octubre 4

   Mientras Luis hacía sus flexiones rutinarias sobre la colchoneta recordaba. El tiempo es una de esas cosas que crees que posees, hasta que miras el reloj o ves el calendario. Así se pasaron los días. Cuatro de octubre. Hoy es el cumpleaños de alguien. Sí, pero vamos Luis, siempre es cumpleaños de alguien. Claro. Y mientras se flexionaba, pensaba en lo lejos que se encontraba ahora de las horas en los vagones, de las horas nalga, de los cuadernos con notas personales que escribía sin parar en la oficina. Tan lejos de aguardar secretamente la hora en que pudiera masturbarse en el baño sin pudor, así como también lejos de las otras veces. Veces en que apenas le alcanzaban los ánimos para cerrar la puerta del baño de la oficina y tomar un papel para secarse las lágrimas. Pena silenciosa. Siempre igual. Firme en el espejo. Estigma descalificable.

   Una de las mejores decisiones. Ah, decisiones. No podría decir nunca que fue tiempo perdido. En horas laborales escribió un cuaderno completo, casi dos, de notas personales... leyó tres libros electrónicos, logró establecer contacto por chat con compañeros que creía perdidos, no entregó ningún pendiente para su jefa directa en lo que iba del año. Pero eso sí, leía el periódico todos los días, también en horas laborales. En ese mismo tiempo había logrado componer y armar casi seis canciones, claro, ya los fines de semana. Eso, desde luego, sin contar sus interminables caminatas y el tiempo que le tomaba entregarse regularmente a su onanismo en el baño de la oficina. En realidad a su partida, sí le sorprendió que no le pidieran hacer un respaldo de los archivos de su máquina. Pero luego recordó que su diario personal siempre estuvo al alcance de todas las manos y nunca desapareció. También pensó que nadie querría leer a Welsh o Bukowski. Al menos no en formatos digitales. Y supuso asímismo que habría poco interés en leer a Mujeres que corren con lobos, o El proceso creativo, un simposio. Este último, una recopilación de cartas personales de Freud, Jung, Einstein, Mozart, Shakespeare, Van Gogh, etc... sobre el proceso creativo. La verdad, tampoco esperaba que le pidieran tanto, solo una copia de sus archivos diarios de operación. Pero ni eso había sucedido, era extraño. Sí, lo era, pero había resistido. Y lo había hecho bien. Ahora con el dinero ahorrado por fin tenía la posibilidad de abrir su propio negocio.

   Una chica se acercó y comenzó a hacer ejercicios sobre la pelota al lado de Luis. La miró de reojo. Ella lo miró de reojo. "Muy chava" pensó. Continuó con sus flexiones y ella continuó con sus ejercicios. Sus ojos se volvieron a encontrar. Ella se levantó muy lentamente, presumiendo sus curvas. No satisfecha con eso todavía se agachó y se acomodó descaradamente sus licras a literalmente centímetros de la cara de Luis, quien todavía se encontraba sobre la colchoneta en posición de flexiones abdominales. A Luis se le salieron los ojos. ¿Eso es legal? Digo, ¿ya no hay reglas? En fin, a pesar de todo, Luis continuó con su rutina pensando en que pronto terminaría otro año. Hay una fatídica frase de un personaje de un libro de Fuentes que afirma tener muchas obligaciones y poco destino. ¿Luis Nahdalgo? Caso contrario. Tal vez lo único que hace falta es ser joven e irreverente. Eso es. Y es que Luis sigue siendo irreverente, aunque dudo que tan joven.