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agosto 6

   Porque cuando recibí la llamada no había reparado en ello, solo tomé mis cosas y las introduje rápidamente en la maleta antes de desplazarme al hospital. En el camino pensaba en Mario y en su novia, en realidad casi nunca hablaba con ella pero su voz se escuchaba entrecortada y como quebrada; tenía miedo. De hecho, ella me aseguró que este había sido ya el último de los grandes viajes de Mario. Badtrip, mito urbano. Todo el mundo conoce a alguien que ha oído de alguien que se queda en el viaje. Cuando colgué pensaba cómo sería encontrar la ventanilla cerrada, el mostrador vacío o comprar un boleto de ida, que para el caso es lo mismo. Ché Mario.

   Llegué, saludé a los familiares y me dirigí a la novia. Se me informó que Mario había tenido una noche pesada, nada fuera de lo común. Me mostraron la tomografía previamente interpretada por el doctor. Me comentaron también que había ratos en los que el paciente abría los ojos, hablaba, balbuceaba incongruencias y en general no parecía ronocer a nadie. El ahora dormitaba, tomé mi maleta y rápidamente me introduje en el baño. Antes de entrar, le dije a su novia que esperara afuera, que en un momento saldría. Una vez en el baño, saqué el disfraz de la maleta. Mientras me ponía las mallas pensaba: pinche Mario y sus malviajes. Los guantes: un último favor, por los viejos tiempos. El casco: la verdad es que este disfraz es de puñales y me queda bien apretado, ay pinche Mario. Salí del baño vestido de Darth Vader, me puse frente al Mario y crucé los brazos. Como no pasaba nada, comencé a respirar forzadamente. Como seguía sin pasar nada, comencé a llamarlo por su nombre. Mario abrió los ojos, luego los abrió aún mas. No decía nada y yo solo respiraba forzadamente. Finalmente balbuceó algo, la verdad no le entendí, solo lo interrumpí para decirle: "Ya nos vamos". El balbuceaba y fruncía como preguntándome a dónde iríamos. "Al otro lado" le contesté yo, mientras continuaba respirando forzosamente y le tendía la mano. Mi mano tendida no parecía convencerlo de nada, por lo que recurrí al plan B, que era darle un pequeño dulce con la leyenda "Sonric's extra ácido" y una gran sonrisa en la cubierta. El lo tomó y lo inspeccionaba. En ese momento su novia entró en la habitación y se puso a gritar histéricamente. Me fui corriendo al baño agachándome y abriéndome paso con mi sable luminoso. Me quité el disfraz, lo puse en mi maleta. Afuera ella consolaba a Mario diciendo que todo había sido una broma, como si pudiera entenderla o algo. Me desarmé y salí del baño para encontrarla visiblemente molesta.
- Luis, ¿podemos hablar afuera?
- ¿De qué?
- ...
- ¿No esperamos al Dr. Leary?
- No vamos a esperar a nadie, camina.
   Una vez fuera...
- ¿Qué te pasa, qué estás haciendo? Te hablé porque Mario te considera su amigo, necesitaba...
- Vine lo mas rápido que pude.
- No es eso Luis, es que estas cosas no se hacen.
- Estoy seguro de que él habría hecho lo mismo por mí.
- ¿Como de qué estás hablando? Ese ni siquiera es el punto.
- Hablo de darle sentido a su viaje...
- ¿Y no se te ocurrió vestirte de otra cosa menos ... espantosa?
- Era ese o el de Papá Pitufo, creo que elegí bien.
- ¿Sabes qué Luis? Ya vete. Gracias por venir, luego hablamos.
   Atravesé el pasillo sin toparme con los familiares, abordé el ascensor pensando que en la vida solo hay dos lados y el Mario estaba a la mitad, lo cual es claramente una imposibilidad. De cuates, en aquél momento no me atreví a decirle a su novia que Mario ya había tomado una decisión al respecto. La verdad es que, desde esa ocasión, tampoco me he vuelto a poner ese disfraz.

Look: Sonric's extra ácido

junio 17

   Las calles mojadas en las primeras horas de la madrugada. Yo estoy sentado en el sofá de la sala, no hay luces encendidas. Me levanto, tomo las llaves del auto y salgo. Una vez allí cierro la reja, abro el coche...
 - ... tomas asiento y metes el embrague mientras giras la marcha. (dije)
 - Eso es, exactamente. (Luis asiente con la cabeza)
 - ¿Y? 
 - Tu sabes, comencé a seguir al auto gris.
 - Si.
 - Serio. No era un Caribe blanco, era un auto gris.
 - ¿Hasta dónde le seguiste?
 - Esperé un poco en el semáforo.
 - ¿Qué estabas esperando?
 - Solo permanecía ahí, dejando que se alargara la distancia entre ambos.
 - ¿Y después?
 - Continué siguiéndolo por las calles mojadas, el aire se sentía frío y se llevaba todos los sonidos en otra dirección.
 - ¿Cómo?
 - En contrasentido tal vez.
 - Hmmm... ¿por el carril del trole? Y el auto gris, ¿hasta dónde le seguiste? (pregunté)
 - Hasta que se detuvo. (Luis hizo un gesto indescifrable)
 - Y, ¿dónde fue eso?
 - ¿Has oído hablar de la "singularidad"? (me miraba fijamente)
 - Uno escucha muchas cosas, pero no cambies el tema. (contesté)
 - Pues hasta ahí lo seguí y todavía mas.
 - Luis ya dime, ¿realmente qué estabas haciendo parado en ese semáforo de luz verde?
   Luis miraba por la ventana indiferente: "Te digo, antes de llegar al punto en el que convergen todos los caminos, esperaba a que la distancia entre los carros fuera lo suficientemente amplia."

mayo 22

Instrucciones: Elija una frase para completar los enunciados. En ocasiones se le sugerirá una respuesta, elija la que se ajuste con mayor precisión a la realidad.


1. La teoría que mejor describe el universo es: ______ .
NPI
el big bang/crunch
el multiverso
las supercuerdas
el universo holográfico
nadie tiene idea siquiera qué es el universo

2. La Pirámide de Keops ______ .
...
se construyó con palos y cuerdas
es un verdadero misterio
era una mega tumba, la de Mum-Ra

3. Nikola Tesla ______ .
¡Es el loco de las historietas!
es un personaje de ficción y aparece como científico loco en las historietas de Supermán
quería brindar a todos energía eléctrica renovable
era un extraterrestre que hablaba con las palomas

4. La historia es: ______ .
La historia según...
la idea de que se traslada hacia algún sitio
lo que sea que digan quienes conducen el gran locomotor
la visión de los vencedores y los autoengaños de los vencidos
una ciencia inexacta a falta de hechos y testigos

5. Antes de inventarse el sistema escolarizado basado en exámenes y calificaciones el hombre:
Ahora el hombre usa calzoncillos
no usaba calzones y era primitivo.
sabía menos cosas que ahora.
respetaba a sus antepesados y a la naturaleza.
vivía en cuevas, hablaba como mico y "así".

6. Si la humanidad adoptara un calendario con un año de 13 meses de 28 días y comenzara a contar a partir del día cero para sumar un total de 365 (364+1) días:
En la luna
No tendría sentido, además el número 13 está maldito.
Todo sería mas fácil, los meses durarían lo mismo, la contabilidad se simplifica y viviríamos de acuerdo a las fases y ciclos de la luna.
Da lo mismo, el tiempo no tiene nada que ver con la tierra, el sol o la luna y tampoco afectan nuestros ciclos biológicos.

7. John D. Rockefeller impulsó la educación norteamericana y es suya la frase:
Mira todos esos pen...sadores
"Quiero un país de trabajadores, no de pen...sadores."
"Aquél que prefiere la seguridad antes que la libertad, no merece ninguna."
"Uno para todos y todos para uno."
"Que si, que no, el ruletero."

8. No pueden realizarse registros de patentes sobre organismos vivos.
Mi santito
Si, no o tal vez si.
Es verdad.
Es falso.
Solo en ciertos países y en determinadas regiones del mundo.

9. Los bancos centrales son: ______ .
instituciones filantrópicas
organismos públicos, autonomos y descentralizados
empresas privadas con accionistas anónimos
cooperativas

10. "La depresión es una enfermedad...
crónica y degenerativa."
" es un eslogan publicitario registrado como aviso comercial ante el IMPI.
causada por un desbalance químico de neurotransmisores en el cerebro."
del corazón."

11. Antes el flúor se usaba como raticida. Ahora el flúor puede encontrarse como ingrediente activo en ______ .
La famosa sustancia X
la alcantarilla
agua potable y leche
antidepresivos
pastas de dientes
todos los anteriores

12. La agenda 21 ______ .
Censurada
trae en su portada a Lorena Herrera
permite organizar mejor el tiempo, ya que se sincroniza automáticamente con eventos en las redes sociales.
trae en su contraportada a Lorena Ochoa
ninguna de las anteriores

13. La llegada del hombre a la luna ______ .
Repite la toma, se ven los cables.
marcó una época
fue filmada en Nevada y editada en California
fue nominada al Oscar en varias ocasiones

Bonus: "Guerra mundial Z" es una película acerca de ______ .
  la guerra del gobierno mexicano vs los Zetas
  el sentimiento de la época
  una gran idea
  Steven Spielbergo

Nota: Este fue un breve cuestionario de cultura general sin validez oficial.

mayo 4

   Fierros retorcidos y olor a quemado. Transporte de mercancías a través de varios miles de kilómetros; cosas pesadas y cosas ligeras. Cosas, finalmente. Parrillada en la azotea, Luis hablaba y hablaba. Yo solo trataba de escuchar con atención. De hecho me serví otra copa y mantuve la vista fija en el horizonte. Entonces me platicó que es cuestión de tiempo antes de que los usuarios globales de servicios digitales comiencen a presionar por estandarizar todos los servicios y unificarlos bajo una contraseña única. Single Sign-On. Yo seguía mirando el horizonte.
- La gente tiene que recordar demasiadas contraseñas, eso no es casualidad.
- ¿Cómo dices Luis?
- La del correo, la de tu PC, la del cajero, la del sitio del banco. ¿Cuántas puedes recordar?
- ¿Y eso qué tiene?
- Esto -me explicó- es con la finalidad de sugerir de pronto como solución.... y en un futuro no muy lejano, el identificador biónico.
- JAJAJAJA. Buen chiste. No veo cómo eso solucione nada.
- Un chip, para que me entiendas. No mas contraseñas, la contraseña está en ti.
- Suena bien, pero...tiene mas sentido usar un lector óptico, incluso uno digital, de esa manera no harían falta procedimientos invasivos de colocación de chips para identificar a nadie.
- Si, pero estrictamente hablando, podrías operarte los ojos o cortarte las yemas de los dedos y vulnerar los sistemas de seguridad. Como en las películas, piénsalo.
- No necesitas un chip. Lo tendrías que fabricar y luego implantar a la fuerza.
- Si. Pero un chip tiene otras ventajas, podría ser capaz de transmitir información precisa: no solo hábitos y patrones de consumo, sino también geoposicionamiento global de tu mercancía en tiempo real.
- Como un teléfono...
- Exacto. Un chip podría, por ejemplo, codificar todas tus conversaciones, incluyendo imágenes, y posteriormente transmitirlas como señales digitales a algún banco central de datos donde serían almacenadas... Todo esto sin que tú lo sepas, claro.
- Ya.
- Además, hipotéticamente también podría autodestruirse por control remoto. Esa es la mejor parte.
   Me quedé pensando mientras Luis se dirigía al horno de microondas, algo colocó dentro mientras me dirigía una mirada de cómplice. Luego cerró la puerta, encendió el horno y volvió rápidamente junto a mi. El interior del horno se iluminaba de manera extraña.
- ¿Qué le pusiste al horno Luis?
- Sabes, eso no es lo importante.
- ¿Y qué si?
- Que no tienes manera de saber...
- No tengo ningún chip Luis.
- No necesitas, como bien dijiste tú al principio.
   Luis le dio un trago a su bebida y se sentó, ahora ambos mirábamos fijamente el horizonte. Desde atrás, cerca de la barra, nos llegó el sonido inconfundible de un microondas haciendo explosión.

RFID

marzo 15

   
   ¿Te acuerdas de mí? Soy Luis. Falté casi todo el semestre, únicamente me presentaba para evaluaciones y exposiciones, siempre te preguntabas cómo era posible que aprobara. No te voy a mentir, está difícil que me corran, pero te prometo que uno de estos días voy a llegar temprano al trabajo.
 

febrero 14

Hoy que vi a mi terapéuta, el Dr. Sánchez, me dijo:

-Luis, hoy vamos a hacer algo distinto. Quiero saber cómo eras en la escuela.
-No creo.
-Si, si, insisto. ¿Por qué no me platicas un día cualquiera?
-¿De escuela?
-Si.


   El profe me había citado el jueves a las cuatro y media en su cubículo. Llegué en punto. Apenas terminé de comer y tenía clase a las cinco. Vi que Javier recién salía del cubículo del profesor y con una sonrisa irónica me dijo: "Suerte". Crucé el pasillo. Encontré al profe absorto en su computadora y al cabo de un momento dijo: "Adelante". Pero entonces levantó la vista y me reconoció:
- Ah, eres tú Luis. Aquí está tu texto. No fue lo que pedí.
- Pero profesor, usted dijo que ...
- Yo les pedí un texto creativo sobre los tobillos.
- Si, exacto, es por eso que escribí ...
- Y en ningún momento mencionas la palabra tobillo.
- Bueno es que ...
   Si profe, mejor vamos a usar referencias circulares. ¿De verdad es tan difícil de entender? En el texto, la palabra "tobillo" es la palanca que mueve al mundo, la primera idea, la chispa original y adecuada. Dicen que dicen que discurso no es solo lo que se dice, sino todo lo que no se dice. Digo. Pero dije:
- Profesor, omití la palabra "tobillo" deliberadamente. Y es que ...
- Sí, si. Eso veo, pero no tiene ningún sentido. Ya te dije, no fue lo que pedí. Tal vez si te molestaras en poner atención en mis clases y llegaras temprano tendrías mejores calificaciones.
   El profe realmente esperaba una de esas definiciones recursivas tipo: El punto está definido por el espacio que ocupa el punto... en el espacio... del mismo punto... después de definirse. Pero solo después de definirse y no antes. De esas definiciones que se pueden prolongar indefinidamente, ad infinitum. Y al parecer yo debí sustituir los puntos por tobillos, o por uno de ellos en todo caso... después de todo, ese era el punto.
- Y dime, ¿qué no se te ocurrió otro nombre? ¿Tenías que usar al doctor Sánchez?
- Es que ...
- Esque, esque. ¿Te hace gracia? ¿Te parece gracioso que trabaja con nosotros en la enfermería?
- Así se llamaba el doctor que me operó cuando me fracturé el tobillo a los doce.
   Eso era cierto y era sin duda una gran casualidad. Asombrosa de hecho.
- Claro Luis, todo para ti es una gran broma.
   Recordé la casualidad y sin querer dejé escapar una sonrisa. Al profesor no le pareció gracioso, hice un esfuerzo por guardar compostura. Por la ventana podía ver a Paulina. Su cara, su risa y sus formas perfectas. Entonces el profe me miró fijamente.
- Lamento decirte esto Luis, pero las ideas no bastan. Tu constante ausentismo, siempre tarde y ahora esto. Es una burla hijo. Sigue así y nunca llegarás a nada.
   El profe hablaba. Sus palabras resonaban: "Nunca llegarás a nada", doble negación: Siempre llegarás a algo. Yo no podía dejar de ver a Paulina y pensaba en llegar a ella. Siempre pensaba en llegar a ella. Es decir, asentí firmemente con la cabeza a cualquier ruido que emitía el profe. Ella se levantó pero no pude ver mas, el profesor cerró la persiana y me entregó el texto:
   Echaba de menos trabajar contigo. Y es que nos llevábamos tan bien, tú y yo. De derecha a izquierda, de arriba a abajo. Yo y tú; pareja equilibrada. Yo, tú, pareja articulada. Te digo que tuve mucho tiempo para pensarnos y valorarnos. Por aquélla época no andábamos juntos para ningún lado, dejamos de seguirnos los pasos y yo me vi forzado a poner nuestra relación en perspectiva. Si he de ser franco, la verdad es que me aligerabas la carga. ¿Qué no es eso de lo que se trata, de compartir el peso? Y en todo eso pensaba cuando entró el doctor. Entonces tomó ese instrumento que parece sierra, ese que de pronto comenzó a emitir chillidos agudos mientras lo encendía. Y tú sentiste calor al primer contacto, después miedo. Finalmente pude verte, pálido y flaco, tras haber permanecido inmóvil, escondido detrás de esa bota de áspero yeso que yace ahora abierta sobre el piso del consultorio del Doctor Sánchez.

diciembre 28

   Ya entrada la noche tomó el viejo camino al metro. Se trasladó en subterráneo hasta el centro de la ciudad donde subía deprisa las escaleras mientras esquivaba algunos vagabundos y borrachos. Llegó un poco temprano y tomó asiento en la barra. La luz ténue del interior le hizo sentir que todavía existen lugares acogedores. Antes de pedir un vino, trató de recordar ese que Charles Freck elige la noche en que decide morir, solo por ser un tipo de vino que nunca toma y no por otra cosa.

   El lugar estaba casi vacío, no medio vacío. Le recordó la casa, le recordó los días; tan llenos de nada. Cuando le trajeron su copa, lo único que pensó fue que también estaba vacía. Alguien acomodaba cosas sobre el escenario. Antes de terminarse la segunda copa, el cuarteto ya estaba tocando. El día sigue tan lleno de nada y Luis a ratos recuerda las navidades pasadas; un amor eléctrico. Extraña las largas caminatas, los periódicos, las comidas solitarias.

    Y mientras aquéllos dedos ágiles se deslizan sobre los trastes de la guitarra pensaba en lo placenteras que solían ser sus comida. Tan largas. Tan solitarias. El sentimiento de culpa por descuidar su relación con la libreta de anotaciones. No es tanto que esas cosas le duelan, es que se notan. Como a quien deja de ir al gimnasio o como a quien deja de tomar sus medicinas. Uno se descuida y se nota enseguida; un error aquí, un error acá, se acumulan lentamente como el cesto de la ropa sucia y de pronto ¡zas!

   Las cosas son así. Vacías.


octubre 4

   Mientras Luis hacía sus flexiones rutinarias sobre la colchoneta recordaba. El tiempo es una de esas cosas que crees que posees, hasta que miras el reloj o ves el calendario. Así se pasaron los días. Cuatro de octubre. Hoy es el cumpleaños de alguien. Sí, pero vamos Luis, siempre es cumpleaños de alguien. Claro. Y mientras se flexionaba, pensaba en lo lejos que se encontraba ahora de las horas en los vagones, de las horas nalga, de los cuadernos con notas personales que escribía sin parar en la oficina. Tan lejos de aguardar secretamente la hora en que pudiera masturbarse en el baño sin pudor, así como también lejos de las otras veces. Veces en que apenas le alcanzaban los ánimos para cerrar la puerta del baño de la oficina y tomar un papel para secarse las lágrimas. Pena silenciosa. Siempre igual. Firme en el espejo. Estigma descalificable.

   Una de las mejores decisiones. Ah, decisiones. No podría decir nunca que fue tiempo perdido. En horas laborales escribió un cuaderno completo, casi dos, de notas personales... leyó tres libros electrónicos, logró establecer contacto por chat con compañeros que creía perdidos, no entregó ningún pendiente para su jefa directa en lo que iba del año. Pero eso sí, leía el periódico todos los días, también en horas laborales. En ese mismo tiempo había logrado componer y armar casi seis canciones, claro, ya los fines de semana. Eso, desde luego, sin contar sus interminables caminatas y el tiempo que le tomaba entregarse regularmente a su onanismo en el baño de la oficina. En realidad a su partida, sí le sorprendió que no le pidieran hacer un respaldo de los archivos de su máquina. Pero luego recordó que su diario personal siempre estuvo al alcance de todas las manos y nunca desapareció. También pensó que nadie querría leer a Welsh o Bukowski. Al menos no en formatos digitales. Y supuso asímismo que habría poco interés en leer a Mujeres que corren con lobos, o El proceso creativo, un simposio. Este último, una recopilación de cartas personales de Freud, Jung, Einstein, Mozart, Shakespeare, Van Gogh, etc... sobre el proceso creativo. La verdad, tampoco esperaba que le pidieran tanto, solo una copia de sus archivos diarios de operación. Pero ni eso había sucedido, era extraño. Sí, lo era, pero había resistido. Y lo había hecho bien. Ahora con el dinero ahorrado por fin tenía la posibilidad de abrir su propio negocio.

   Una chica se acercó y comenzó a hacer ejercicios sobre la pelota al lado de Luis. La miró de reojo. Ella lo miró de reojo. "Muy chava" pensó. Continuó con sus flexiones y ella continuó con sus ejercicios. Sus ojos se volvieron a encontrar. Ella se levantó muy lentamente, presumiendo sus curvas. No satisfecha con eso todavía se agachó y se acomodó descaradamente sus licras a literalmente centímetros de la cara de Luis, quien todavía se encontraba sobre la colchoneta en posición de flexiones abdominales. A Luis se le salieron los ojos. ¿Eso es legal? Digo, ¿ya no hay reglas? En fin, a pesar de todo, Luis continuó con su rutina pensando en que pronto terminaría otro año. Hay una fatídica frase de un personaje de un libro de Fuentes que afirma tener muchas obligaciones y poco destino. ¿Luis Nahdalgo? Caso contrario. Tal vez lo único que hace falta es ser joven e irreverente. Eso es. Y es que Luis sigue siendo irreverente, aunque dudo que tan joven.

septiembre 20

   Luis alcanzó su propia mano, jaló un banco para estirar las patas y poner los pies. Se sentó en el sofá y abrió la cortina...

stephen wilkes

...la vista desde la ventana.

julio 7

   Cuando despertó la chica de las copias no estaba. Luis fue directamente al baño y llenó la tina. Una vez que el agua rebasó la marca apagó la luz, sumergió completamente su cuerpo y cerró los ojos. Sonaba. Solo sonaban las canciones. Una hora después salió del baño y corrió la cortina de la ventana. La espectacular vista del piso veinte. Puso por un momento su mano sobre el cristal frío. Se abrochaba la camisa y recordó la noche anterior cuando ella le dijo que le gustaba verlo ponerse la camisa. Le hizo falta añadir "frente a la ventana" pensó. Daba gracias a dios por dormir solo. Por estar solo consigo mismo y en paz. Y sus ojos pasaron de los edificios al contorno montañoso, hasta el horizonte; pinches buitres.

abril 21

   Mientras volteaba las hojas de eventos del mes, Luis notó un concierto de los Love Electric. Sin querer recordó la Navidad pasada. Es curioso como hay lugares que se niega a visitar. También existen lugares que se niegan a ser visitados. La semana pasada había sido distinto. Fue coquetear con alguno que otro libro de Paul Auster, pero llevarse uno de un tema completamente diferente, cenar y ver como ella pagaba el último ejemplar en existencia. Desde luego que ella no lo leería. Pero quizá lo peor fuera el nombre del libro.

   Y así los días. La semana pasada tirado en el sofá tantas veces confesor. Y ella le preguntaba "Qué haces?" mientras escalaba y torpemente se acomodaba sobre ella. Pasan los días. Los intentos de fuga. Los intentos. La mesa sin sillas del patio trasero. El tiempo que no envejece deprisa, sino que se ha hace viejo a su propio tiempo. La semana de muertes incomparables. Y la certeza de ser un adulto contemporáneo. Las tardes de comida hablando con algunas fuentes de temas políticos. Las cenas en alguno que otro rincón perdido de la colonia Portales con colegas músicos. Su complicidad. Las ganas de irse a la playa. Su cómplice. Su compañera; Su soledad.

   Ese día en la cafetería, ella se llevó el invento de la soledad y terminaron escuchando a un viejito interpretando una canción blusera con todo y armónica. Ese fin de semana ella se negaba a disolverse. Ella se negaba a ser un sobre de te blanco en el agua caliente. Tenía miedo de perder pie y se aferraba. Y le recordó que en un día como hoy ella cumple años.

   Mientras arreglaba su cuarto, Luis encontró una postal enviada desde un hotel interconti de Barcelona. Ella está allá ahora... más de diez años después. El año pasado todavía le mandó un correo el día de su cumpleaños. No así este. La respeta. La recuerda. Cree encontrarla a veces en otras personas. En ocasiones la recuerda. No la ha alcanzado allá y probablemente nunca lo haga. A veces piensa que un correo no basta. Pero es que a veces nada parece ser suficiente. Y todo pierde sentido porque se da cuenta de que el único que envejece es él, que el tiempo permanece indiferente a sí mismo y a lo demás.

   Encontró un cassette con sus primeras canciones escondido en sus cajones. Lo sacó y lo dejó sonar. Música de fondo. Pero es de fondo. Siempre es fondo. No el del chapoteadero que se puede pisar. Es más como la fosa de clavados cuando el clavado es él mismo. Como cuando no tocas fondo. Es el fondo donde suceden las cosas. Es todo lo que no está en primer plano. Todo lo que está detrás. Es la mesa sin sillas de su patio trasero. Del patio trasero.

   Y entonces Luis se imagina que el jalón de greñas mañana en el automóvil. Antes de salir, imagina que se pone un traje de buzo y se aventura a los toboganes de agua para disfrutar de su recién adquirida membresía al parque. Sale de la alberca y se acuesta en la toalla a tratar de adivinar su futuro en las nubes. Pero las nubes no le dicen nada y solo entonces comprende que en realidad nadie le ha enseñado nunca a descifrar tal cosa.

enero 18

   Luis se refleja en el vidrio traslúcido. No es Luis el que lo mira de regreso. Y todavía recuerda el día en que le preguntó a la mamá de su mejor amigo cómo supo que se casaría con su esposo y ella dejó escapar una risa como pensando´qué preguntas tan raras hace este niño. No debió tener más de ocho años, pero realmente quería saber cómo es que suceden esas cosas. Luis no recuerda la respuesta, básicamente porque no le satisfizo, fue una respusta idiota que alguien dice para salir de un momento incómodo y absurdo y que además no le ayudaba en nada a evaluar mejor a sus posibles candidatas.

   Luis recuerda que las niñas no lo miraban a los ojos en la primaria. Cuando por fin tuvo una novia no duró más de una semana. En la adolescencia, una muy celosa amiga suya se encargó de hacer que fuera rechazado por todas las niñas que le gustaban. Así fue como llegó Luis a la mayoría de edad, acomplejado por su condición de patito feo.

   Un día cachó a una compañera suya chateando con otra amiga. Hablaban de él a sus espaldas. El piensa que no es un juguete. Luis no es nada. Luis es algo. Si, pero en realidad no lo sabe. Luis se siente un juguete. Piensa que no es un muñeco, digo sí está carita, pero a ratos se siente machín y como que hasta le funciona el coco. Luis no es un premio a ser ganado. Luis debe ser algo. Voz en off: Luis no es nada, hombre.

   Años después yo le pregunté a Luis cómo fue que conoció a su esposa. Me contó que ese día regresando de la oficina, después de ver su reflejo, salió del metro pensando en su infancia. Y que salió caminando a la banqueta disipando todos los recuerdos. Fue entonces que sus ojos se encontraron. Dice que la mayoría de las mujeres voltea, baja la mirada, parpadea o mira hacia otro lado. "Y es como si hubiera visto su alma" dice. Yo no se. El caso es, una semana después la reconoció en una fiesta, eso sí es casualidad. Hablaron poco, no intercambiaron teléfonos, no se sonrieron, aceptaron su mutua compañía y en vez de despedirse, se fueron juntos.

diciembre 25

A Norma Lazo,
diciembre 2011


   Presionó la tecla del piso veintisiete en el elevador. Una vez en la habitación corrió la persiana y pudo observar las luces citadinas, tomó dos copas que encontró cerca del televisor como si lo hubieran estado esperando. Así, mientras ella estaba todavía en el baño se apresuró a abrir el Valdubón que tanto tiempo llevaba en su sala.

   Ella salió. Se la imaginó vestida de santa clós. Tomó su copa y le daba pequeños sorbos, a veces reía. Él todavía estaba perdido entre tamborazos y repeticiones interminables del mismo compás. Mientras miraba por la ventana él le preguntó cómo se sentía. Ella dijo que sola. Unieron sus soledades o la soledad de quienes han perdido todo. Un avión atravesó el cielo hacia las cuatro de la mañana. Las alturas le daban vértigo. Y ella lo buscaba y lo pretendía con la intensidad que provocan trescientas noches de estar lejos de todo y los años de desearse en secreto. Pero quizá lo que más pesaba era la certeza de que la noche no se repetiría. Por eso cuando terminaron y lo enocontró viendo la ventana le preguntó si estaba triste.

   Pensaba en las navidades pasadas. Pensaba en su manera siempre sigilosa de entrar y salir de la oficina... se fugaba, cual gato. A veces había pensado desaparecer en Noche Buena. Una buena noche. La última Navidad que bebió un vino parecido pensaba que la mejor manera sería organizar una cena navideña, fingir cocinar un pavo y discretamente revisar la temperatura del horno con un encendedor cuando estuviese repleto de gas... la escena le recordaba a su amiga Silvia. Solo que la suya sería una muerte más noble, con propósito, casi un mártir: cocinando el pavo navideño. Como aquél héroe argentino encontrado inerte en su habitación del hotel después de su reunión de Mercosur.

   Al día siguiente retrasó su llegada a la cena navideña a propósito. Pensó varias veces no asistir. No es que odiara las navidades. Era sólo que los años le habían enseñado a no compartir cenas de navidad con tiranos, a leer cuentos de hadas y sobre todas las cosas, a no ser animal. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Tampoco se molestaba en ocultar su indiferencia por tales celebraciones, aunque hubiera preferido quedarse en cama viendo la tele. En el camino a la cena vio un hombre tirado en el pavimento y una patrulla detenida. Sólo miró de reojo. Un aplauso a quien escapa de sus perseguidores y este paracaídas que no abre.

   Una vez en la cena recordó aquél cuento navideño en que el inquilino nuevo de un departamento recibe por equivocación una tarjeta postal dirigida a la anterior arrendataria. Lo único que decía aquélla nota: "Una disculpa por todo lo que anteriormente te hicimos. Ojalá algún día puedas perdonarnos." En la historia, el nuevo inquilino nunca encuentra a la anterior arrendataria, sólo decide reenviar la postal al remitente tras añadirle a la tarjeta: "Ella nunca los perdonará". Alguien más escribió ese cuento. Ese cuento no es suyo. Ese cuento ya existía antes de que estas cosas pasaran.

   Y mientras se disponía a abrir los regalos navideños se sorprendió que uno era un disco de aquél compositor ruso que había estado escuchando en la mañana. Y no pudo evitar sentir un hueco en el estómago cuando vio que el tema era justo el mismo que esa mañana había estado escuchando y que tanto había pensado comprar en la semana. Lo curioso era que el regalo no estaba dirigido a él. Lo curioso era que ese disco terminó en sus manos por casualidad y por azar, en un juego en el que se tiraron muchos dados y algunos regalos circularon y se intercambiaron más de una vez antes de ser abiertos. Se quedó un rato contemplando el disco pensando en aquél columnista que aseveraba que él no creía en dios, que solo hablaba con él. Ese columnista que llegó a la conclusión lógica, desprendida de lo anterior, que en el fondo él mismo es alguien que sí cree en dios... a su manera pues. Miró los focos de Navidad. Claro que él no hablaba con dios. Dios hablaba con él. Al menos eso creía. Era como prender el televisor justo en algún comercial que dijera "Feliz Navidad" y pretender que el mensaje había sido dirigido a él. Comunicación unidireccional. Y recordó a su amigo Chinaski peleando con un maniquí y acusándola de ser una so puta. El yacía sentado contemplando su disco, deseando estar en otra parte. Quizá lo estaba.

28 octubre

   No importa cuántas veces lo piense porque irremediablemente se termina por donde se empieza. Tampoco hace mucha diferencia cómo se piense.

   Y se encontró caminando sobre la misma vieja esfera. De alguna manera Luis nunca supo cómo se llevó a cabo ese cambio, porque para él no existían cuerpos... mentes nadamás. Nada más. Se le ocurrió la vieja anécdota de la rana que se cocina lenta y seguramente en la olla que se calienta a una temperatura uniformemente incrementada. Así. Algo había cambiado, como cuando se cocina un huevo. Ese huevo que no puede nunca más volver al cascarón. Ese huevo que era traslúcido ahora blanco. Esas propiedades químicas alteradas para siempre. Y pensó en Akira, aquél perro husky. Y recordó los meses de batalla en San Cristóbal. Y recordó su ausencia cuando se accidentó, lo que hubiera dado por que ella lo llevara de paseo al parque en su silla de ruedas, quizá escuchar uno de sus cuentos favoritos de su propia voz. Y recordó quemar su foto en ese parque. Ver su propio reflejo en el vidrio sucio. Pensó que en realidad le hubiera gustado compartirse más con alguien que tuviera el tiempo de compartirse. Pero Catia no estaba. Pretender salir con ella era como andar con un fantasma. Si lo operaban ella estaba quizá en Alaska. Y en su cumpleaños probablemente en Las Vegas. El caso era siempre la ausencia. Y ella tenía su lugar, un buen lugar. Él no. Él nunca tiene un lugar. Él nunca tiene un lugar en ningún lado. Pensó en Gaby. Y recordó que antes quería hacerle locamente el amor a sus textos. Quizá, cuando también ella lo deseaba. Cuando su vida todavía la regían esas sencillas reglas que procuran la supervivencia de la especie, ella era suya. Ella con las nalgas firmes y piernas fuertes. Él sin la panza de oso cavernario y todo lo demás. Como antes. Como antes de todo. Ahora ella no es ella. Él tampoco es él. Tampoco es ya nada. Ni él sabe si en verdad pasó, porque así es. Y cuando le escribió a K un año nuevo desde Querétaro despidiéndose y diciendo que el mundo sigue girando como lo ha hecho siempre, sobre su órbita precisa... y más aún: que los individuos mejor adaptados seguirán transmitiendo sus características a su descendencia.

   Cuando conoció a K, Luis le dijo que ya la conocía. Que en su vida pasada ella se llamaba Catia, que había tenido las nalgas firmes y las piernas fuertes y que él había querido hacerle el amor a sus textos. Es así. En realidad no importa, Luis ahora es una estadística. Es un número. Es un dato archivado, se le coloca en un cajón... aunque no bajo llave, no es peligroso, es un pinche bicho inocuo. Podríamos prenderle fuego o usarlo como combustible para iniciar alguna ignición. Eso. Olvidar el anagrama en el nombre del perro husky, olvidar que K quería poner un hostal en Chiapas, olvidar que Luis esperó dos meses allá solo, olvidar la silla de ruedas, olvidar el reflejo en el espejo que siempre miente, olvidarlo todo porque la lista no termina nunca, soltar la pluma, dejar de escribirla, dejar de encargar pendientes que se saben de antemano que nunca se cumplirán. Es importante no olvidar...olvidarlo todo.

16 octubre

   Soñé que me despertaba. Soñaba que me levanté. Tuve un sueño. Lo tuve. Lo tenía. Me levantaba de la cama...¿me levantaban? Creo que escuché el teléfono. Y tomaba mi ropa interior, unos boxers de cuadros rojos, me metía a bañar y conducía hacia el norte. En el radio sonaba una canción de los killers, esa que era mi amiga, no me encanta esa canción en particular. Y era un día soleado, increíblemente despejado y casi primaveral. Comimos mariscos en algún lugar de la ciudad. No estoy seguro, me parece que tomamos carretera, bajó la temperatura, la neblina se metía por las ventanas, un sueño muy extraño, como escalar el cerro del tepozteco descalzo. Hoy antes de meterme a bañar me di cuenta de que las truzas que traía puestas eran negras, negras marca calvin klein. Prendí la tele, estaba esa película. Pero me perdí en una o dos historias de Chinaski para variar. El día no esperaba nada de mí y francamente yo tampoco esperaba mucho del día, algunos discos interesantes en descuento, la verdad no traía tarjeta y no compré ninguno. Ya habrá tiempo de darle la vuelta al disco, a la tienda de discos, o a la colonia, que es lo mismo. Y pensaba...

How happy is the blameless vestal's lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotless mind!
Each pray'r accepted, and each wish resign'd;
(Alexander Pope "Eloisa to Abelard")


septiembre 19

   Como tener que tomar tres diferentes trenes para llegar al coche que finalmente te llevará de regreso a casa, o es lo que esperas. Como tener y tener que, que no es lo mismo que poseer. Como el desgaste del que tanto hablan por ahí en las canciones. Como medir la erosión de vez en cuando... contra la pared, contra la báscula, contra tí mismo. Como platicar con el espejo y tragarte todas sus mentiras. Como sentarte y esperar a que el tiempo se canse de verte sentado.

   La verdad la cuestión no es como que las cosas se parezcan a otras en absoluto. La verdad es que a veces no hay nada. Y la nada jala con fuerza, siente uno su centro de gravedad y es como si se precipitara sobre el horizonte de eventos y Pepe Grillo te advirtiera que es el último retorno, pero sabes que la geometría euclidiana es para niños de primaria y que en la vida real hay singularidades que nadie entiende. Que nadie entiende. No es que las cosas parezcan estar en el lugar de otras, como encontrar palabras haciendo las veces de voces, de pensamientos, de lugares, de personas, de otras cosas. Esa es una de esas veces, en que el tren va un poco vacío, pero tu reflejo es un poco más arrugado y la figura un poco más borrosa y su postura se nota cansada y estás un poco también harto de odiar el reflejo. Y es que aunque sabes que no puedes cargar con un peso más, tienes la palanca de velocidad trabada, trabada, trabada, como... bueno ya sabes como quiénes.

   Hay gente que busca a otras porque se sienten bien cuando están con ellas, o se gustan cuando están con ellas. Hoy noté mi mente más relajada en la mañana cuando todavía estaba encima del día y no ahora que el día está muy sobre de mí. Me gustaría más bien estar sobre de ella o al revés. Ándale al revés. Me gustaría. Extraño su perfume.

   Se abrieron las puertas del tren y pensaba que odio a la gente que no se permite ser feliz. Y odio a la gente complicada. Y quizá odio mi trabajo. Y odio vivir aquí. Y no es que sea un manojo de nervios. Las cosas son muy sencillas: ahí está la salida, vengo por el andén... voy camino a casa. Todo son símbolos y así es el laberinto. Y me pregunto cómo fue que pasó esto. Es así.


14 agosto

   Semanas llenas de libros de cuentos subsidiados editorial Tierra Adentro. Comidas corridas entre páginas de periódicos universales. Días laborales devorando frapuccinos doble carga en los cafés. Así los días.

Así el día de ayer Luis esperó todo el día su mensaje. Se presentó tarde, vibró su celular. Se imaginó cómo sería verla de nuevo. Si vendría acompañada. Terminó de sorber los últimos residuos de su mate. Ella llegó sola, como era de esperarse. Mejor dicho, justo como esperaba; pantalones bien justos, entalladísimos, un vientre apenas protuberante pero que él consideraba sexy, pelo recogido. Recogido.

   Charla casual. Platicaron un rato de nada. El a veces se distraía y le miraba las piernas, no era que lo hiciera a propósito, no se le resistía, no le era posible resistirse. Ella volteaba, hacía como que veía cosas por la ventana, dejaba escapar una tímida sonrisa, la escondía volteando su cabeza hacia el clóset. Entonces regresaba la mirada, como para comprobar si él había caído en la trampa de mirarle otra vez las piernas, subiendo hasta su torso, deteniéndose largo rato en su trasero. Así fue, pero él se desentendió, parpadeó 3 veces mientras miraba rápidamente hacia otro lado, cambiando de tema. Ella dejó escapar otra sonrisa, esta vez mucho más cínica, echando la cabeza nuevamente hacia adelante y estirando las piernas se agachó para abrir el último cajón del clóset, ese que le quedaba casi a la altura de sus pies. Luis, que se encontraba sentado en el borde de la cama tuvo esa sensación de que lo correcto sería echarse literalmente dos pasos hacia atrás... pero la tenía demasiado cerca. Casi podía olerla. Sí, la olía. Ella le preguntó muy indiferente: ¿Qué piensas? Él no pudo contestarle nada, solo pensaba en acercarse despacio, hasta darle un beso en las ... Sólo alcanzó a decirle un improvisado y rápido "Hueles rico" a lo que ella contestó muy seria: "¿A qué?".

   Todo pasó muy rápido, la cama hacía ruido mientras se mecían. Y ella no sabía si era su culpa que entraba y salía y la hacía estremecerse mientras intentaba guardar silencio. Era la suma de culpabilidades. Ella alcanzó a decirle que se sentía mal consigo misma. Él dijo que la peor de todas las traiciones era traicionarse a sí mismo, tomándola de la cintura y penetrándola con más fuerza, como si fuera a explotar dentro de ella. Así fue. Ella se sintió empapada, escurría, quería limpiarse... pero no, no tenía prisa de limpiarse. Quería quedarse así, batida un rato más mientras pensaba que él se equivocaba, que la peor de todas las traiciones era no perdonar. No perdonar ese daño a terceros, implicados en las letras pequeñas del contrato nunca firmado en la relación con su novio ausente. Era eso y que sabía que no tomaba antinconceptivos hacía 6 meses.

   Luis Nahdalgo terminó su mate, terminó de escribir, apagó la computadora y se levantó de la cama.

Remedios Varo

23 de febrero

   Como parte del final del proceso de reclutamiento, era requerido en Rodolfo Gaona cerca del Toreo para llevar a cabo entrevistas con el líder de calidad, así como el director de cierta organización dedicada al desarrollo de software.

   Como siempre dejé mi coche en Taxqueña y recorrí toda la línea azul. Casi cuando estuve a punto de llegar, pensaba. En eso y en la importancia de las decisiones que estaba tomando. En tomar una buena decisión. Una decisión estratégica. Unas cuántas estaciones antes de llegar, entró alguien que me pareció primero estudiante de teatro, se movía y proyectaba muy bien la voz. Comenzó preguntándole a los pasajeros si alguien había visto pasar un elefante. Un elefante rosa. ¡Qué feliz infancia! Inmediatamente captó mi atención. Se puso a recitar versos conocidos. Tenía ganas de darle dinero pero no tenía cambio. Tenía ganas de decirle "¡Hey, la vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer!" Porque se puso a relatar la introducción de Altazor y es que no pude evitar pensar en eso cuando llegamos al final de la línea y se escuchó la voz a través del altoparlante: "Próxima estación Cuatro Caminos... ningún pasajero puede permanecer aquí." Madres. Eso lo dijo todo. Y sí, cuando se es el Altazor los pinches sismógrafos registran tu paso por el mundo, siempre y cuando tomes uno de los cuatro caminos. Y solo quizá, como decía un famoso escritor... salga algún tren a alguna parte. No será pronto, esa estación es la peor de todas en las que he estado.

9 noviembre


   Y se repartieron los naipes. El hombre obeso inhaló el humo de su cigarrillo. Sólo permanecen los jugadores que son capaces de descifrar miradas, gestos y movimientos con precisión. Siempre seguro, el francés recién llegado abandonó el juego al ver la mano que le repartió el dealer. "El deseo de Clara" sonaba al fondo. Y en el fondo estaba él pensándola quizá recordando aquéllos días, la soledad y las ganas de salir de casa para ser otra persona. Ahora estaba atrapado en el mundo sin poder ser alguien más. Luis Nahdalgo miraba sus cartas, apostaba, pendiente a veces de lo que sucedía en su habitación. Le duelen las palabras pues no escribe más. Y sus pensamientos no son inteligibles. Y él no es como ella. Entonces él apuesta todas sus fichas y la mira salir de la habitación. Ella sube a encontrarse con varios amigos al segundo nivel, para agarrar las copas a gusto. La partida se extiende no más de lo debido y el hombre obeso se queda con todas las fichas. La música se detiene en la planta baja, pronto la planta se vacía. Quedan sólo el sonido de rítmos cubanos y risas ocasionales de arriba. Mañana es día laboral. Platica un rato con el francés. Un rato, bebe lenta pero constantemente. Se vuelve pesado. Regresa a su cuarto vacío. Así es como regresa. Se duerme. Luis, tan lleno de nada. Duerme tranquilo. Respira hondo. Ronca. Pasan las horas. Ella irrumpe en el cuarto rozando las cinco de la mañana, azota la puerta y entra emitiendo sonidos extraños, forzados, como si volviera el estómago sobre el bote de basura. Forzado. Y él piensa: "Es inútil... ciertamente ahí vas... pero en ese bote no cabes." Desea con todas sus fuerzas estar en otra parte. Quiere una salida de emergencia y saltar del avión a diez mil pies de altura, romperse todas las piernas y renunciar a las lecciones de vuelo. No voltea, se duerme... a la mañana siguiente se levanta todavía mareado, toma sus cosas. Toma todas sus cosas y se va a trabajar.