diciembre 24

   Cuando los días terminaron de acumularse en ese lado del estante decidí finalmente cambiar las ménsulas. Ya hace años de eso, pero ¿recuerdas aquél día? Una noche antes de Navidad. Yo insistí en terminar de ver la ejecución de los Love Electric hasta el fin. En realidad me encontré con Todd en el mingitorio y alcancé a cruzar una palabra con él. Salimos de ahí tarde y casi nos terminamos tres botellas de vino. Hacia la madrugada solo contemplaba la ciudad por la ventana. A la mañana siguiente despertaste con los ojos hinchados, nos dimos prisa y bajamos a pedir un taxi. Era una mañana particularmente gris. Atravesamos la ciudad en pocos minutos. Sentía el viento frío, se metía por la ventanilla y me daba en el pelo, en la frente, estaba por todas partes. Pocos días después te fuiste al sur. Varias veces pensé en visitarte. Mas bien no estaba pensando en irme de visita, creo que mas bien era una mudanza.

   Hoy salí tarde de la plaza. No se si hay poca gente porque cierran o cierran porque hay poca gente. Así son noches como hoy. Todo pasó rápido, como pasar sin hacer camino. Este año falleció mi abuela, ¿te platiqué el número de su habitación? En unas horas será el mismo circo de siempre. Idéntico. Los años me caen encima, ¿cómo esquivarlos? 

   Tomo la escalera eléctrica, descenso eléctrico, me introduzco en el interior del cono decorado, desciendo un piso. No alcanzo a descifrar si eso último fue simbólico, pero fue real. La última vez que te vi fue por casualidad ... otra vez el día antes de Navidad. Giré la cabeza y alcancé a verte en los peldaños superiores de la escalera. Permanecí de espaldas al movimiento mientras pensaba en pisar tierra firme, poner bien el pie y no tropezar.




diciembre 19

   Me encontraba en el ático, acomodando algunas semillas de pino y otras cosas cuando me topé con el regalo que el Dr. Larsen le dio a mi tatarabuelo antes de partir hacia las heladas tierras de la Antártida. No pude resistir la tentación y miré dentro. Encontré la siguiente nota escrita de puño y letra del doctor:
El Tablero de Mehen ha sufrido considerables cambios a lo largo de los últimos siglos, sin embargo conserva su característica forma de espiral y "puede ser entendido como un juego para la eternidad, con partidas que habrían durado una eternidad." (1)
Con respecto a la casilla 42, las reglas establecen que una vez ahí, la ficha pierde su turno hasta que otra caiga en ese mismo lugar, en cuyo caso intercambian papeles preservando así el orden de las cosas. Es decir, una vez que la casilla es ocupada por una ficha, las mismas reglas aseguran que siempre permanezca ocupada. 
El número 42, la semiósis ilimitada de los jugadores, es personificada como un laberinto. La ficha representa a los mismos jugadores desafortunados y neuróticos que durante los últimos diez milenios han habitado la faz de la tierra.   
El secreto que el número 42 codifica ha permanecido oculto y es intencionalmente ignorado. Sin embargo, varias mentes han intuído desde siempre el rol de este número en nuestra especie, como respuesta a la vida, el universo y todo lo que existe, sin que nadie haya llegado a formular jamás correctamente la pregunta. 
Dr. Larsen
   Guardé la nota y decidí llevar el juego a la sala. En el camino se me atravesó el espejo. Observador y objeto observado son la misma cosa. El universo se contempla a sí mismo. Los que antes sostenían que la tierra no se mueve insisten ahora en que dios no juega a los dados. 

Juego de la Oca

1. Timothy Kendall: Mehen: The Ancient Egyptian Game of the Serpent, por Irving Finkel. University College London.

diciembre 8

   No estoy seguro cuánto tiempo permaneció la caja. Algunas cosas permanecen, otras no. La verdad es que al final, pocas cosas duraron tanto como aquélla caja. Me es casi imposible evocar un recuerdo sin ella. La caja habita en mi, yo habito la caja. La caja es parte de mi porque yo formo parte de la caja. Cuando el día parece insoportable es hora de volver a caja. De hecho, nunca es tarde para volver a caja. Ese día se fue la luz, el viejo que percibía mi frustración, se sentó a hablar conmigo. Me dijo:

- Ahora voy a mostrarte cuál es el problema, cabeza hueca.
- ¿Cabeza hueca?
- Exacto… ya veo, el problema es que no hay vacantes.

   El viejo se acercó, extendió su mano y me la colocó en la frente. Después cerró los ojos y murmuró palabras ininteligibles.

- ¿Qué estás haciendo? Seguro hay que cambiar el fusible.
- Cabeza hueca.
- Te digo que revisemos primero el fusible, seguro se fundió.
- Ellos no son como tú, cabeza hueca. 

   Entonces el viejo realizó un movimiento brusco y pude sentir su mano atravesándome la cabeza. Me invadió una especie de claridad de pensamiento, una extraña paz interior. El viejo exclamó: "Listo cabeza hueca, caja idiota", juntando sus manos y acercándolas al suelo. Yo quería decir algo, pero nada venía a mi mente, la encontré profundamente vacía.

- ¿Cómo pensabas llenar un recipiente ya de por sí lleno? Cabeza hueca. 

   El viejo desapareció, inmediatamente volvió la luz. Ese día tiré la caja.

Vacío