-Y es justo cuando crees que se te han agotado las ideas cuando de pronto encuentras no solo una, sino varias.
-¿Llevas a cabo algún ritual cuando te encuentras en etapa de bloqueo?
-No tengo un método particular para resolver ese problema en específico. No estoy seguro de que problema sea la palabra correcta, me gusta pensar que es un estado mental.
-¿Supongo entonces que los rituales no tienen nada que ver en el proceso creativo?
-El proceso creativo existe por sí mismo. No debe confundirse con la persona que lo lleva a cabo. La persona puede estar atravesando una crisis o estar en una catársis. Lo que trato de decir es que el proceso creativo existe independientemente del creador.
-Sí claro -Dijo el entrevistador. -Pero ¿Estás consciente de que el proceso creativo existe primero y antes que nada en la mente del creador, quien hace posible que otros contemplen lo que él describe y tan nitidamente vislumbra desde su rincón creativo?
-Tienes razón y no a la vez. Te voy a decir por qué. El acto creativo y el sujeto creativo comparten únicamente ese instante, quizá el mas importante. Esto es, su creación. Más allá de eso cada uno se separa. Y es por eso que no creo en rituales para vencer ningún tipo de bloqueo. Lo que trato de explicar es que el creador, en cuanto sujeto, no está seguro y no puede saber si es él mismo quien contempla o si por unos minutos le roba el punto de vista a una tercera persona para mostrárnoslo.
-JAJAJA. Sí claro. Desde luego. Efectivamente Jaime. Gracias por acceder a esta entrevista eh.
Se que Jaime es un fantoche, pero de alguna manera hoy que me sentí fastidiado en la oficina no pude sino pensar en que tal vez estaba en lo cierto. A veces cuando las cosas alcanzan cierto grado de insatisfacción y uno puede percibir la frustración elevándose, me gusta salir a despejarme. Esta semana las dos ocasiones que intenté eso tuvieron desenlaces totalmente inesperados e inexplicablemente placenteros. El primero me reunió con una persona con quien no tenía contacto hacía más de cinco años al colocarnos consecutivamente en la fila de espera en un café. El otro, igualmente fortuito, me colocó a la misma hora en el mismo vagón que un excompañero y compañero de fiestas una hora antes de mi hora habitual de salida de la oficina. Y uno no puede sino preguntarse si existen reglas que secretamente gobiernan eso: el azar. Pero luego intuyo que el azar es una regla en sí mismo, como la relación dialéctica entre sujeto y acto creativo.
Y apagué el radio justo cuando Gustavo terminaba de decir esa frase: "Providencia puede ser azar, donde estemos juntos será nuestro hogar."

