Joaquín Luxado despertó como siempre, rayando las tres de la tarde. Erección matutina. En esa cama matimonial junto a Ausencia. Sus pelos le picaban la nariz. Dijo:
-Creo que dormí chueco. Me duele el brazo.-Sí, te dije es la cama, estaba chueca desde ayer.
Estornudó dos veces. Pensaba en que faltaba todavía limpiar las paredes y pintar la casa, dejarla impecable por si aparecía otro cliente asiduo. Improbable, pero no imposible. Mientras Ausencia se le embarraba. Se levantó. Buscó entre sus cajones algún vibrador pues, que hiciera las veces de su miembro firme. Era muy temprano, todo el día por delante. Estar encima del día... en vez de encima de ella. Eso pensaba cuando le lanzó el aparatito a la cama.
-Toma pues. Tu mejor amigo.
Y salió del cuarto a echarle un ojo a la obra, mucho por hacer. Recorrió la sala y puso sus ojos sobre la TV. Le gritó a Ausencia:
-Creo que deberíamos poner un Nintendo. ¿No quieres que traiga el mío?-Sí. (Como desde el más allá) ¡En vez de coger!
"Vamos bien" pensó Joaquín, mientras no dejaba de estornudar y se abría paso entre periódicos pintados en el piso, alguno que otro mueble destruído y trataba de encontrar sus cigarrillos. Encendió uno y sintió cómo se le retorcía la tripa, se le encendía. Esas tripas siempre de fuera. Pero Joaquín olvidó su Nintendo, porque cuando salió de casa de Ausencia sólo pensaba en que le hacían falta clientes para pagar la renta del mes. Comenzó a pensar que lo mejor era anunciarse en mercadito.com, segundaymano, anuncios y más, hasta consideró poner flyers en la calle. Algo así tipo "Casa Morada", todos los servicios y vieja gritona incluída. Ese día pues, descubrió que Ausencia no sólo no sabía cocinar, sino que no sabía coser, no sabía clavar en madera... no era que el Joaquín fuera machista. Era broder pues. Pero pensaba que para ser profesionista recién graduada de una licenciatura que le permitía criticar todas las clases sociales como desde el otro lado, eran muy pocas sus gracias. Ni trabajo tenía. Chale. Aún así le entretenía trabajar la casa. Se les fueron las horas. Y le quitaron el polvo a esas viejas paredes, desaparecieron las viejas manchas. Sus clientes nunca llegaron. Sólo les cayó la noche, fría. Y Joaquín con todas esas cosas encima. Con todas esas cosas y Ausencia Holgada encima.
