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octubre 6

   Si el incidente no hubiera saboteado el pilóto automático, no hubiera habido manera de sobrevivir. Al menos eso sí lo tengo claro. Supongo que por eso continuaré invirtiendo en esas cosas en vez de renovar pólizas de seguro esperando que las probabilidades reduzcan los riesgos de los incidentes. Cobertura amplia, amplísima pero quizá el piloto automático carece de la profundidad requerida para ser abordado cual avión. Es bidimensional. Hubo sin embargo, algo que ni ellos con su equipo de actuarios y astrólogos fueron capaces de predecir. Entre estas cosas, el instante preciso del incidente, la altura de las olas formadas sobre el agua cuando cayó la primera piedra, así como el número de cortes de mi reflejo desdibujado por las olas subsecuentes. Eso sería información valiosa y no pedazos. En cambio, yo me busco en el reflejo fragmentado sobre la superficie sólo para darme cuenta de que lo que busco está o más al fondo o en otro lado. Y es por éso que me ví forzado a entrar en la cabina de mando y relevar a ese guey. Es algo que honestamente no disfruto demasiado, pero en fin. Después de ver el tablero de control reducido a cables y corto circuitos, tuve que maldecir el único instrumento que todavía servía. Oficialmente no tiene madre, ese tipo de instrumento nunca falla. Seguía marcando la distancia. No exactamente la distancia recorrida, quizá la de destino. Entonces, en tiempo real vi la marca descender uniformemente hasta llegar a cero. El piloto automático seguía sin responder. En cuestión de segundos, la chingadera se comió toda la distancia. Y recuerdo que pensé: Ahora sí ya no hay manera de vomitarla como decías que habías dicho que hiciste.

febrero 18

   Era de mañana y estaba en vigilia. La mente todavía retenía algunas imágenes del sueño de la noche anterior. Me concentré en la calle; alcancé a ver el arco, luego pasé una tienda extraña y llegué a la librería. ¿Recuerdas cuando decías que el tiempo conmigo no se hacía viejo? Yo ya no me acordaba, fue que miré la vitrina y un cuaderno sostenía que el tiempo envejece deprisa. Casi como yo. Pensé en mandarte mi ubicación por el sistema de geoposicionamiento global, desordenar átomos tuyos para hacerte aparecer. Pero encontré que estaba fuera de la zona A,B ó C, con un márgen de error inverosímil y el móvil con la siguiente alerta: "Position not supported". Pensé que me encontraba rozando el límite de las abscisas, o en todo caso fuera del grafo. Inmediatamente lo descarté dada la naturaleza de la alerta: "Postura insostenible". No volví a intentar mandarte mi posición absoluta, además no me gusta tomar riesgos antes del desayuno.

    Entré pensando en un café del nonno, en un sándwich austero. Y volvieron las imágenes del sueño: la carretera, la edificación, las olas. Ahora recuerdo, fue como estar en la foto enmarcada y colgada del pasillo que da al estudio en mi casa. Pero en esa foto yo soy solo un niño que hace castillos en la arena. Como nota mental decidí tirar mi manual freudiano de sueños a la basura y reemplazarlo por un diccionario gitano-español.
  Un hombre mayor atendía, me acerqué y le dije:
- Buenas, ¿vende café?
- Vendo libros de viejo: antiguos, raros, curiosos y descatalogados. ¿Va a querer café?
- Si. ¿Tiene de esos libros que cambian cuando uno los lee?
   El viejo sonrió:
- Por lo pronto los libros que tengo han cambiado ya, se han hecho viejos.
   Escudriñé la tienda con curiosidad, pero además del nombre no vi nada particular. Tal vez la edición especial de un libro que te hubiera gustado. Pensé en comprártelo y escribir una dedicación firmada como Francisco Bustos en las primeras hojas. Pensé en firmarlo y dejarlo ahí, esperar a que alguna otra fuerza lo colocara por fin en tus manos. Pensé muchas cosas. Finalmente dejé las afirmaciones y declaraciones al personal contable y no me vi en la necesidad de sostener nada hasta la noche 351, a saber: intenté volver a mandarte mi ubicación, pero me encontraba en ese lugar en el que sólo tomas conciencia de haber estado al abandonarlo.

Postura insostenible

agosto 6

   Porque cuando recibí la llamada no había reparado en ello, solo tomé mis cosas y las introduje rápidamente en la maleta antes de desplazarme al hospital. En el camino pensaba en Mario y en su novia, en realidad casi nunca hablaba con ella pero su voz se escuchaba entrecortada y como quebrada; tenía miedo. De hecho, ella me aseguró que este había sido ya el último de los grandes viajes de Mario. Badtrip, mito urbano. Todo el mundo conoce a alguien que ha oído de alguien que se queda en el viaje. Cuando colgué pensaba cómo sería encontrar la ventanilla cerrada, el mostrador vacío o comprar un boleto de ida, que para el caso es lo mismo. Ché Mario.

   Llegué, saludé a los familiares y me dirigí a la novia. Se me informó que Mario había tenido una noche pesada, nada fuera de lo común. Me mostraron la tomografía previamente interpretada por el doctor. Me comentaron también que había ratos en los que el paciente abría los ojos, hablaba, balbuceaba incongruencias y en general no parecía ronocer a nadie. El ahora dormitaba, tomé mi maleta y rápidamente me introduje en el baño. Antes de entrar, le dije a su novia que esperara afuera, que en un momento saldría. Una vez en el baño, saqué el disfraz de la maleta. Mientras me ponía las mallas pensaba: pinche Mario y sus malviajes. Los guantes: un último favor, por los viejos tiempos. El casco: la verdad es que este disfraz es de puñales y me queda bien apretado, ay pinche Mario. Salí del baño vestido de Darth Vader, me puse frente al Mario y crucé los brazos. Como no pasaba nada, comencé a respirar forzadamente. Como seguía sin pasar nada, comencé a llamarlo por su nombre. Mario abrió los ojos, luego los abrió aún mas. No decía nada y yo solo respiraba forzadamente. Finalmente balbuceó algo, la verdad no le entendí, solo lo interrumpí para decirle: "Ya nos vamos". El balbuceaba y fruncía como preguntándome a dónde iríamos. "Al otro lado" le contesté yo, mientras continuaba respirando forzosamente y le tendía la mano. Mi mano tendida no parecía convencerlo de nada, por lo que recurrí al plan B, que era darle un pequeño dulce con la leyenda "Sonric's extra ácido" y una gran sonrisa en la cubierta. El lo tomó y lo inspeccionaba. En ese momento su novia entró en la habitación y se puso a gritar histéricamente. Me fui corriendo al baño agachándome y abriéndome paso con mi sable luminoso. Me quité el disfraz, lo puse en mi maleta. Afuera ella consolaba a Mario diciendo que todo había sido una broma, como si pudiera entenderla o algo. Me desarmé y salí del baño para encontrarla visiblemente molesta.
- Luis, ¿podemos hablar afuera?
- ¿De qué?
- ...
- ¿No esperamos al Dr. Leary?
- No vamos a esperar a nadie, camina.
   Una vez fuera...
- ¿Qué te pasa, qué estás haciendo? Te hablé porque Mario te considera su amigo, necesitaba...
- Vine lo mas rápido que pude.
- No es eso Luis, es que estas cosas no se hacen.
- Estoy seguro de que él habría hecho lo mismo por mí.
- ¿Como de qué estás hablando? Ese ni siquiera es el punto.
- Hablo de darle sentido a su viaje...
- ¿Y no se te ocurrió vestirte de otra cosa menos ... espantosa?
- Era ese o el de Papá Pitufo, creo que elegí bien.
- ¿Sabes qué Luis? Ya vete. Gracias por venir, luego hablamos.
   Atravesé el pasillo sin toparme con los familiares, abordé el ascensor pensando que en la vida solo hay dos lados y el Mario estaba a la mitad, lo cual es claramente una imposibilidad. De cuates, en aquél momento no me atreví a decirle a su novia que Mario ya había tomado una decisión al respecto. La verdad es que, desde esa ocasión, tampoco me he vuelto a poner ese disfraz.

Look: Sonric's extra ácido

enero 21

   Tengo la extraña sensación de haber tomado un tren al interior. Recuerdo la estación, recuerdo la maleta. Pero todo se ve borroso, incluso el nombre del ticket estaba borrado. La ventanilla se empañaba con el vaho de mi respiración. Y es que a ratos uno se siente así. A la mitad del camino me había cansado de ver paisajes por las ventanas. Se me ocurrió estar en otra parte. En ese momento un anciano ocupó el asiento disponible al lado mío. Comenzó a hablar del clima y otras cosas. El paisaje de la ventana tenía toda mi atención.
-¿Se siente usted solo?
   Voltée para darle una mejor mirada a mi interlocutor, los ojos claros, grises como el cielo de afuera. Quise decir algo pero me interrumpió:
-Sí es extraño como el estar tan cerca de la gente nos hace sentir así.
   Y yo pensaba que el término que mejor describía lo que quería decir era quizá algo así como codpendencia, dependencia. Se me antojó un cigarro. El hombre prosigue:
-En fin, que nada es tan grave. Todo es pasajero, como los pasajeros de este vagón. La siguiente es la estación de paso, ... ahí me dirijo yo.
-¿Estación de paso? ¿Ahí se dirige usted?
-Así es muchacho. Aquí me bajo yo.
   El tren resbaló y produjo un agudo chillido contra los rieles antes de detenerse en seco. Yo miré por las ventanas. Afuera el paisaje parecía un circo y había largas colas de gente. Me acordé por alguna extraña razón del autor de la historia interminable. Todos los pasajeros bajaron gustosos. El viejo se dirigió a mí nuevamente:
-Joven, tiene usté que bajar.
Yo me quedé mudo, y el notó que quizá palidecía, no moví un dedo, no quería bajar.
-Señor, este no es mi destino final, estaba yo dirigido a otra parte.
-¿Y cuál era esa parte si se puede saber?
-... digamos, cualquier parte menos esta.
   El viejo sonrió convaleciente:
-Eso dicen todos
-¿Puede decirme cuál es el camino de regreso?
-Muchacho... eso sólo lo sabes tú. Anda, que hay que salir de aquí. Recuerda que estás aquí de paso.
   El anciano bajó del vagón. Me quedé solo en el andén. La multitud me jalaba, me pisaba, me revolvía entre tanta gente. Perdí mi maleta. Acaso lo único que pude ver fue que en la esquina podía uno pararse a mirar la gente correr sin entorpecerles el camino. Y entonces miré el ticket, ya tenía nombre... empezaba con "A"...