noviembre 20

   Y entonces recuerdo las palabras de Héctor, antes de azotarse contra las ventanas. Entre otras cosas, recuerdo que dijo que su mente era como una casa. Según él, el truco consistía en primero conocer el número de huéspedes, para después llegar a conocer a los inquilinos mismos. Ahora que lo pienso es lógico, pero en ese momento y mientras me lo contaba, no pude esconder una sonrisa burlona.

   Antes de retirarme de la zona de desastre, tuve que narrar con lujo de detalle nuestra última conversación. Aunque fue en realidad muy difícil definir exactamente de qué habíamos hablado horas antes del accidente, todo resultaba muy confuso. Y apenas alcanzo a comprenderlo yo:
-Oye Al, si tu cuerpo fuera una casa ¿Saldrías por la puerta principal?
-No lo se Héctor, realmente no había pensado en eso.
-Quiero decir, ¿Saldrías por la puerta principal o por la trasera?
-No se Héctor...
-No en serio. Piénsalo.
-Si verdad ¿Por qué no mejor simplemente salir por la ventana?
-Exacto. Pero salir. Salir Al, ese es el punto ¿estamos?
-¿En dónde Héctor?
-Exacto.
   El oficial pareció dudoso mientras le platicaba la conversación, hizo varias señas a sus compañeros y asintió mientras comentaba algo que no comprendí respecto a toxicología. No le presté mucha atención y seguí haciendo memoria:
-Mira Al, las reglas son muy sencillas: Nunca abras la puerta a extraños.
-Dime algo que no sepa.
-Ahora, es diferente cuando quiere uno salir. Verás, no siempre hay puertas.
-¿De qué hablas?
-Cuando estás nervioso, tenso, ansioso. ¿Me sigues Al?
-Sí hombre.
-Es como tratar de mantener comprimido un resorte, uno tiene que luchar para que el resorte no se desdoble.
-¿Y qué si se desdobla?
-Eso no es importante. Lo que sucede es que cuando lo comprimes, notas enseguida que la fuerza del resorte está ahora en otro lado. Antes estaba en tus dedos, podías sentirla en tus muñecas, en tus manos y brazos. Pero ahora, ya que comprimes, la tensión está en otro lado, te ha engañado, creíste atraparla y te atrapó a ti. De hecho puedes sentirla conscientemente en otro lado.
-Deja que el resorte se desdoble hombre, no pasa nada.
-Yo no tomo esas decisiones, alguien las toma por mi. Ya sabes cómo es esto Al, todos le respondemos a alguien ¿Qué no?
-Suelta el resorte hombre.
   Cuando terminé de contar la historia, el oficial se acercó y me dijo que lamentaba mucho lo sucedido. Salí de ahí y me dirigí a casa donde cené ligero y me fui a la cama después de preparar un té. Esa noche soñé que comprimía un resorte con los brazos. Extrañamente, cuando lo solté sentí que la cama se movía y la habitación tronaba, hasta sentí la taquicardia. Después alcancé a ver la hora, eran aproximadamente las tres y media de la mañana. Al día siguiente supe que había temblado... fuerte.