junio 9

   Entré a la cabina del trigésimo tercer vagón preguntando por la persona que ocupa el mando. ¿Quién es ese imbécil que insiste en contar? ¿En cantarme los números? ¿Por qué insiste en celebrármelos?, por mas que le he dicho que en realidad lo milagroso es que la tierra siga girando sobre su órbita precisa.
 
   Me explicaron que el piloto de mando seguía atorado en la estación anterior y que nadie sabía cuánto tiempo llevaba ahí. Nadie sabía tampoco cuándo iba a salir, si acaso salía. La pregunta entonces era evidente: ¿Quién es este farsante que continúa contando aunque yo ya no estoy ahí? "Piloto automático, señor." me respondieron. Si, eso era posible, todos tenemos uno.
 
   Abrí la puerta de la sala de controles y noté que la palanca de marcha estaba en modo subjuntivo pluscuanperfecto. Había varios diferentes modos y demasiados botones en el tablero. ¿Cómo putas saber la configuración correcta? "Presente indicativo, señor." los escuché decir. Moví con gran esfuerzo la palanca, parecía trabada. Luego de cambiar el modo, la palanca temblaba pero la marcha adquirió mas velocidad y casi vuelvo el estómago por la inercia. "Sujétela firme, señor."
 
   Inmediatamente después de realizar el ajuste, uno de ellos se acercó a mi y me entregó una carta del piloto atascado en la última estación, a propósito del número cuarenta y dos. Le eché un vistazo rápido, el documento parecía auténtico. Anexo copia. ¿De dónde salió esto? "De la estación anterior, señor." ¿Y cuál era esa? "Estación de paso, señor." Una alarma comenzó a sonar. ¿Y ahora qué pasa? "Nos acercamos a la siguiente estación, señor." ¿Y cuál es ésta? "Estación por venir, señor." Me quedé pensando, apretaba la palanca. ¿Qué? ¿Cómo dices?


Nota*: Lo mas parecido es la #41.

junio 6

   Ese día pasaron por mí temprano. Pero antes, compré una revista y me senté a tomar café, quería matar el tiempo. Revisé el índice, sólo un artículo parecía interesante. Antes de terminarlo, vi tu nombre en los créditos. Me pareció extraño ver que el artículo fue escrito por alguien que afirmaba haber usado información tuya. Eso sí es extraño, digo, considerando que yo estaba a punto de salir hacia allá. Sí. La última vez fue contigo, ¿te acuerdas?
 
   Aunque me pareció raro, al cabo de un rato manejando lo olvidé. Y me tomó por sorpresa al doblar las últimas curvas y entrar al pueblo. Esperaba todo menos eso, llegar y ver esas letras sobre la pared. Era como si siempre hubieran estado allí, esperando a que llegara yo: "¿Puedes pensar en mi?" Nunca había recibido un mensaje de esos. Revisé mi celular. Tenía varias llamadas perdidas de un número desconocido. Luego estuve muy ocupado viviendo de corrido: yendo a cenar, tomando bebidas, algunas risas, durmiendo, repito. Sustituyendo cenas por comidas, repito.
 
   Y tembló por la mañana. De vez en cuando los sismógrafos marcan mi paso por el mundo. No, no estuve solo. Traía mi paracaídas. No, ya en serio, ¿no te acuerdas que pasaron por mi? En fin, eso hicimos. Y todo lo demás. Por mi parte, me dejé crecer los huevos, cambié a una dieta estrictamente vegana y cumplí con el compromiso de borrar tu número de teléfono. Cumplí con mi parte. Sospecho que tú no tuviste problema en cumplir con la tuya.