me recosté. La temperatura había descendido considerablemente. Cerré los ojos. Casi al instante los volví a abrir. Noté enseguida que estaba ya muy entrada la noche y era particularmente estrellada. Creí ver una persona escondiéndose entre las rocas. La seguí por un rato, sin embargo el cansancio se volvió insoportable y tuve que volver a recostarme. Esta vez me despertó un escarabajo pelotero. Vibraba. Me habló en una lengua muy antigua, dijo que sólo cuando no hay luz se pueden ver las estrellas. No me sentí maravillado, quizá algo perplejo. Era, sin duda, otro espejismo. Pero la frase resonó en mi cabeza un par de veces, por lo que me vi forzado a reanudar la caminata y tratar de despejar la mente.

   Algún tiempo después llegué a lo que parecía ser una cueva. Una vez dentro, me hice espacio para pasar la noche cuando el mismo escarabajo apareció. Lo escuché decir algo, pero en la sorpresa tropecé y caí. Sin querer lo aplasté. No era un espejismo, era un insecto pelotudo, crujiente y viscoso. Lo aplasté con la mano y su pesada carga quedó entre mis dedos. Intenté limpiarla contra las paredes de la cueva haciendo movimientos rectos como en zigzag. Es decir, mas o menos. Maldije en voz alta varias veces y finalmente me quedé dormido.

   Desperté todavía de noche balbuceando necedades, luego decidi salír de la cueva y permanecer a la intemperie. Fue ahí donde me encontraron al día siguiente, delirante y casi a punto de morir. Estuve enfermo y guardando reposo durante semanas. Pronto dejé de hablar con las paredes, también dejaron de visitarme los escarabajos.

   Pasaron los años y al evocar aquel día, todos recordaron el alboroto en el pueblo: Aparentemente se había descubierto una nueva pintura en la cueva. Fue un gran revuelo, gente de todo el mundo se daba cita para entrar en la caverna y admirar el arte rupestre. Algunos eruditos incluso llegaron a asegurar que los caracteres pertenecían a un género que su taxonomía lingüística denominaba sánscrito. Por lo demás, nunca me atreví a ver tal pintura, de hecho cuando me repuse, abandoné el pueblo en dirección a la ciudad.

   Supe que había llegado a casa cuando al entrar en una panadería encontré una frase enmarcada que afirmaba la siguiente tautología: "Los sueños, sueños son."