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octubre 10

    Esto no es un spoiler. La definiría como una obra experimental. Los críticos dicen que siempre haces lo mismo cuando no cambias el estilo y simultáneamente afirman que perdiste el estilo si te atreves a hacer algo diferente. No soy crítico y este libro tiene un poco de ambos, por eso lo considero experimental. Hay un poco de lo mismo y hay elementos nuevos, aunque no precisamente en ese orden y es completamente debatible si se hizo respetando las debidas proporciones o siquiera en los lugares indicados. El resultado es este y es lo que hay. Quizá es por eso que a ratos, mientras lo leía creí escuchar la risa de McEwan proveniente del segundo piso, ... pero tal vez fue el vecino.

Kazuo Ishiguro, Klara y el Sol

    ¿Conoces esa sensación de no querer que un libro termine mientras lo lees? Bueno, eso es justo lo que no me sucedió en ningún momento con este. De hecho, sería mentira pretender que capturó mi atención antes de la página 200. Y es que, a diferencia de otras obras suyas, esta en particular podría considerarse como una bomba de mecha muy larga; tarda chingos y chingos de tiempo en explotar. Más allá de eso, la explosión realmente sucede, únicamente para confirmar el sello dramático intenso tan característico del autor. En ese sentido, no decepciona. Siempre es injusto compararte con tu versión más joven e intrépida, así que no voy a compararla más con sus trabajos anteriores.

    Pero bueno, "Melania Sirvienta" suena a chiste demócrata. ¿No podría ser empleada doméstica o señora del aseo? Una casacada "Morgan" suena a banco que persigue. Y sólo faltó que el guardia de esa cascadita se llamara Jean Phillipe para concatenar sus iniciales antes del nombre. Karla hubiera servido como anagrama de Klara, pero eso quizá es más bien mi gusto personal. ¿Has leído libros donde los nombres describen al personaje que los trae como etiqueta? Aquí sucede en un personaje, a lo mucho dos: la proganonista y tal vez un calvo testarudo con apellido italiano. Y ya.

    Pasar las primeras 160 páginas a través de esa prosa llena de sustantivos comúnes capitalizados sin perder el interés es, de hecho, todo un reto. El "omnipotente" narrador en primera persona del autor amplifica el efecto. En más de una ocasión creí escuchar un mayordomo inglés atrapado en la cabecita de un bobot1. Y para ser sincero, todo el tiempo me estaba cuestionando la premisa fundamental sobre la que está construída el libro, es decir: El narrador es un robot. ¿Qué no los robots son máquinas súper precisas? ¿Por qué chingados narra como mayordomo introvertido? Y podría ir un poquito más allá: ¿Por qué un robot no escucharía en espacios exteriores? ¿Por qué no tendría sentido del olfato? ¿Por qué Klara es incapaz de medir la velocidad a la que se desplaza un vehículo en el que está inmersa? Digo, hasta mi reloj de pulsera sabe cuántos pasos dí hoy, mi celular tiene gps, mi red wi-fi sabe exactamente en qué habitación de mi casa me encuentro. ¿Por qué un personaje afirma que en el campo no se pueden entregar pizzas a domicilio? Vamos, hay taxis que se manejan solos y drones que te persiguen hasta matarte en algunos lugares de la Tierra, pero ¿qué voy a saber yo?

    No quisiera suponer que Ishiguro no investigó el tema antes de escribirlo, prefiero suponer que no estaba interesado en crear universos complejos con reglas bien definidas como otros autores han hecho antes que él, sobretodo en el género de ciencia ficción. Su estrategia consiste más en recalcar las características que podrían considerarse "humanas" de su protagonista y se dedica a reducir al mínimo sus propiedades mecánicas, entre ellas la precisión y la objetividad. Pero eso sólo funciona si hay una atomósfera lo suficientemente congruente para el personaje, en este caso sólo hay contradicciones y eso diluye la fiabilidad del narrador. Dices: Lo hizo a propósito, ese es precisamente el punto. Claro, y terminas escuchando las chaquetas mentales del mayordomo en la psíquis del bobot.

    Total que... es un libro ambicioso que menciona temas relevantes, significativos y vanguardistas sin ahondar particularmente en ninguno. Tiene sentido, ya que Ishiguro no es psicólogo, teólogo, futurólogo, filósofo, científico, sociólogo ni mucho menos todas a la vez. Ishiguro es, ante todo, un gran narrador de tonos solemnes y melancólicos. Pero el hecho de que nombre y enumere esos temas no contribuye a darnos una mejor idea del mundo distópico de la novela y me atrevería a decir que no sólo no complementan, sino que más bien distraen del tema central; ese viejo y conocido tema sobre el que se basa el libro. Y es que, casi por un momento plantea una nueva posibilidad de enfrentarlo. Casi, pero no, eso tampoco sucede. No llega la catársis ni la realización de esa nueva posibilidad, la bomba explota y sólo queda la misma sensación que tuve al terminar de ver un capítulo de "Los años maravillosos" o algún libro de Luisa M. Alcott.

1No es comparación, fue un flashback.

diciembre 31

   Comí con el abuelo. Se sentó en la cabecera del comedor y prendió un cigarro. Me platicó la historia de la extinción de la primera humanidad. Se hicieron esclavos de la precisión, me dijo mientras inhalaba, tomaron medidas muy exactas. Midieron el tiempo que le toma a la tierra girar sobre su propio eje y continuaron dividiéndolo. Pronto no bastaron las horas, ni los minutos. La precisión cotidiana se medía en segundos, después en nanosegundos. Los hombres continuaron dividiendo así el tiempo. El tiempo se dividió en espacios infinitesimales.

   Pero, me dice, mientras mas pequeñas eran sus mediciones, también sus lapsos de atención. Dime, ¿qué pasa cuando uno continúa dividiendo algo indefinidamente, a dónde se llega?


El límite cuando x se aproxima a infinito.

   Demasiada precisión, me dijo, ese fue el problema. Como yo no quería importunarlo, asentí con la cabeza y le pregunté entonces qué fue lo que hizo la siguiente humanidad. El tomó su cigarro y lo colocó en el borde del cenicero, se acomodó los tirantes y me dijo, muy sencillo, solo hicieron dos cosas: Eliminaron la primera persona del singular de todas las lenguas del mundo (en aquéllas en las que existía). La reemplazaron por la del plural. Ese fue el primer paso. Luego acordaron por consenso general, que la nueva unidad indivisible del tiempo correspondería a aquél que le toma a la tierra girar alrededor de su propio eje. O sea que el día se volvió la nueva unidad de medición, para comenzar a medir tiempos siempre mayores, en múltiplos, en órdenes.

   Las constantes se fijaron de la siguiente manera; de la gran pirámide se rescató el valor mas preciso del año, luego se dieron cuenta de que el diámetro lunar medido en millas era cinco veces el valor que multiplicado por la máxima frecuencia de resonancia de Schumann coincide con la vuelta completa de la bóveda celeste a través de las doce constelaciones, que avanza a una velocidad constante de un grado cada 72 años.

   Al contrario de la anterior humanidad, esta multiplicaba el tiempo; 1K-Año equivalía a 432 años, 1M-Año equivalía a 2,160 años, 1G-año a 25,920 años. Tiempos siempre mayores. Y la humanidad comenzó a respirar no solo mas hondo y profundo, sino mas lentamente. Así, nuestra especie trascendió sus propios límites espacio-temporales. No es sorprendente que los logros de esta nueva civilización fueran increíblemente mayores sucesivamente y continuaran así generación tras generación.

Años:
K-Años:
M-Años:
G-Años:

   El abuelo exhaló humo azul a través de los orificios nasales mientras cerraba un libro y entonces le pregunté: ¿Cómo sabes eso? Me miró abriendo mucho los ojos y me dijo, así es como se han transmitido estos y otros conocimientos generación tras generación, es importante llevar un registro de las cosas, es natural, todo comenzó con la palabra escrita.