¿Recuerdas ese día? Mucho antes de que cumplieras tu primer siglo, antes de que renunciaras a usar coche, antes incluso de que empezaras a desplazarte en andadera por tu departamento desordenado. Estoy seguro de que no lo recuerdas, porque la última vez que nos juntamos a ver las fotos del evento parecías perplejo, pero no tanto como ese día. No tanto como ese día antes de abrir tus regalos, cuando preguntaste si iba a venir el conejo de pascua o salir del pinche pastel o algo así fuera de lugar, como siempre haces. Supongo que se te ocurrió porque el pastel era enorme y hasta cabía una persona dentro, o lo viste en una película. Da igual, porque estábamos en septiembre y quizá por eso nadie entendió por qué insistías en ver liebres. Lo más lamentable fue cuando empezaste a "perseguirlas" por el jardín, argumentando que ya habías atrapado 399 y sólo te faltaba una más. Nadie te lo discutió. Luego estuviste charlando trivialidades con tu tocayo Al y otros asistentes.
Ya era pasada la tarde cuando nos dimos cuenta de que habías estado abusando del mezcal que estaba en la mesa, dí que no te pusiste a hablar con los vasos como en anteriores ocasiones. Esta vez sólo acaparaste el micrófono a la hora del karaoke y literalmente te pusiste a rapear como el pendejo de Caló. Lengua de hoy. Neolengua. Lenguas dormidas. Lenguas de octogenario borracho; tú. Tú y tus mamadas, pues. Y es que a pesar de que habías llegado en andadera, por un momento hasta fuiste capaz de sostener tu propio peso, contra todo pronóstico y frente a todas las adversidades del evento en marcha. En realidad nadie esperaba que cantaras eso, oh capitán mi capitán. Justo fue esa canción la que cantaste, la de Caló, no el poema de WW. Y el momento preciso en que soltaste la andadera fue cuando gritaste al micrófono: "¡No voy a ver a mi vieja jamás!". Vigorosa y positiva afirmación.
Yo sí recuerdo ese día. Y también recuerdo cuando te mostramos el video de lo ocurrido porque seguías perplejo. Y fue entonces cuando me miraste fijamente y casi como si te diera lástima, dijiste: "Es que... yo llevo 50 años de viudo, obviamente no voy a ver a mi vieja jamás."
