El profesor William se preparaba su café capuccino de todos los días mientras reflexionaba en la finalidad y el uso de la palabra escrita. Se preguntaba qué sería de la civilización si no hubiéramos encontrado una manera de transmitir nuestros conocimientos a las generaciones sucesivas. Desde luego, pero ¿Qué conocimientos?
De este y otros temas habló el día anterior ante sus jóvenes alumnos. "Las ávidas mentes del mañana." Como dirían otros antes que él. Acto seguido, el grupo reflexionó y expuso a manera de debate los pros y los contras de las medidas restrictivas que el senado italiano delibera respecto a Wikipedia. El profesor les había dejado de tarea investigar acerca de este y entre otros temas, el papel del lenguaje como herramienta básica de la cultura. Consideraba que entender esto es requisito indispensable para ser un ciudadano formal, un miembro activo del género humano y a final de cuentas también parte importante de su educación.
El debate no duró demasiado, algunos alumnos pusieron en evidencia su falta de compromiso con el plan de estudios, otros con sus valores morales, otros menos perspicaces solo divagaron y otros más astutos manipularon el debate hábilmente con sus gracias inequívocas de futuros abogados. Antes de que el aula sucumbiera al caos, el profesor volvió la atención sobre el tema principal: ¿Sería correcto eliminar uno o más artículos de la enciclopedia colectiva más grande construida a la fecha, sin importar la veracidad del mismo, solo porque atenta contra la imagen y/o reputación de un tercero? Los alumnos vacilaron, dudaron, vociferaron y otros más bostezaron.
Esta y otras cuestiones distrajeron al profesor que intentaba torpemente preparse un capuchino en su vieja cafetera Krups. Cuando hubo terminado y probó el primer sorbo, notó enseguida que lo había quemado. "Antes la gente quemaba libros." Pensó: "Antes. Luego alguien brillantemente sugirió que la temperatura de autoignición para los libros de papel eran 451 grados Fahrenheit." Mientras quitaba el posicionador de filtro de su cafetera se preguntó a qué temperatura hervía ahora la especie humana, siendo calentada lenta y seguramente en una gigantesca olla express. ¿Cuál es el punto de ignición? La respuesta es ninguno, el punto de ignición fue reemplazado por un teclazo de ordenador. Y ahora la tecla suprmir adquiere una relevancia nunca antes vista. La adquiere en la medida en que permite des-escribir la historia colectiva, generando protagonismos individuales fantásticos que permanecen para siempre en la historia. El señor Jurado miró por la ventana hacia el patio trasero mientras pensaba: ¿Y qué no es eso lo que siempre se ha hecho?
