febrero 18

   Era de mañana y estaba en vigilia. La mente todavía retenía algunas imágenes del sueño de la noche anterior. Me concentré en la calle; alcancé a ver el arco, luego pasé una tienda extraña y llegué a la librería. ¿Recuerdas cuando decías que el tiempo conmigo no se hacía viejo? Yo ya no me acordaba, fue que miré la vitrina y un cuaderno sostenía que el tiempo envejece deprisa. Casi como yo. Pensé en mandarte mi ubicación por el sistema de geoposicionamiento global, desordenar átomos tuyos para hacerte aparecer. Pero encontré que estaba fuera de la zona A,B ó C, con un márgen de error inverosímil y el móvil con la siguiente alerta: "Position not supported". Pensé que me encontraba rozando el límite de las abscisas, o en todo caso fuera del grafo. Inmediatamente lo descarté dada la naturaleza de la alerta: "Postura insostenible". No volví a intentar mandarte mi posición absoluta, además no me gusta tomar riesgos antes del desayuno.

    Entré pensando en un café del nonno, en un sándwich austero. Y volvieron las imágenes del sueño: la carretera, la edificación, las olas. Ahora recuerdo, fue como estar en la foto enmarcada y colgada del pasillo que da al estudio en mi casa. Pero en esa foto yo soy solo un niño que hace castillos en la arena. Como nota mental decidí tirar mi manual freudiano de sueños a la basura y reemplazarlo por un diccionario gitano-español.
  Un hombre mayor atendía, me acerqué y le dije:
- Buenas, ¿vende café?
- Vendo libros de viejo: antiguos, raros, curiosos y descatalogados. ¿Va a querer café?
- Si. ¿Tiene de esos libros que cambian cuando uno los lee?
   El viejo sonrió:
- Por lo pronto los libros que tengo han cambiado ya, se han hecho viejos.
   Escudriñé la tienda con curiosidad, pero además del nombre no vi nada particular. Tal vez la edición especial de un libro que te hubiera gustado. Pensé en comprártelo y escribir una dedicación firmada como Francisco Bustos en las primeras hojas. Pensé en firmarlo y dejarlo ahí, esperar a que alguna otra fuerza lo colocara por fin en tus manos. Pensé muchas cosas. Finalmente dejé las afirmaciones y declaraciones al personal contable y no me vi en la necesidad de sostener nada hasta la noche 351, a saber: intenté volver a mandarte mi ubicación, pero me encontraba en ese lugar en el que sólo tomas conciencia de haber estado al abandonarlo.

Postura insostenible