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diciembre 6

   Me propuse economizar. Fue tal mi empeño que decidí comer solo una vez al día. Reduje considerablemente mi talla. Al cabo de una semana descubrí que las cáscaras de limón también son comestibles. Decidí invertir en eso... cáscaras, envolturas, etc. Pero pronto dejé de ingerir alimentos sólidos y mis prioridades cambiaron. Dejé de hablar para aprovechar mejor mis energías. A veces rumiaba, otras veces gemía. Cuando todavía me movía, en internet leí varios anuncios de gurús de la alimentación vegana. Algunos de ellos, los mas interesantes, aseguraban que un hombre es capaz de vivir perfectamente de la pura respiración. Decidí dejar de inyectarme capital y dar el siguiente paso, en aquéllos días yo era un hombre de fé. Reduje considerablemente mis gastos. En un último suspiro, me aferré a la idea romántica de vivir del puro aire. Era muy caro soñar, por tanto dejé de dormir. Tenía que ahorrar. Tiré las cortinas de mi habitación del tercer piso a la basura y comencé a abrir las ventanas no solo durante el día, sino también de noche. Con la ayuda de un metrónomo y después de mucha práctica, mi respiración finalmente se volvió rítmica. Pasaba horas enteras en posición de loto esperando la mañana. En pocos días mi cuerpo desarrolló una especie de fototropismo positivo. El vidrio estorbaba. Mis miembros se alargaban cual ramas. Fue cuando tomé la decisión de deshacerme de las ventanas, en la espera de que, cortando los intermediarios, yo recibiera los beneficios de asimilar los rayos solares de manera mas directa. Para no distraerme, imprimí varias cartulinas que afirmaban sin lugar a dudas: "El ritmo lo traigo yo." Las coloqué por toda la casa, para no olvidar verdades que son evidentes en sí mismas. No estoy seguro cuándo llegó el último suspiro, ni en qué tiempo cayó, pero ese día los médicos comprobaron que anteriormente yo solo había ingerido aire. Parecían asombrados. Descubrieron que el cese de procesos fisiológicos y espirituales en mi interior, era un acontecimiento completamente natural. Como se trataba de expertos profesionales excepcionalmente creativos en este ramo del conocimiento, habían inventado ya una palabra lo suficientemente precisa en su diccionario para nombrar el evento que presenciaban. Al parecer, un acontecimiento frecuente y del todo común. Después, a manera de registro, redactaron un documento que hacía explícito lo ya sabido. Lo sellaron, le pusieron fecha y una que otra firma. El proceso terminó allí, pues yo no contaba con un seguro de gastos funerarios. En fin, todas esas cosas no me molestaron, sino que mas bien reforzaron la idea de continuar con mi noble propósito.

junio 9

   Entré a la cabina del trigésimo tercer vagón preguntando por la persona que ocupa el mando. ¿Quién es ese imbécil que insiste en contar? ¿En cantarme los números? ¿Por qué insiste en celebrármelos?, por mas que le he dicho que en realidad lo milagroso es que la tierra siga girando sobre su órbita precisa.
 
   Me explicaron que el piloto de mando seguía atorado en la estación anterior y que nadie sabía cuánto tiempo llevaba ahí. Nadie sabía tampoco cuándo iba a salir, si acaso salía. La pregunta entonces era evidente: ¿Quién es este farsante que continúa contando aunque yo ya no estoy ahí? "Piloto automático, señor." me respondieron. Si, eso era posible, todos tenemos uno.
 
   Abrí la puerta de la sala de controles y noté que la palanca de marcha estaba en modo subjuntivo pluscuanperfecto. Había varios diferentes modos y demasiados botones en el tablero. ¿Cómo putas saber la configuración correcta? "Presente indicativo, señor." los escuché decir. Moví con gran esfuerzo la palanca, parecía trabada. Luego de cambiar el modo, la palanca temblaba pero la marcha adquirió mas velocidad y casi vuelvo el estómago por la inercia. "Sujétela firme, señor."
 
   Inmediatamente después de realizar el ajuste, uno de ellos se acercó a mi y me entregó una carta del piloto atascado en la última estación, a propósito del número cuarenta y dos. Le eché un vistazo rápido, el documento parecía auténtico. Anexo copia. ¿De dónde salió esto? "De la estación anterior, señor." ¿Y cuál era esa? "Estación de paso, señor." Una alarma comenzó a sonar. ¿Y ahora qué pasa? "Nos acercamos a la siguiente estación, señor." ¿Y cuál es ésta? "Estación por venir, señor." Me quedé pensando, apretaba la palanca. ¿Qué? ¿Cómo dices?


Nota*: Lo mas parecido es la #41.

marzo 30

   El Doctor Lunis entró en la habitación, dejando la puerta abierta tras de si. Joe continuó recostado en la cama.
 - Hola Joe. ¿Cómo te sientes hoy?
 - ¿Por qué insistes en llamarme Joe? Me llamo Alberto.
 - Porque ese es tu nombre Joe, solo que después de tu accidente automovilístico no lo recuerdas.
 - Esas son tonterías doctor.
 - Joe... qué curioso, suena como 'yo' pero con mas personalidad, también se escribe diferente, eso es todo.
 - ¿Qué puedes saber tu? Doctor Loonies, doctor selenita...
 - Se que las identificaciones oficiales no mienten Joe, que te gustan los fruti-lupis y que por las noches ya no sueñas.
 - Mi nombre es Alberto, deja de decirme Joe.
 - Lo has inventado todo Joe. En fin, ya es hora de tu medicina.
   El doctor hizo una seña a su asistente. Momentos después el anestesiólogo entró y suministró la dosis correcta de morfina en el catéter de Joe, que estaba justo debajo de su tatuaje verde en forma de trébol. Lo dejaron solo y cerraron la puerta. 

   Por la noche, los técnicos del hospital interceptaron casualmente la copia de un correo electrónico que aparentemente había salido a través de la red inalámbrica del tercer piso del hospital, el piso donde se encontraba Joe. Uno de ellos imprimió el correo y se lo hizo llegar a la asistente del doctor. Cuando la señorita entró en la oficina del doctor con el mensaje, éste tomó el papel y lo ojeó.



   El doctor terminó de leer el texto, se lo pasó a su asistente.
 - Gracias. Por favor deshágase de esto y todas sus copias.
 - Si doctor. Pero no cree que...
 - ¿Qué se le ofrece? 
 - Parece que su paciente Joe experimentó un sueño de nivel dos.
 - No, no. Es una broma local, algún cretino mandando correos desde la sala de espera, eso es todo.
 - Pero doctor, en ese piso no hay sala de espera. Es mas, el acceso está completamente restringido y no hubo ningún dispositivo electrónico conectado al AP-Antarctica.
    Lunis miró largamente por la ventana. Luego dijo: "… si, lo hace a uno pensar, ¿no?"

diciembre 24

   Cuando los días terminaron de acumularse en ese lado del estante decidí finalmente cambiar las ménsulas. Ya hace años de eso, pero ¿recuerdas aquél día? Una noche antes de Navidad. Yo insistí en terminar de ver la ejecución de los Love Electric hasta el fin. En realidad me encontré con Todd en el mingitorio y alcancé a cruzar una palabra con él. Salimos de ahí tarde y casi nos terminamos tres botellas de vino. Hacia la madrugada solo contemplaba la ciudad por la ventana. A la mañana siguiente despertaste con los ojos hinchados, nos dimos prisa y bajamos a pedir un taxi. Era una mañana particularmente gris. Atravesamos la ciudad en pocos minutos. Sentía el viento frío, se metía por la ventanilla y me daba en el pelo, en la frente, estaba por todas partes. Pocos días después te fuiste al sur. Varias veces pensé en visitarte. Mas bien no estaba pensando en irme de visita, creo que mas bien era una mudanza.

   Hoy salí tarde de la plaza. No se si hay poca gente porque cierran o cierran porque hay poca gente. Así son noches como hoy. Todo pasó rápido, como pasar sin hacer camino. Este año falleció mi abuela, ¿te platiqué el número de su habitación? En unas horas será el mismo circo de siempre. Idéntico. Los años me caen encima, ¿cómo esquivarlos? 

   Tomo la escalera eléctrica, descenso eléctrico, me introduzco en el interior del cono decorado, desciendo un piso. No alcanzo a descifrar si eso último fue simbólico, pero fue real. La última vez que te vi fue por casualidad ... otra vez el día antes de Navidad. Giré la cabeza y alcancé a verte en los peldaños superiores de la escalera. Permanecí de espaldas al movimiento mientras pensaba en pisar tierra firme, poner bien el pie y no tropezar.




noviembre 12


   Caminaba por entre las masas, por entre las mesas con nombres; pasión, fidelidad, respeto, intuición, etc. Encontré la puerta entreabierta y la vi a ella mientras se acomodaba el cabello. Sin voltear completamente a verme dijo: Vaya ¿Qué te parece? Yo respondí:
 - Solo regreso de las ruinas circulares, mesas y sillas. No sabía que estabas aquí. ¿Quieres que cierre la puerta?
- No es necesario, puedes quedarte si quieres.
   Melancolía, solsticios. Pensaba que el problema no son los círculos, sino las ruinas; no son los nombres, sino las etiquetas. Ella giró la cabeza como reaccionando a mi pensamiento y entonces me vi forzado a admitir que tenía razón, que el verdadero y único problema era que no tardaría en llover, que pronto todo sería como en esa canción donde es noviembre y está lloviendo. Después la miré contemplarse un rato mas en el espejo. 
- Escucha Al, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Claro, las que quieras.
   Respondí demasiado rápido. Alguien respondió por mi. Odio cuando eso pasa, aunque esta vez debo confesar que me fue bastante indiferente. Solo pensé que no se cómo romper el círculo, y que si era eso lo que ella quería saber, no tengo la respuesta. Estaba en lo cierto, podía hacer todas las preguntas que quisiera, daba igual.
- ¿Es verdad lo que dicen? ¿Tú escribiste los votos?
- En realidad no, los outsourceé; subcontraté al amigo de un amigo de una agencia de publicidad.
- Al.
- Si. Es decir, la mitad del discurso. El de ella fue propio.
- Obviamente.
- La oferta inicial incluía ambos votos, el paquete completo.
- ¿Y qué pasó?
- No quería convertir esto en una telenovela, así que los cambié.
- Hmmm, okey. Entonces, ¿cómo los escribiste?
- La verdad es que en otra vida asistí a tu boda.
- ¡Al! Ya. Sabes que no me caso ni en esta ni en otra vida.
- En la que te estoy hablando, lo hiciste. Después tu novio pronunció unas palabras breves, ¿en serio no lo recuerdas?
- ¡Mi novio? No, no me acuerdo la verdad. ¿Dónde estabas tu o cómo?
- Yo estaba silbando y cantando sobre una rama.
- Ja ja. Sí, a lo mejor eras el mismo árbol. Y luego, ¿cómo supiste que era yo?
- Por los ojos, por tus movimientos cortos y precisos. En realidad yo solo transcribí las palabras dichas aquél día, hoy el las reprodujo una por una frente a las ruinas circulares, tal y como fue antes, ahí está el mérito.
-¿En dónde? ¿En las sillas?
- En decir las palabras justas en el momento preciso, lo tuyo a tiempo y sonriente. ¿O no?
- Si, bueno si, tienes razón. Pero lo que yo quiero saber Al, es: ¿De dónde vino el mensaje?
- ¿Sabías que los egipcios después de embalsamar, retiraban el cerebro de los muertos y todos los órganos internos menos el corazón? Así se preserva el mensaje.
- No, no sabía, pero aunque todo eso que dices fuera cierto Al, no me contestaste y todavía quiero saber de dónde vino el mensaje.
- Ok, el hecho de que el mensaje se preserve no implica que el mensaje se transmita. Incluso podría transmitirse un mensaje digamos, indescifrable. Y tal vez este sea el mejor ejemplo. Es evidente pues, que el mensaje vino del otro lado, mas allá de las ruinas. Solo es posible escucharlo ajustando la frecuencia del instrumento a 432Hz.
   Por su expresión, asumí que no había visto nunca un instrumento de navegación y que desconocía totalmente el procedimiento para ajustarlo. Verifiqué la frecuencia requerida para romper el círculo. Era correcta. Levanté el aparato en forma de cono y lo coloqué sobre su cabeza. La miré y dije:
- Usa este casco, funciona como una antena y se reciben mensajes realmente inverosímiles.

septiembre 29

“Ser tu mismo en un mundo que está intentando constantemente hacer de ti otra cosa es el mas grande logro.”  
                                                                                                                                           Ralph Waldo Emerson

Especímenes inconjugables y sin valor.
   Soñé Al. Soñé que te veía caminar sobre la nieve. Soñé que me perseguías sobre la nieve. Me seguías de cerca y no había nada, solo nieve. El lodo se me metía a las botas y sentía los pies fríos muy fríos. Después te veía tendido en una cama, estabas acostado intentando alcanzar una guitarra. ¿Con ella si compartes la habitación Al? Lo importante no es eso sino que la sepas tocar, ¿acaso no? Y luego me las imagino cayendo en una fosa como en esa novela de Milán Kundera. Yo siempre quise ser Sabina, ¿recuerdas? Ya no, hace tiempo que dejé de ser una joven promesa. Sigo deseando la oficina de la esquina al final del pasillo, prometieron que sería mía. Si tan solo pudiera caminar hasta el final del pasillo, pero ya no me pertenezco, estoy atrapada. Ahora ya no estoy tan segura de poder moverme en esa dirección... dirías tú: "en esa dimensión", hombre multidimensional, para todo lo demás existe MasterCard, ¿no? ¿Cómo permaneces individuo, cómo resistes? Estuve pensando, ya no puedo ser esa. Ya no estoy para andar tomando la carretera libre a Cuernavaca contigo, sentárteme encima y sentirte entre las piernas mientras tú solo acomodas el espejo retrovisor e intentas mantener firme el pie sobre el acelerador. "Como jugar al jackass del sexo" dijo mi jefa, la que no me dio la oficina que yo quería. Ya me parezco a ti y generalmente como sola. Descubrí que si pido uno de esos tés herbales en Starbucks me cobran la mitad pero no dicen mi nombre, ni me lo dan en la barra. Al, ¡mi vaso no decía mi nombre! Por un momento pensé que se me había olvidado mi propio nombre, a veces lo olvido. A veces creo que necesito que me recuerden quién soy. Me preguntaba qué pensarías si el Banco de México imprimiera un billete con tu cara de un lado y la mía al reverso. Creo que por eso cuando veo los billetes de quinientos pesos pienso: ¿Quién quiere estar en el mismo billete que su exnovio, examante, exesposo? Da lo mismo, asegúrate de que cuando mueras los derechos de tu obra los tenga un familiar y no el banco, ¿vale?. Ah, pero se me olvidaba que tu estás en guerra permanente con tu familia. No, entonces retiro lo dicho, el banco sabe lo que hace si es capaz de imprimir amores cobardes en un billete cuando ni ellos mismos, ni el mejor orador han sido capaces de conjugarlos. En fin Al, ya voy entendiendo que hay cosas que nunca me pertenecerán tanto como esos días. Y después... ya no puedo ser esa, porque aunque quiera, estoy atrapada, siento no poder seguirte como cuando jugábamos a que tú eras un verbo que yo inventaba y pronunciaba. Ahora se que mi ambición supera mi talento. De cualquier manera no puedo ser, estar o parecer esa, adorable verbo copulativo, soy como el deseo que se desea a si mismo. 

septiembre 24

   Comí conmigo mismo y pensaba en mis planes para el pasado fin de semana. Al final terminé yendo a casa de un amigo al que hace tiempo no veía, pero del que a veces tengo noticias. Las cosas mas o menos sucedieron así: ese viernes llegué a casa, me cansé de ver presentadores con tenis rojos y sin corbata en las noticias, luego sonó el celular, era David. Una hora mas tarde estaba en su casa; muebles viejos, amplios espacios sin utilizar, grandes ventanas, primer piso. Lo encontré en el estudio, ante una pantalla enorme, sostienendo un control extraño con ambas manos.
- ¿Qué tal, cómo estás? No te escuché llegar. No me avisaron que ya estabas por acá.
- ¿Qué andas haciendo?
- Tengo que mostrarte esto, te va a encantar.
- ¿Qué?
- Bueno, es un "juego".
- ¿Cómo?
- Es sencillo, aquí está un mapa satelital, uno puede variar las frecuencias... jugar con las diferencias de presión, etc.
-Okey.
- ... puedes dirigir un rayo calórico así mira...
   David observó mi cara, se disculpó y fuimos a la cocina donde me ofreció un vaso de agua y platicamos del clima. Luego me dijo: "En serio, tienes que ver esto." Nuevamente nos dirigimos a su estudio, donde prosiguió a explicarme con mas detalle las reglas del "juego". Al principio yo solo lo veía seleccionar diferentes frecuencias, dirigir rayos incandescentes y otras cosas que no estaban claras.
- Oye Al, ¿vas a ir a ver a Muse?
- No creo, esta vez no.
- Hmm... muy mal, ¿cómo se llama ese disco en vivo que siempre escuchábamos... ya sabes en tu coche?
- HAARP.
   Cenamos, estuvimos entretenidos un rato mas, le tomé una foto a la pantalla, luego me excusé alegando cansancio y nos despedimos. Abrí la puerta principal al exterior, ya era de noche. Cuando salí de su casa pude sentir algo diferente en el ambiente, como si el aire estuviera cargado de pequeñas partículas, energizado. Por alguna razón pensé en Orson Scott Card mientras conducía a casa. Puente, fin de semana largo. Todo el fin de semana pensé en eso y en el nombre del disco.


mayo 30




"El amor es un asunto de tiempo: no sirve conocer a la persona correcta demasiado pronto o muy tarde."




   El cuaderno de notas que encontré afirmaba que el viernes estuviste de visita en un hospital, no decía en cuál. Supongo que no importa. A la mano solo estaba el número de habitación, a la que le tomaste foto. No decía exactamente qué estabas haciendo ahí, pero puedo suponer que no andabas recordando las navidades pasadas. ¿Acaso si?

   Otra de las notas interesantes decía que ese mismo fin de semana, en otra parte, el mensaje era mas claro. Porque a veces se te olvida precisamente eso. Y aunque lleves el mensaje grabado con tinta indeleble sobre la piel para recordártelo a ti mismo, se te sigue olvidando... y es que chi va piano, va lontano. Pero tu eres una pinche liebre que cree que puede dormirse a la mitad del camino porque el mundo no le sigue los pasos. Y todos sabemos cómo termina esa fábula. Yo lo se, porque es una de las pocas notas que no quemaste. Ahí está y dice que no hay cuento que odiaras mas cuando eras niño que el de la liebre y la tortuga. Yo, quizá por eso y otras muchas cosas, preferí quedarme dentro del caparazón. Pero últimamente me invade una extraña sensación, como una premonición. Y es que, qué tal si uno de estos días te despiertas, así nomás. Y te pones a correr, solo que esta vez no te cansas y me dejas atrás. Y ¿qué tal que ... ahora si ya no te alcanzo?

abril 14

   Mientras exhalo, recuerdo a ratos la sensación de caminar con ciencia. Hay noches, como esta, en las que me revuelco dentro del cuerpo. Noches en las que, por mucho que me esfuerce, no consigo introducirme y retomar el control, como si el tablero de mandos hubiera sido deliberadamente saboteado. Y entonces me pregunto quién es el que habla. Pero eso no puede ser, puesto que soy el único inquilino de la casa. Me sumerjo suavemente, procuro habitar el cuerpo inerte que sigue tendido sobre la cama. El botón.

   El timbre me puso los pelos de punta, sobretodo por la hora. Bajé rápido las escaleras, abrí la puerta de mala gana y a través de la reja pregunté quién era. Alguien afuera tenía el número equivocado, estaba buscando otra dirección. Si, pero yo estoy dentro. Me preguntó si me sentía bien y dijo que parecía como si hubiera perdido algo. No hice demasiado caso y me dirigí a la cocina donde me serví agua, tenía mucho calor. Desde el antecomedor  las ondas de calor ascienden sobre el patio trasero y deforman la imagen de la pared invertida proyectada en mis retinas. Abrí el refrigerador y me serví varios cubos de helio congelado para refrescarme. El timbre volvió a sonar.

   Me dio flojera preguntar quién era y en vez de eso solo abrí la puerta. Era la misma persona:
- Correspondencia señor.
- ¿Cómo dice?
- Lo siento señor.
- Hmmm.... ¿Otra vez tú? Ya te he dicho, no es aquí.
- Si señor, disculpe señor. Correspondencia. Debe serlo, puesto que la dirección aquí anotada apunta hacia esta.
- ¿Cómo?
- La dirección señor, la dirección aquí anotada...
- No es esta.
- No, ciertamente no la que está anotada aquí en este sobre, la cuestión es señor, estuve allí antes, en esa dirección.
- ¿Y?
- En aquélla dirección hay solo una referencia a esta.
- ¿Qué dices? ¿Estás seguro?
- Señor, por principio, no hay incertidumbre.
   Tomé el sobre, el remitente estaba algo borroso y el destinatario era un número. Hojeé la carta, parecía una lista numerada, ... pero era mas bien una serie muy detallada de instrucciones para encontrar el camino de vuelta a mí mismo. Pensé: "Manual de usuario, enhorabuena." Hacia la parte inferior del sobre hallé inscrita la siguiente leyenda: Firma del autor, "U + FDF2".

Parte de las instrucciones

diciembre 18

   Hoy que salí a dar una vuelta afortunadamente traía a la mano la cámara digital. Y es que en la barda había algo que me llamó la atención porque sabía que lo había visto antes... en algún otro lugar, aunque no lo supe inmediatamente. No se trataba de un logotipo ni de una marca registrada. Para ser mas claro, la imagen sobre la barda no tenía ningún sentido ni razón de ser. Para empezar porque imitaba la que yo mismo había dibujado con plumon blanco sobre la ventana de la habitación del tercer piso años atrás. Y la conclusión es obvia; esta realidad emula la ficción y no al revés, la sigue muy de cerca, tangencialmente, sin nunca llegar a alcanzarla. La pregunta obligada surge igual de evidente: ¿Existen otras mentes o solo la mía?
diciembre 18


diciembre 14


Enrique Serna - La Sangre Erguida
   
   Solo porque tú me lo pediste Enrique. Así de cuates. No es que me parezca anacrónico clasificar los textos en categorías. Es quizá que las categorías actuales en las que se podría clasificar un texto en sí son algo anacrónicas. Así pues, un texto con etiqueta de novela erótica puede ser todo menos eso; ni novela ni erótica. Una mezcla de relatos breves entretejidos por el protagonismo del miembro fálico hubiera funcionado mejor, eso: relatos breves. La verdad me gustan mas los cuentos cortos que publica Lulú Petite en el diario mexicano El Gráfico. Pero no porque me la pongan tiesa, sino porque son infinitamente más reales y verosímiles. La mejor manera de clasificar el texto sería comenzar por el final y declararlo colección de cuentos fantásticos con temas psicológicos y psiquiátricos, pasando por toda la farmacopea contemporánea que todos ya conocemos.

   Una psiquis sana no se encuentra a sí misma dividida entre un ente sexual y otro puramente espiritual. Una mente en balance coordina y administra de manera funcional las diversas necesidades de las partes que la componen sin negar ni llegar a anular ninguno de sus componentes. Cuando estas condiciones no se cumplen, la mente se vuelve por definición disfuncional.

   Las historias revelan cierto grado de desconocimiento respecto a las causas de las disfunciones sexuales así como los efectos secundarios de los beta-bloqueadores. Eso aparte, la novela en si no es mas que un espectáculo en el que los personajes se relacionan de manera enfermiza a través de su propia sexualidad frustrada. Muy adhoc, contemporáneo... Okey.

   Opinión Personal: Los relatos en sí son la obsesión de un adolescente con Manuela. Un adolescente que nunca supo lo que es que las novias de sus amigos se le insinúen o le presuman descaradamente el trasero a centímetros de la cara. Ese adolescente que en su momento tampoco supo sacarle provecho a eso si de pura pinche casualidad le llegó a pasar. Mismo adolescente que regresa años después a echar en cara su recién fabricada identidad sexual, restregándote su sexualidad extrovertida. La mera verdad, sigo prefiriendo personajes sencillos que no hagan del sexo tanto ruido, sino que sean mas pragmáticos, sin afanes megalómanos y sin tantos complejos, así como cuentos con finales menos fantásticos. Personajes pues, del tipo Henry Chinaski.

5/10  

Tu amigo Alberto

diciembre 9

Fragmentos de una carta a Santa Clós.

   Un tanto en broma y un tanto en serio, te comento lo siguiente: No estoy esperando realmente nada estas fiestas decembrinas. Déjame explicarte. Verás, no es que me haya convertido de pronto en un nihilista que desprecia esta y otros tipos de fiesta, quizá ya lo era de tiempo atrás.

   Hoy antes de volver, encontré la casa vacía. Un poco desordenada pero muy vacía. Tanto así, que me dieron ganas de estrenar esos audífonos de los que te hablaba. Sí... ya se que costaron un ojo de la cara pero para eso son los aguinaldos. Te platico que fue una delicia sacar estos pequeños audífonos de su funda. Y es que fue casi tan placentero como escuchar la tina llenarse de agua caliente y sumergirme lentamente en ella. 

   Tiempo después, acomodé mi cabeza sobre el mármol fresco. Antes de desplazarme recordé a Oliverio Girondo y su entrañable pero absurda búsqueda. Fue quizás el contexto que me permitió entender que tiene mas sentido aprender a volar que empeñarse en búsquedas frenéticas.

diciembre 2012
Fanny Wang
Fanny Wang


diciembre 1

   Alberto se despertó temprano, bajó las escaleras y antes de comer se preparó un café. Una vez abajo ya no sabe si debería prender el televisor o encender un cigarrillo. Quizá debiera optar por simplemente sentarse. Apaga esa basura y saca la tele. No. Mas bien apaga la tele y saca la basura. Alberto recorre el espacio entre su patio trasero y la entrada de su casa preguntándose si habría valido la pena aprovechar mejor el tipo de cambio. Una vez afuera, le preguntó al señor de la basura si había visto al chupacabras solo por si las moscas, pero el señor tomó su bolsa y pareció no escuchar el comentario. No solo él. Todos hicieron lo mismo.

noviembre 20

   Y entonces recuerdo las palabras de Héctor, antes de azotarse contra las ventanas. Entre otras cosas, recuerdo que dijo que su mente era como una casa. Según él, el truco consistía en primero conocer el número de huéspedes, para después llegar a conocer a los inquilinos mismos. Ahora que lo pienso es lógico, pero en ese momento y mientras me lo contaba, no pude esconder una sonrisa burlona.

   Antes de retirarme de la zona de desastre, tuve que narrar con lujo de detalle nuestra última conversación. Aunque fue en realidad muy difícil definir exactamente de qué habíamos hablado horas antes del accidente, todo resultaba muy confuso. Y apenas alcanzo a comprenderlo yo:
-Oye Al, si tu cuerpo fuera una casa ¿Saldrías por la puerta principal?
-No lo se Héctor, realmente no había pensado en eso.
-Quiero decir, ¿Saldrías por la puerta principal o por la trasera?
-No se Héctor...
-No en serio. Piénsalo.
-Si verdad ¿Por qué no mejor simplemente salir por la ventana?
-Exacto. Pero salir. Salir Al, ese es el punto ¿estamos?
-¿En dónde Héctor?
-Exacto.
   El oficial pareció dudoso mientras le platicaba la conversación, hizo varias señas a sus compañeros y asintió mientras comentaba algo que no comprendí respecto a toxicología. No le presté mucha atención y seguí haciendo memoria:
-Mira Al, las reglas son muy sencillas: Nunca abras la puerta a extraños.
-Dime algo que no sepa.
-Ahora, es diferente cuando quiere uno salir. Verás, no siempre hay puertas.
-¿De qué hablas?
-Cuando estás nervioso, tenso, ansioso. ¿Me sigues Al?
-Sí hombre.
-Es como tratar de mantener comprimido un resorte, uno tiene que luchar para que el resorte no se desdoble.
-¿Y qué si se desdobla?
-Eso no es importante. Lo que sucede es que cuando lo comprimes, notas enseguida que la fuerza del resorte está ahora en otro lado. Antes estaba en tus dedos, podías sentirla en tus muñecas, en tus manos y brazos. Pero ahora, ya que comprimes, la tensión está en otro lado, te ha engañado, creíste atraparla y te atrapó a ti. De hecho puedes sentirla conscientemente en otro lado.
-Deja que el resorte se desdoble hombre, no pasa nada.
-Yo no tomo esas decisiones, alguien las toma por mi. Ya sabes cómo es esto Al, todos le respondemos a alguien ¿Qué no?
-Suelta el resorte hombre.
   Cuando terminé de contar la historia, el oficial se acercó y me dijo que lamentaba mucho lo sucedido. Salí de ahí y me dirigí a casa donde cené ligero y me fui a la cama después de preparar un té. Esa noche soñé que comprimía un resorte con los brazos. Extrañamente, cuando lo solté sentí que la cama se movía y la habitación tronaba, hasta sentí la taquicardia. Después alcancé a ver la hora, eran aproximadamente las tres y media de la mañana. Al día siguiente supe que había temblado... fuerte.

noviembre 4


Estimada Priscila:    

   Siempre me han parecido inapropiados los discursos donde se comienza por enumerar las cosas que ya no se piensan o que ya no son. En ese sentido es por eso que te escribo. Te escribo porque de pronto me invadieron unas ganas enormes de contarte cosas. Como bien comprenderás, tampoco encontré otro medio para hacértelas saber.

   Antes de que cierre el año, déjame empezar por confesarte que este 2012 lo comencé borracho y solo en la sala de mi departamento, no esperaba absolutamente nada de él. Es quizá por eso que el año fue particularmente amable conmigo, aunque no con mis autores de cabecera; todos ellos muertos.

   Me apena mucho haber tenido semejante desencuentro, en ideas, en plan de vida y en todo lo demás. Me hubiera gustado tomar tus lentes y ayudarte a desempañarlos, limpiarlos bien y acomodártelos mejor sobre tus hermosos ojos.

   Se que durante mucho tiempo esperaste una disculpa que nunca llegó de la manera en que hubieras querido. Sólo quiero que sepas que así como tú esperabas eso...  Yo también esperaba  cosas. No es el momento ni sería correcto enunciarlas. Ha habido un desfase temporal, se nos han impuesto los días entre nosotros. Además, debo confesar que mucho me temo que la lista de cosas de la que anteriormente te hablaba, devenga infinitamente larga.    En cambio, déjame platicarte que guardo el recuerdo de la ocasión en que me dijiste que tenía una asombrosa capacidad para cambiar y que estabas orgullosa de mí. Lo recuerdo no tanto por atinado como por sincero. Y porque llevo mucho tiempo cultivando mi propio jardín, casi como para olvidar lo que es que a uno le regalen flores.

   Me despido dándote mis más sinceras disculpas y te deseo siempre lo mejor. Este año ha sido increíblemente generoso conmigo, me ha dado y (lo que es más importante) quitado lo que ya no necesitaba. Espero puedas decir lo mismo. Como te imaginarás, me encuentro lejos aún de formar un patrimonio propio y de sentar cabeza o de formar una familia. Solo resta decir que mi compromiso con la humanidad y todos los incomunicables dentro de mi cabeza siempre ha tenido mas peso. "Hombre soy, nada humano me es ajeno." Eso ya lo sabías, aunque quizá no lo hubieras comprendido. Es la especie. Es la especie la que nos une.
Sin más,
Alberto.

octubre 12

   El otro día me senté en la barra del café a repasarlo. Ahí estaba Alberto. Me recordó aquél día que me topé con el señor que usaba un as de corazones como separador para leer "La Soledad de Charles Dickens". Yo no comprendí la magnitud del evento en ese momento. Tiempo después, me enteré de que en realidad el libro narra el trágico accidente ferroviario en el que se vio envuelto Dickens mientras viajaba con una amante secreta. El accidente tuvo lugar un nueve de junio. Recordé que ese día es cumpleaños de Alberto. Sólo resta decir que la vida de Dickens posterior al incidente se volvió considerablemente mas interesante que la visita de los fantasmas de las navidades pasadas.

   Además pensaba en Alberto porque lo había visto frecuentando varios cafés en las últimas semanas. A veces traía sus cuadernos de notas, hoy no. La voz de Dave Grohl en las bocinas. Y yo me preguntaba si alguien se está llevando lo mejor de mí. Pero no es el caso. No lo es. Todavía fantaseo con leer libros de fantasía. Alberto me contó que a la chica que atiende en los helados le gusta leer libros fantásticos. Creo que más bien él es el que fantasea con ella. Hasta me platicó que le preguntó si no hablaba consigo mismo. A lo que él había respondido: "¿En voz alta?". En fin que le recomendé prestarle uno de sus muchos libros de fantasía. Eso fue antes de que bajara al antecomedor y me topara con un artículo en la sección infantil del periódico que hablaba acerca de Ray Bradbury, de sus fantasías y de la importancia de leer. Y entonces recordé que Alberto me dijo que la esposa de Ray era una bibliotecaria, que se habían conocido ahí, en una biblioteca. Yo me la imaginé de espaldas. También me la imaginé de frente. Hasta pude imaginármela de perfil y todas las demás posturas, pero eso sí, siempre con un libro de por medio. Sí, hubiera sido chusco imaginármela sin el libro, podía no tener ropa, pero el libro era indispensable. Ray y sus fetiches.

   A propósito de fantasías, Alberto me contó la suya. Se sentó en el banco al lado mío, frente a la barra, tomó su vaso y me dijo:
-Un día voy a entrar a un café y ella estará del otro lado del mostrador y todo será perfecto.
 Yo lo miré fijamente y le dije:
- ¿Qué no pensabas poner tu propio café?
-Desde luego. Y así es, ella tendrá que venir a trabajar conmigo.
   Terminé mi café y me dirigí a la caja, le di cuarenta pesos a la señorita. No debió tener mas de veintiún años. Pero después de lo que dijo Alberto, no pude evitar pensar cómo sería tenerla trabajando en mi propia cafetería.

agosto 28

  Rafa y Alberto despertaron tarde.
-Sabes Rafa, tuve un sueño muy extraño.
-Siempre Beto, deberías cambiar de ángel de la guarda. Te presto el mío.
Rafa se precipitó por las escaleras hasta la cocina, abriendo rápidamente la alacena y sacando el cereal. Beto lo siguió con más calma.
-Te digo que tuve un sueño bizarro.
-Es la adolescencia Beto, así pasa cuando te la vives en internet, tu cara está llena de barros y las niñas no te hablan.
Beto alcanzó a darle una patada en el trasero mientras Rafa abría el refrigerador.
-¡Ya estuvo bueno Beto!
-Si te llevas te aguantas güey.
Rafa sacó la leche del refrigerador, se sentó en la mesa y finalmente preguntó:
-¿Pues qué? ¿Soñaste con las viejas de tu revista marrana otra vez?
-Soñé que conocía a J.S. Mill. Era un tipo joven, como yo.
Rafa escupió leche sobre la mesa, hizo a un lado su plato y escondió las Zucaritas.
 -Ya se te subió el azucar Beto, no mas cereal para tí.
 -Te digo que es real.
-¿Quién es ese güey? No digas mamadas Beto, es todo por el jipiteca ese que nos encontramos ayer ¿verdad? Debí suponerlo, debimos habernos ligado a las viejas esas como era el plan original, pero tenías que andar de autista como siempre.
  La noche anterior tocaba un grupo jazz latino integrado por diversas personalidades de diferentes nacionalidades en donde siempre. Después de unas risas, Al tuvo la oportunidad de improvisar un poco. El lugar estaba lleno de escuincles, pero no le importaba mucho. Esos micropuntos habían hecho lo suyo. Generalmente era capaz de escuchar sonidos, ahora no solo los veía, incluso podía atraparlos. Antes de bajar del escenario le regalaron unos aplausos, captó una sonrisa femenina procedente de la esquina. Pidió otro trago. Ella se le acercó. Se llamaba Ana. Hablabla mucho. Rápidamente invadió su espacio personal. En algún momento pensó que sus risas estaban en perfecta sincronía con el ruido del lugar. Era su tripi. Se hacía viejo para esas cosas. Antes de que estallara la tercera guerra mundial y las paredes se les vinieran encima, ambos se dirigieron con cierta urgencia a casa de Al, donde ella se recostó en la cama boca abajo. Minutos después Al jugaba con los sonidos que hacían sus palmas al golpear rápidamente los glúteos prominentes de Ana. Casi podía jurar que el estruendo se escuchaba hasta el exterior. Eran como truenos.

  Esa misma noche Rafa y Beto salían de putas. Era su primera noche solos en Tepoz pero encontraron un lugar no tan arrabalero y acogedor sin problema, eso era parte importante de las virtudes de ser adolescente. Beto se había bebido dos mezcales cuando escuchó ruidos extraños procedentes del exterior. Se escuchaban como cortísimos golpes. Le pareció el sonido como de un animal siendo domesticado. Quizá lo era. Decidió salir a investigar. Mientras salía notó que Rafa hacía su viejo número de ofrecer su encendedor a dos chavas que estaban en una mesa. Continuó su camino fuera del bar, donde los estruendos eran más notorios. Los siguió camino abajo y al final alcanzó a ver que procedían de una alcoba con la cortina y ventana abierta, luz apagada. Pero a poco... ¿En realidad procedían de ahí?

  Transcurrieron otros minutos, posiblemente unas horas. Al comenzó a sentirse cansado, a decir verdad también un poco confundido, sobre todo respecto al material, textura y demás características intrínsecas de lo que se encontraba a sí mismo percutiendo. Se levantó y encendió la luz:
-¿Qué putas?
Desde fuera Beto pudo observar a Al. Desde dentro Al pudo observar a Beto.

  Ana despertó a causa de la luz encima de su cabeza. A causa de la luz en su cabeza. A causa de la luz de su cabeza. A causa de...
-¿Al? -Le dijo con una voz suave, sugestiva, ronca, casi sexy.
  Un chiquillo como de quince años corría con fuerza hacia Beto mientras gritaba:
-¿Beto? ¡Qué haces ahí, vámonos a la casa! Ya estuvo bueno.
-Espera Rafa, tienes que ver esto.
-¿Beto qué haces ahí? Esa es la casa del loco jipiteca ese que anda por ahí como pinche vago.
-¿Qué? ¿Cuál loco jipiteca?
-Ya sabes. Ese que se llama igual que tú.

julio 21

Irvine Welsh - Escoria PDF
Bansky vs Robbo
   Y Alberto seguía frente a la tele. Afuera empezó a llover, después arreció, se calmó y finalmente terminó. ¿Se imaginaba que era algún policía de barrio bajo en Escocia o era el libro que leía en la oficina? En realidad le daba lo mismo. Pero ya sabía por qué le sonaba ese nombre. De hecho tenía que ver con una estúpida rivalidad entre dos grafiteros que había leído de pura casualidad en una revista hace meses. Sí era eso y el libro que leía en la oficina. Y por un momento recordó esa fatídica frase: "Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo". Pero no es el caso. No es el caso en absoluto. Nada que ver. Neta nada que ver. Comenzó a reírse. Sin parar. Se escuchó el ruido de unas llaves. Alguien llegó. Se abrió la puerta y entró Irvin.

 -Qué tal Al, ¿cómo estás?
 -Bien...do ¿la tele?
Irvin lo miró pensativo, le pasó el control remoto, abrió mucho los ojos y dijo:
 -Carajo, wei al menos enciéndela.

junio 14

    Ese día, Eduardo decidió tomar una larga caminata de regreso a casa. En vez de doblar como siempre a la derecha, decidió de último momento tomar el camino abajo y a la izquierda. No había adelantado mucho cuando se topó con un extraño local de antiguedades, cuadros y jarrones. Lo notó inmediatamente por el olor a incienso que emanaba del interior. Se asomó curioso. En la pared, y a manera de grafiti urbano, se leía: La muerte no existe. Dentro, un anciano de largas barbas fumaba una pipa de agua.

 -Siéntese joven, lo invito a pasar. 
 En ese momento apareció la compañera del anciano, vestida con mantas y una mascada alrededor del cuello.
 -¿Anahí, por qué tardaste tanto? Tenemos visita.
 -Al, los pájaros no son visitas... ¿O ya hablas con las hormigas?
 -No querida -dijo el viejo- Ya no me hablan ni siquiera las hormigas.
   Eduardo pudo ver por un momento el brillo en los ojos del anciano al pronunciar esa última frase. Era como si se hubieran encendido. La frase resonó unos segundos en su cabeza, como si ya la hubiera escuchado antes, en otra parte.
-En otra parte. -Murmuró el anciano mientras miraba cómo Anahí sacaba otra varita de incienso y la colocaba en su sitio.
 -¿Qué dices anciano? - Dijo Eduardo.
 -¿En otra parte? -Repitió el anciano mientras aspiraba de su pipa.
 -¿En cuál otra parte anciano?
 -En cualquier parte. En realidad no importa. -Dijo el anciano con su voz seca y cansada.
 Anahí lo miró y sonrió. Eduardo estaba notablemente incómodo.
 -Sólo son un par de viejos chochos. ¿Qué hacen aquí?
 -¿Aquí o en otra parte? -Dijo el anciano.
 -¿De qué parte estás hablando? -Insistió Eduardo.
 -De la que no está aquí supongo. -Dijo mientras se sacaba la pipa de la boca. Anahí lo miró duramente.
 -No seas tan cruel con el muchacho Al, vino solo por curiosidad.
 -La señora tiene razón viejo, esto es un error, yo ya me voy. -Dijo Eduardo y se disponía a salir. El viejo lo miró pensativo y le dijo:
 -Sí, es lo que todos creen. Existen y luego piensan, por tanto dicen: "Esto es un error, eso también es un error, esto, aquéllo" Bah.
 -Tranquilo viejo, ya deja esa pipa. El mundo sigue girando. Esto fue un error. Hasta luego.  
 Eduardo atravesó el local con pasos largos y rápidos. El viejo todavía alcanzó a preguntarle algo:
 -Hey, ¿Y el mundo hacia dónde gira?
   Eduardo pensó en la pregunta en el instante en que se imaginaba cómo había llegado a ese local tan exótico. ¿Había tomado el camino a la izquierda o a la derecha? No lo recordaba, no lo sabía. No sabía si no lo recordaba, pero lo que sí sabía era que el mundo seguía girando.

Gitanos

 "La muerte no existe. Nunca existió, nunca existirá."
   R. Bradbury (1920-2012)

18 de abril

   Al subir por las escaleras eléctricas noté que un señor leía junto a mí. No fue eso lo que llamó mi atención. En realidad lo extraño fue que el separador era un naipe. Era el as de corazones. Y este fin de semana pensaba en esa carta, la que dejé en la casa después de repararla. Lo recordé pues me quedé contemplando mucho tiempo la caja de naipes en mi cuarto. Además hace 3 años... le di justo esa carta. Y recuerdo que la nota decía "Cuida esa carta, soy yo." O sea que entonces, se podría decir que me encontré o algo así. Ahí estaba. Miré a la persona junto a mí, miré el libro. La parte superior de la página abierta podía leerse: "La Soledad de Charles Dickens". No pude contener una sonrisa.

"I'm going to kill myself tomorrow."

Oye Wilson... ¿Por qué dejar para mañana lo que puedes hacer hoy?