agosto 28

  Rafa y Alberto despertaron tarde.
-Sabes Rafa, tuve un sueño muy extraño.
-Siempre Beto, deberías cambiar de ángel de la guarda. Te presto el mío.
Rafa se precipitó por las escaleras hasta la cocina, abriendo rápidamente la alacena y sacando el cereal. Beto lo siguió con más calma.
-Te digo que tuve un sueño bizarro.
-Es la adolescencia Beto, así pasa cuando te la vives en internet, tu cara está llena de barros y las niñas no te hablan.
Beto alcanzó a darle una patada en el trasero mientras Rafa abría el refrigerador.
-¡Ya estuvo bueno Beto!
-Si te llevas te aguantas güey.
Rafa sacó la leche del refrigerador, se sentó en la mesa y finalmente preguntó:
-¿Pues qué? ¿Soñaste con las viejas de tu revista marrana otra vez?
-Soñé que conocía a J.S. Mill. Era un tipo joven, como yo.
Rafa escupió leche sobre la mesa, hizo a un lado su plato y escondió las Zucaritas.
 -Ya se te subió el azucar Beto, no mas cereal para tí.
 -Te digo que es real.
-¿Quién es ese güey? No digas mamadas Beto, es todo por el jipiteca ese que nos encontramos ayer ¿verdad? Debí suponerlo, debimos habernos ligado a las viejas esas como era el plan original, pero tenías que andar de autista como siempre.
  La noche anterior tocaba un grupo jazz latino integrado por diversas personalidades de diferentes nacionalidades en donde siempre. Después de unas risas, Al tuvo la oportunidad de improvisar un poco. El lugar estaba lleno de escuincles, pero no le importaba mucho. Esos micropuntos habían hecho lo suyo. Generalmente era capaz de escuchar sonidos, ahora no solo los veía, incluso podía atraparlos. Antes de bajar del escenario le regalaron unos aplausos, captó una sonrisa femenina procedente de la esquina. Pidió otro trago. Ella se le acercó. Se llamaba Ana. Hablabla mucho. Rápidamente invadió su espacio personal. En algún momento pensó que sus risas estaban en perfecta sincronía con el ruido del lugar. Era su tripi. Se hacía viejo para esas cosas. Antes de que estallara la tercera guerra mundial y las paredes se les vinieran encima, ambos se dirigieron con cierta urgencia a casa de Al, donde ella se recostó en la cama boca abajo. Minutos después Al jugaba con los sonidos que hacían sus palmas al golpear rápidamente los glúteos prominentes de Ana. Casi podía jurar que el estruendo se escuchaba hasta el exterior. Eran como truenos.

  Esa misma noche Rafa y Beto salían de putas. Era su primera noche solos en Tepoz pero encontraron un lugar no tan arrabalero y acogedor sin problema, eso era parte importante de las virtudes de ser adolescente. Beto se había bebido dos mezcales cuando escuchó ruidos extraños procedentes del exterior. Se escuchaban como cortísimos golpes. Le pareció el sonido como de un animal siendo domesticado. Quizá lo era. Decidió salir a investigar. Mientras salía notó que Rafa hacía su viejo número de ofrecer su encendedor a dos chavas que estaban en una mesa. Continuó su camino fuera del bar, donde los estruendos eran más notorios. Los siguió camino abajo y al final alcanzó a ver que procedían de una alcoba con la cortina y ventana abierta, luz apagada. Pero a poco... ¿En realidad procedían de ahí?

  Transcurrieron otros minutos, posiblemente unas horas. Al comenzó a sentirse cansado, a decir verdad también un poco confundido, sobre todo respecto al material, textura y demás características intrínsecas de lo que se encontraba a sí mismo percutiendo. Se levantó y encendió la luz:
-¿Qué putas?
Desde fuera Beto pudo observar a Al. Desde dentro Al pudo observar a Beto.

  Ana despertó a causa de la luz encima de su cabeza. A causa de la luz en su cabeza. A causa de la luz de su cabeza. A causa de...
-¿Al? -Le dijo con una voz suave, sugestiva, ronca, casi sexy.
  Un chiquillo como de quince años corría con fuerza hacia Beto mientras gritaba:
-¿Beto? ¡Qué haces ahí, vámonos a la casa! Ya estuvo bueno.
-Espera Rafa, tienes que ver esto.
-¿Beto qué haces ahí? Esa es la casa del loco jipiteca ese que anda por ahí como pinche vago.
-¿Qué? ¿Cuál loco jipiteca?
-Ya sabes. ¡Ese que se llama igual que tú!